Por María Hinostroza – PhD Candidato en Sostenibilidad Ambiental en la Universidad de Ottawa Equipo de Laboratorio Social de la Asociación Unacem

En la última década, se ha producido un aumento significativo en las empresas que divulgan su información bajo los criterios ambientales, sociales y de gobernanza (“ESG”) y comparten sus objetivos sostenibles a través de reportes de sostenibilidad o integrados. Sin embargo, la inequidad en la región ha continuado aumentando al igual que el impacto irreversible en el ambiente. Más reportes no significa que estemos avanzando en términos de sostenibilidad o metas ambientales globales.

La rendición de cuentas debe ir más allá de una comunicación de logros que, en muchos casos, se ha convertido en un fin en sí mismo en vez de una herramienta para mejorar resultados. Sino caeremos dentro del concepto de greenwashing (“deseo verde” de Duncan Austin, ex gerente de inversiones ESG) y quedaremos solo en aspiraciones y buenas intenciones para alcanzar nuestras metas ambientales.

Reportar y realizar una rendición de cuentas significa presentar información relevante, ordenada y ponderada adecuadamente. La información ESG puede ser presentada bajo distintos marcos y estándares, dependiendo de cómo se aborde la materialidad, y es una buena mirada que enfatiza la gestión de riesgos. Sin embargo, según la Universidad de Perugia, de los 51 indicadores GRI revisados en su análisis, sólo 4 aparecen en más del 75% de los reportes de las empresas de la muestra.

El cumplimiento de reportes o la medición de criterios ESG no mejorará nuestra sostenibilidad ambiental. En la revista Journal of Cleaner Production, se realizó un análisis de 40,000 informes de sostenibilidad que muestra que menos del 5% de empresas hizo referencia a temas ecológicos como limitantes al crecimiento económico y menos del 1% mencionó la integración de metas científicas ambientales en el desarrollo de sus productos. Entonces, a pesar de que muchas empresas sostenibles se encuentran alineadas al Acuerdo de París se debe verificar la viabilidad científica de sus objetivos y planes de reducción de emisiones para lograr una verdadera contribución.

Cambiando nuestra mentalidad y yendo más allá de nuestra zona de confort, lograremos un buen gobierno corporativo, responsable y en armonía con nuestro entorno. Midamos menos y mejor. Apliquemos objetivos ambientales transparentes y relevantes, basados en ciencia dentro de los límites permitidos. Debemos hacer esfuerzos para lograr un cambio real y una verdadera contribución a la sostenibilidad ambiental.

Los informes de sostenibilidad o integrados deben incluir datos relevantes acorde al sector o producción y ser validados por terceros. Con una validación científica se evitarán enfoques arbitrarios, enfatizando información y compromisos que van de acuerdo con los roles y responsabilidades de las empresas con el entorno. Todo lo anterior mencionado, se debe lograr con un interés prioritario a las contribuciones de las empresas al sistema de emisiones globales.

El tiempo nos ha demostrado que un mundo de intenciones sostenibles no es suficiente para lograr las metas que necesitamos y así garantizar un entorno saludable a las futuras generaciones. Buscamos transformaciones estructurales. Requerimos empresas que cuenten con una posición ejecutiva centrada en comprender los desafíos de la sostenibilidad y de la aplicación de criterios ESG.

El alineamiento a estos criterios permite, a la larga, alcanzar mejoras integrales que se reflejan en los retornos de las empresas pues complementan los resultados de una buena gestión sostenible. Buscamos de un interés genuino en contribuir a la sostenibilidad ambiental a través de un desempeño sólido. En conjunto, todos estos esfuerzos son el camino prometedor que necesitamos hacia un sistema sostenible que nos cambia la visión de creación de valor hacia uno de bienestar presente y futuro.







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