Por Isabella D’Angelo, Gerenta Corporativa de Sostenibilidad en Intercorp Retail

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Durante muchos años, la sostenibilidad fue percibida como una disciplina principalmente vinculada a la reputación, la comunicación o el propósito corporativo. Hoy, esa realidad ha cambiado. La sostenibilidad se parece cada vez más a otras funciones estratégicas del negocio: se gestiona con indicadores, metas, análisis de riesgos, casos de negocio y retorno sobre la inversión. La sostenibilidad dejó de ser una conversación sobre intenciones para convertirse en una conversación sobre desempeño.

Este cambio responde, en parte, a un entorno cada vez más exigente. Inversionistas, reguladores, consumidores y colaboradores demandan mayor transparencia y evidencia sobre el desempeño ambiental, social y de gobernanza de las organizaciones. Cada vez más mercados están incorporando estándares internacionales como los desarrollados por el ISSB. Hoy, más de 35 jurisdicciones ya los han adoptado o se encuentran en proceso de implementación, consolidando una tendencia global hacia una mayor transparencia y rigurosidad en la gestión de la sostenibilidad. Además, según la Global Sustainability Reporting Survey 2025 de PwC, cerca del 70% de las organizaciones que ya han reportado afirma haber obtenido valor significativo o moderado de los datos e insights generados durante el proceso, más allá del cumplimiento regulatorio

La conversación ya no es si las empresas deben medir su impacto, sino cómo utilizar esa información para tomar mejores decisiones.

Por ello, los datos han pasado de ser una herramienta de reporte a convertirse en un insumo de gestión. Ya no basta con publicar indicadores una vez al año; es necesario contar con información confiable, trazable y oportuna que permita identificar riesgos, priorizar inversiones y acelerar resultados.

Esta evolución también está transformando el rol de los equipos de sostenibilidad. Históricamente, una parte importante de su trabajo consistía en recopilar información dispersa dentro de las organizaciones. Hoy, gracias a la digitalización, el foco se desplaza progresivamente hacia el análisis, la identificación de oportunidades y la generación de valor para el negocio.

La tecnología está acelerando este cambio. Herramientas digitales, plataformas de monitoreo, analítica avanzada e inteligencia artificial permiten recopilar, procesar y analizar volúmenes de información que hace apenas algunos años hubieran sido imposibles de gestionar.

En Intercorp Retail hemos visto de primera mano cómo la tecnología puede fortalecer la toma de decisiones. Por ejemplo, contamos con aplicaciones que permiten registrar la gestión de residuos en tiempo real y verificar la trazabilidad de los materiales. Asimismo, utilizamos dashboards para monitorear indicadores ambientales y operativos, identificar oportunidades de mejora y dar seguimiento a nuestras metas de sostenibilidad de manera más eficiente.

El verdadero valor de estas herramientas no está en la tecnología en sí misma, sino en la capacidad de mejorar la toma de decisiones. Un dashboard puede ayudar a identificar consumos energéticos fuera de los rangos esperados. Una plataforma digital puede revelar oportunidades para incrementar la valorización de residuos y fortalecer su trazabilidad. Un modelo de análisis puede anticipar riesgos en la cadena de suministro antes de que se materialicen. Asimismo, la inteligencia artificial está comenzando a abrir nuevas posibilidades, como el mapeo de la vulnerabilidad de activos e infraestructura frente a eventos asociados al cambio climático, permitiendo a las empresas prepararse mejor para escenarios cada vez más complejos.

En otras palabras, la tecnología permite pasar de una gestión reactiva a una gestión más predictiva y estratégica.

Esta capacidad será cada vez más relevante en un contexto donde los desafíos ambientales y sociales son más complejos, los recursos más limitados y las expectativas de los grupos de interés más altas. Las organizaciones que logren convertir datos en información útil y, sobre todo, información en decisiones, estarán mejor preparadas para gestionar riesgos, identificar oportunidades y generar valor en el largo plazo.

La sostenibilidad ya no es únicamente una conversación sobre propósito. Es también una conversación sobre gestión, desempeño y resultados. La tecnología seguirá evolucionando y las herramientas serán cada vez más sofisticadas, pero el desafío seguirá siendo el mismo: tomar mejores decisiones.

En un entorno donde la transparencia es cada vez más importante y los desafíos más complejos, la diferencia no estará en quién tiene más información, sino en quién es capaz de convertirla en acción. Porque, al final, lo que no se mide, no se transforma.

LEE SU COLUMNA ANTERIOR: La sostenibilidad de una empresa es tan fuerte como la sostenibilidad de su cadena de valor







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