Por Andrea Neyra, Gerente de Comunicaciones, Asuntos Públicos e Impacto Social

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Casi ninguna empresa se hace esta pregunta en voz alta, pero debería. ¿Qué pesa más al construir una estrategia de sostenibilidad, la presión de mostrar avance rápido o la disciplina de esperar a tener evidencia antes de comunicar? Suena a matiz técnico, pero no lo es. La secuencia con la que una empresa construye su estrategia dice tanto de su seriedad como la intención misma que la origina.

El sistema entero empuja hacia la velocidad. Tener una política de sostenibilidad visible cuanto antes se ha vuelto casi un requisito de reputación, y esa presión, legítima en su origen, empuja a declarar compromisos que todavía no tienen sustento operativo detrás. El problema no aparece de inmediato, aparece después, cuando llega una auditoría, un periodista o un reclamo de comunidad, y la empresa descubre que prometió más de lo que efectivamente podía sostener.

En Holcim Perú decidimos hacerlo distinto cuando encaramos la construcción de nuestra función de impacto social. La decisión no fue redactar un compromiso público y salir a comunicarlo, fue contratar primero a alguien que lidere un diagnóstico serio, que no se quedara solo en identificar riesgos internos, sino que contrastara eso con lo que las comunidades realmente esperan y con lo que nuestras propias políticas internas nos permiten sostener en la práctica. Esa combinación, riesgo real, expectativa real y capacidad real, es lo que finalmente nos dice qué podemos prometer y qué todavía no.

Diagnosticar antes de prometer no es lentitud burocrática. Es entender primero dónde están los riesgos reales, en derechos humanos, en relación con comunidades, en la operación misma, antes de fijar una meta que podría quedar completamente desconectada del territorio donde la empresa realmente opera. Una meta que no nace de ese entendimiento no es un compromiso, es una apuesta.

La objeción obvia es que esta lógica puede leerse como excusa para no comprometerse, o para demorar lo inevitable. Vale la pena ser clara en ese punto. Diagnosticar primero no es ausencia de compromiso, es la condición para que el compromiso que finalmente se declare sea uno que la empresa pueda defender frente a cualquiera que pregunte, no una frase bien escrita que se disuelve ante la primera pregunta incómoda.

Este principio no aplica solo a la sostenibilidad, aplica a cualquier forma de credibilidad corporativa. La confianza no se construye prometiendo rápido. Se construye siendo preciso sobre en qué etapa del camino se está, incluso cuando esa etapa todavía es la del diagnóstico y no la del resultado.

Por eso, antes de firmar cualquier compromiso público, cualquier líder debería hacerse una pregunta simple. No es si suena bien, es si podría defenderlo con evidencia el día que alguien se lo pida.







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