Por César Augusto Novoa Chávez, Economista y MBA por ESAN | CEO de NOZA Investment Company

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Durante años, la sostenibilidad fue administrada en muchas organizaciones como un frente paralelo al negocio: reportes, indicadores ambientales, iniciativas sociales y compromisos reputacionales. Las NIIF S1 y S2 cambian esa conversación. Su verdadero alcance aparece cuando la sostenibilidad deja de preguntarse únicamente “qué debemos reportar” y comienza a responder una cuestión financiera: ¿qué riesgos y oportunidades pueden modificar nuestros flujos de caja, acceso al financiamiento, costo de capital y valor empresarial?

La NIIF S1 establece el marco general para revelar información financiera material relacionada con sostenibilidad; la NIIF S2 profundiza en riesgos y oportunidades vinculados con el clima. Ambas organizan la información alrededor de gobierno, estrategia, gestión de riesgos, métricas y objetivos. En el Perú, el Consejo Normativo de Contabilidad aprobó ambas normas en marzo de 2026 y estableció una implementación progresiva para determinadas empresas. El reto, por tanto, ya no es discutir si la sostenibilidad llegará a las finanzas, sino cómo integrarla correctamente a la toma de decisiones.

Ese cambio exige una lectura distinta de la materialidad. Un riesgo climático físico puede afectar activos, inventarios, seguros, logística o continuidad operativa. Un riesgo de transición puede modificar costos energéticos, demanda, tecnología, CAPEX u obsolescencia. Del mismo modo, eficiencia energética, innovación, adaptación, nuevos productos o acceso a financiamiento sostenible pueden abrir oportunidades de crecimiento. Cuando cualquiera de estos factores altera ingresos, márgenes, inversión, riesgo o costo de capital, deja de ser únicamente un asunto ESG: se convierte en una variable de creación o destrucción de valor.

Por eso, implementar NIIF S1/S2 como un proyecto aislado de reporting sería insuficiente. Su mayor utilidad aparece cuando la información alimenta el presupuesto, la planificación estratégica, el mapa de riesgos, el análisis de inversiones y la gestión del balance. En términos financieros, la cadena debería ser explícita:

riesgo u oportunidad de sostenibilidad → impacto operativo → flujo de caja → CAPEX/OPEX → riesgo → costo de capital → rentabilidad sobre el capital invertido → valor.

Aquí entra también el directorio y, especialmente, el CFO. Si una variable de sostenibilidad puede cambiar el retorno esperado de una inversión, elevar el WACC, reducir la vida económica de un activo o comprometer flujos futuros, debe formar parte de la asignación de capital. La pregunta deja de ser cuánto invertimos en sostenibilidad y pasa a ser cuánto valor protegemos o generamos incorporándola correctamente a nuestras decisiones.

También cambia la relación con bancos, fondos e inversionistas. Una mejor revelación no garantiza automáticamente menor tasa o mayor valorización. Sí puede reducir asimetrías de información, mejorar la evaluación del riesgo y fortalecer la capacidad de una empresa para explicar su estrategia, resiliencia y generación futura de caja ante proveedores de capital.

Para las empresas peruanas, la oportunidad está en anticiparse con criterio empresarial: identificar riesgos y oportunidades financieramente materiales, cuantificar impactos, definir responsables, fortalecer datos y controles, incorporar escenarios y conectar métricas de sostenibilidad con indicadores financieros como margen, ROIC, costo de capital y EVA.

Las NIIF S1 y S2 pueden convertirse así en mucho más que estándares de divulgación. Bien utilizadas, introducen una disciplina nueva: obligan a traducir sostenibilidad al idioma del capital. Y cuando una empresa logra hacerlo, reportar mejor deja de ser el objetivo final. El verdadero resultado es decidir mejor, asignar mejor el capital y crear valor con mayor resiliencia en el tiempo.







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