Por Jorge López-Dóriga, Director Global de Comunicaciones y Sostenibilidad de Grupo AJE

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Cada árbol de la Amazonía cumple una función que va mucho más allá de su propia existencia. Es refugio para distintas especies, almacena carbono, participa en el ciclo del agua y forma parte de un ecosistema del que dependemos todos. Por eso, el Día del Árbol debe servirnos no solo para reconocer su importancia, sino también para preguntarnos qué estamos haciendo realmente para mantener nuestros bosques en pie.

El shihuahuaco es quizá uno de los mejores ejemplos. Algunos de estos gigantes amazónicos pueden superar los mil años de vida y alcanzar decenas de metros de altura. En sus grandes troncos encuentran refugio especies emblemáticas como los guacamayos y el águila harpía. Protegerlos significa preservar mucho más que un árbol: significa conservar siglos de historia natural y todo un ecosistema construido a su alrededor.

Desde 2016, Grupo AJE trabaja como aliado de ARBIO en la protección de la Amazonía. Como parte de este esfuerzo, contribuimos a la preservación de 100 shihuahuacos en Madre de Dios, además de promover su investigación científica y generar conciencia sobre la importancia de esta especie. Este año, dos ejemplares ubicados en la cuenca del río Las Piedras —uno milenario y otro centenario— fueron reconocidos como Árboles Patrimoniales, gracias a un trabajo articulado con el Ministerio del Ambiente, SERFOR, la Municipalidad Provincial de Tambopata y ARBIO.

Pero conservar la Amazonía requiere ir más allá de proteger especies individuales. Tenemos que conseguir que el bosque en pie tenga valor para quienes viven en él y dependen de sus recursos. Esa idea está detrás de “Superfrutos que conservan bosques”, una iniciativa que impulsamos desde 2017 y que genera cadenas de valor alrededor del aguaje, camu camu y acaí recolectados de manera sostenible por comunidades amazónicas.

A través de este modelo, nos hemos convertido en aliados de la conservación de cuatro reservas y parques nacionales del SERNANP, que en conjunto abarcan más de 4 millones de hectáreas de bosque primario amazónico. Asimismo, trabajamos con más de 250 familias de 24 comunidades y hemos adquirido más de 1.6 millones de kilos de superfrutos mediante cadenas de valor que contribuyen a proteger el bosque y generar desarrollo local. Más allá de las cifras, lo importante es demostrar que es posible desarrollar modelos de negocio donde conservar la biodiversidad también genere oportunidades para las comunidades que son sus principales guardianes.

Eso es lo que buscamos con nuestra visión de la Revolución Natural: que la protección de la naturaleza deje de ser una acción paralela al negocio y forme parte de la manera en que las empresas generan valor. Nuestro país posee una de las mayores riquezas naturales del planeta y tenemos la responsabilidad, pero también la oportunidad, de convertir esa biodiversidad en un motor de desarrollo sostenible.

El Día del Árbol también nos recuerda algo fundamental: proteger nuestros bosques no pasa únicamente por plantar nuevos árboles. En el caso de gigantes como el shihuahuaco, que han tardado siglos en crecer, el verdadero desafío es mantenerlos en pie. Porque cada árbol milenario que logramos conservar, protege biodiversidad, guarda siglos de historia natural y, sobre todo, nos ayuda a preservar el futuro.

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