Por Homar Lozano - Director del IIMP y miembro del comité organizador de GESS 2026

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Durante años, la conversación sobre transformación digital en minería estuvo asociada principalmente a productividad, eficiencia y reducción de costos. Automatizar procesos, analizar grandes volúmenes de información y operar equipos de manera remota eran algunos de los principales objetivos.

La minería enfrenta hoy un escenario en el que la tecnología debe responder no solo a las necesidades de la operación, sino también a los desafíos ambientales, sociales y de gobernanza (ESG). La pregunta ya no es únicamente cuánto podemos producir con mayor eficiencia, sino cómo podemos utilizar la innovación para producir mejor, reducir impactos y construir relaciones de mayor confianza con nuestro entorno.

En el Perú ya existen señales claras de este cambio. El Ministerio de Energía y Minas ha destacado diversos casos de aplicación de nuevas tecnologías en el sector. Uno de ellos es Antapaccay, donde la incorporación de perforación autónoma ha permitido incrementar hasta en 70 % el uso de los equipos. Otros ejemplos incluyen el uso de tecnología 5G para automatización y control de procesos, sistemas inteligentes para el monitoreo de emisiones y soluciones de telemetría para fortalecer la gestión ambiental.

Estos avances muestran que la tecnología ya no es un elemento complementario de la operación minera. Se está convirtiendo en parte de su infraestructura estratégica.

En materia ambiental, las nuevas herramientas digitales permiten mejorar el monitoreo de variables como agua, calidad del aire, emisiones y consumo energético. La información obtenida en tiempo real facilita la identificación temprana de riesgos y permite tomar decisiones con mayor precisión.

En el ámbito social, el potencial también es enorme. La conectividad, las plataformas digitales y el análisis de datos pueden contribuir a mejorar el acceso a educación, capacitación, servicios y oportunidades económicas. Asimismo, permiten generar nuevos canales para informar a las comunidades y facilitar procesos de participación.

Pero aquí es importante hacer una precisión: ninguna tecnología sustituirá la relación humana. Una plataforma puede facilitar información, pero no reemplaza una conversación. Un sistema de monitoreo puede generar datos, pero no construye confianza por sí mismo. La tecnología adquiere verdadero valor cuando se integra a una estrategia de relacionamiento que escucha, responde y genera resultados.

«La verdadera pregunta es si seremos capaces de hacer que también sea más sostenible, inclusiva y confiable».

En gobernanza ocurre algo similar. La digitalización puede fortalecer la trazabilidad, mejorar los sistemas de control, facilitar el acceso a información y hacer más transparentes determinados procesos. Una gestión basada en datos permite tomar mejores decisiones y, al mismo tiempo, ofrecer mayores garantías a los distintos grupos de interés.

El informe Tracking the Trends 2026 de Deloitte identifica el aprovechamiento de datos y la inteligencia artificial como factores centrales para construir operaciones mineras más seguras, rápidas y resilientes. La discusión está pasando de preguntarnos si debemos digitalizar la minería a cómo hacerlo estratégicamente y con qué propósito.

Todo esto plantea un desafío adicional: el talento que necesitará la minería.

La transformación digital no consiste simplemente en incorporar nuevas herramientas. Requiere personas capaces de comprenderlas, cuestionarlas y utilizarlas para resolver problemas complejos. Los profesionales del futuro deberán combinar conocimientos técnicos con capacidades digitales, pero también con habilidades de comunicación, liderazgo, colaboración y comprensión de los contextos sociales en los que opera la industria.

Aquí las nuevas generaciones tienen una oportunidad extraordinaria. Los jóvenes que hoy se están formando para ingresar al sector minero serán quienes definan cómo se utilizarán tecnologías como la inteligencia artificial, la automatización y la analítica avanzada. Pero, sobre todo, tendrán la responsabilidad de decidir para qué utilizarlas.

Ese propósito será determinante. La innovación no debería medirse únicamente por la sofisticación de una tecnología, sino por el valor que genera para la operación, las personas y los territorios.

La minería del futuro será inevitablemente más digital. La verdadera pregunta es si seremos capaces de hacer que también sea más sostenible, inclusiva y confiable.

Ese es el desafío que tenemos por delante: utilizar la tecnología no solamente para transformar la manera en que hacemos minería, sino para transformar positivamente la relación entre la industria y la sociedad.







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