En la incansable búsqueda global por encontrar fuentes de energía capaces de mover al mundo sin destruir el planeta, una verdadera revolución geológica está cobrando fuerza en las profundidades de la Tierra. Se trata del hidrógeno natural —también conocido como hidrógeno geológico—, una fuente limpia que no requiere costosos procesos de fabricación industrial, sino que se extrae directamente del subsuelo a un costo bajo. Por si esto fuera poco, suele brotar acompañado de helio, un gas de altísimo valor estratégico en la industria tecnológica moderna que duplica el atractivo económico de cualquier hallazgo. Mientras potencias globales como Francia, Australia y Estados Unidos lideran la carrera científica para dominar este recurso.
“El Perú con su compleja y rica geología andina y amazónica, empieza a aparecer en el radar como un país con condiciones interesantes para explorarlo”.
Es momento de actuar. Las autoridades, la comunidad científica y el sector privado deben impulsar el debate para posicionar al país en la vanguardia de la transición energética. Corresponde al Ministerio de Energía y Minas (MINEM) y a PERUPETRO liderar mesas de trabajo técnico junto a la academia (UNI, UNMSM), el INGEMMET y la empresa privada, abriendo una puerta inédita hacia la soberanía y sostenibilidad energética del Perú.
Una geología que parece hecha a la medida
Lo sorprendente es que el subsuelo peruano reúne, casi de manera simultánea, las condiciones que en otras partes del mundo ya han derivado en descubrimientos concretos de hidrógeno natural. En la Cordillera Oriental existen rocas ultramáficas que favorecen la serpentinización, el mecanismo geológico más estudiado y mejor comprendido para la generación de este gas. En Macusani, Puno, la presencia de uranio abre una segunda vía de formación: la radiólisis, un proceso en el que la radiactividad natural del subsuelo rompe las moléculas de agua y libera hidrógeno. Más al sur, en Moquegua y Tacna, la intensa actividad geotérmica suma una tercera ruta posible de generación del gas.
A esto se añade un dato poco difundido: un sistema de fallas profundas que atraviesa las cuencas amazónicas podría estar actuando, desde hace millones de años, como una especie de autopista subterránea que permite que el hidrógeno generado en las profundidades migre hasta la superficie.
La región avanza, ¿y el Perú qué espera?
El panorama regional deja en evidencia el rezago peruano. Colombia ya confirmó el primer hallazgo verificado de hidrógeno natural en Sudamérica, en el pozo Macanal-1X. Brasil avanza con estudios sísmicos de alta tecnología para identificar zonas prometedoras. Uruguay, por su parte, elaboró el primer catálogo nacional de rocas capaces de generar este gas y ya mapeó sus áreas más favorables. Frente a estos avances concretos, el debate en el Perú recién empieza a asomar.
El conocimiento local sigue siendo incipiente. La evidencia oficial disponible se reduce, básicamente, a estudios generales del INGEMMET que confirmaron la presencia directa de hidrógeno en fuentes termales de Moquegua y Tacna, además de algunas publicaciones especializadas puntuales. La paradoja es notable: el país guarda, sin haberlo leído todavía, un auténtico mapa del tesoro. Se trata de un siglo de datos petroleros acumulados por PERUPETRO en cuencas como Ucayali, Marañón, Madre de Dios y la costa, donde históricamente se registraron «patadas de gas no inflamable» y lecturas inusuales que hoy, a la luz de lo que se sabe sobre el hidrógeno natural, cobran un valor científico enorme.
Hoja de ruta para la exploración en Perú
Existe una ruta progresiva, ya validada en otros países, que podría guiar a Perú desde el debate inicial hasta la perforación de pozos exploratorios. Se puede resumir en cinco etapas.
Difusión, sensibilización y debate público: La primera etapa, la más urgente y económica, consiste en poner el hidrógeno natural en la agenda nacional, consolidar la evidencia científica disponible y sentar en una misma mesa al Gobierno, la academia, la industria y las comunidades.
Actualización del marco legal: La segunda exige actualizar la legislación. La actual Ley Orgánica de Hidrocarburos ni siquiera contempla este recurso, por lo que resulta indispensable otorgar facultades explícitas al Ministerio de Energía y Minas y a PERUPETRO para clasificarlo, licitar bloques y firmar contratos de exploración.
Evaluación del potencial geológico regional: La tercera fase se enfoca en evaluar zonas clave como Jauja, Macusani y el sur del país mediante muestreos geoquímicos e imágenes satelitales capaces de detectar los llamados «círculos de las hadas»: depresiones en la vegetación que delatan puntos por donde el gas escapa hacia la superficie.
Exploración directa de superficie: La cuarta etapa consiste en poner en marcha la exploración aprovechando la infraestructura petrolera ya existente, instalando sensores en pozos activos o abandonados para confirmar la existencia de flujos continuos de hidrógeno y helio.
Exploración del subsuelo: Finalmente, la quinta etapa abarca la reinterpretaicón de líneas sísmicas históricas para priorizar las áreas con verdadero potencial exploratorio y avanzar de forma segura hacia la perforación de pozos.
Lo que el Perú ya tiene a su favor
Quizás lo más atractivo de esta oportunidad es que el país no tendría que construir infraestructura desde cero. El Perú ya cuenta con el Gasoducto de Camisea y con refinerías adaptables, capaces de integrarse a una futura cadena de transporte y producción de hidrógeno, lo que ayudaría a reducir la dependencia del diésel importado en zonas alejadas. A diferencia de la energía solar o eólica a gran escala, que requieren inversiones multimillonarias en nuevas redes de transmisión, el hidrógeno natural podría conectarse a buena parte de la infraestructura que ya existe hoy.
“El hidrógeno natural ya se explora en la región, y el Perú tiene todo el potencial geológico para liderar este cambio. Autoridades, ciencia y sector privado deben articular juntos una alianza estratégica que transforme el conocimiento en acción y soberanía energética para el país”









