Por Pilar Quinteros - Associate Partner de Consultoría de EY Perú

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Cuando se piensa en el talento del futuro, es común que surja la pregunta de qué empleos serán reemplazados por la inteligencia artificial. Sin embargo, en un entorno donde la tecnología evoluciona más rápido que cualquier plan estratégico, la pregunta debiera ser qué capacidades humanas serán necesarias para continuar generando valor y mantener una ventaja competitiva.

Es cierto que la inteligencia artificial está redefiniendo el trabajo, pero no está sustituyendo a las personas, sino que está transformando lo que ellas aportan. Muchas tareas repetitivas basadas en reglas o centradas en el procesamiento de información están siendo cada vez más automatizadas y, como consecuencia, se espera una mayor demanda de profesionales capaces de interpretar contextos complejos, formular mejores preguntas, conectar áreas de especialidad, liderar cambios y generar confianza.

En esa línea, el informe Transformation Leadership: Navigating Turning Points, desarrollado por EY y la Universidad de Oxford, identifica que las organizaciones que desarrollan capacidades para inspirar, empoderar, cuidar, liderar, construir y colaborar en contextos de transformación tienen significativamente mayores probabilidades de alcanzar sus objetivos. Asimismo, los hallazgos del estudio sugieren que adoptar un enfoque centrado en las personas puede conducir a una ejecución más ágil y sostenible de sus iniciativas de cambio. 

Por ello, aunque incorporar inteligencia artificial en los procesos es un desafío importante para las empresas, desarrollar inteligencia adaptativa en sus equipos —entendida como la capacidad colectiva para aprender, desaprender, reaprender y conectar— es fundamental para esta transformación.

En este contexto, surge una segunda pregunta: ¿es mejor contratar nuevos perfiles o desarrollar el talento existente? La evidencia apunta a que las organizaciones más exitosas no están eligiendo entre una opción u otra, sino que están construyendo ecosistemas de aprendizaje que combinan ambas estrategias.

«La paradoja del talento del futuro es que, mientras la inteligencia artificial seguirá evolucionando, las organizaciones exitosas dependerán cada vez más de capacidades profundamente humanas».

El estudio Trabajo reimaginado, de EY, revela que el 88 % de los colaboradores ya utiliza herramientas de inteligencia artificial en sus labores, pero solo una minoría aprovecha todo su potencial transformador. A ello se suma que apenas una proporción reducida de los trabajadores considera que recibe capacitación suficiente para maximizar los beneficios de estas tecnologías. 

Sin duda, la adopción tecnológica está avanzando más rápido que el desarrollo de capacidades humanas. Por ello, es clave que las organizaciones inviertan en iniciativas de reskilling y upskilling, fortaleciendo no solo conocimientos técnicos, sino también la mentalidad del talento para comprender el contexto. La experiencia de organizaciones que están liderando esta transformación nos muestra que la curiosidad, experimentación, resiliencia y apertura al cambio se están convirtiendo en habilidades tan importantes como el dominio de herramientas digitales.

Entonces, ¿cuáles serán las habilidades más valoradas en el futuro? Desde nuestra experiencia en procesos de transformación organizacional, destacan cuatro grandes capacidades. En primer lugar, ser capaces de pensar diferente, con visión sistémica, pensamiento crítico e innovación. A ello se suma el poder navegar la complejidad, desarrollando resiliencia y capacidad de adaptación frente a la incertidumbre. En tercer lugar, el conectar personas y ecosistemas, construyendo redes de colaboración y confianza. Y, finalmente, liderar desde la humanidad, equilibrando el potencial de la tecnología con la empatía, el propósito, los valores y el bienestar de las personas.

La paradoja del talento del futuro es que, mientras la inteligencia artificial seguirá evolucionando, las organizaciones exitosas dependerán cada vez más de capacidades profundamente humanas. La verdadera ventaja competitiva no será quién tenga acceso a más tecnología, sino quién logre desarrollar personas capaces de transformarse continuamente y ayudar a otros a hacerlo. 







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