Por Lourdes Del Carpio, Gerente Adjunto de Seguro Agrario de La Positiva Seguros

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Cada vez que consumimos una papa, una palta, una mandarina o un choclo, dependemos del trabajo de miles de agricultores que sostienen la seguridad alimentaria del país. Aunque el Perú es reconocido mundialmente por su riqueza agrícola y gastronómica, pocas veces reflexionamos sobre los desafíos que enfrentan quienes hacen posible esa producción.

En el Día del Campesino, vale la pena preguntarnos si quienes alimentan al Perú cuentan realmente con las herramientas necesarias para desarrollar una actividad rentable, resiliente y sostenible.
La agricultura peruana descansa, principalmente, sobre pequeños productores que enfrentan enormes limitaciones para acceder a crédito, asistencia técnica, entre otros. Aun así, continúan sembrando, cosechando y alimentando al país.

Uno de los principales problemas es el acceso al financiamiento. Según la Encuesta Nacional Agropecuaria del INEI, publicada en 2025, solo el 9,1% de productores agropecuarios solicitó algún tipo de crédito durante los últimos doce meses, una cifra que evidencia la relación limitada del sector con el sistema financiero formal. Mientras una pyme puede obtener financiamiento en condiciones relativamente competitivas, muchos agricultores siguen pagando tasas que reflejan el alto riesgo percibido por las entidades financieras. El resultado es evidente: menor inversión, menor productividad y mayores dificultades para modernizar sus explotaciones.

Pero el crédito, por sí solo, no resolverá el problema. Existe una brecha histórica aún más profunda: la falta de asistencia técnica para miles de agricultores. Muchos productores toman decisiones prácticamente a ciegas. No cuentan con información oportuna sobre precios, tendencias de mercado, disponibilidad hídrica, cambios climáticos, nuevas variedades, manejo de plagas o alternativas de cultivos más rentables. En muchos casos, siguen sembrando lo mismo que sembraron sus padres y abuelos porque nadie les ha mostrado opciones distintas.

Lo que se requiere es una estrecha articulación entre Estado, universidades, centros de investigación y productores. La asistencia técnica permanente, la transferencia tecnológica y la generación de información para la toma de decisiones son pilares fundamentales para la transformación de la agricultura familiar en el Perú.

Otro problema crítico es la comercialización. Con demasiada frecuencia, el agricultor recibe una fracción mínima del precio final pagado por el consumidor. Entre la chacra y la mesa se acumulan intermediarios que capturan gran parte del valor agregado. El productor asume el riesgo climático, financiero y productivo, pero suele quedarse con la menor parte de la rentabilidad. A ello se suma que, en un contexto de creciente exposición a fenómenos climáticos extremos, todavía son pocos los productores que cuentan con mecanismos de protección financiera como los seguros agrarios. Incluso cuando estos existen, el esfuerzo por gestionar mejor el riesgo climático, rara vez se traduce en mejores condiciones de financiamiento.

La ausencia o poca participación de jóvenes representa otro desafío para la continuidad de la actividad agrícola en el país. La edad promedio del agricultor familiar peruano supera los 50 años y cada vez menos jóvenes ven en el campo una oportunidad de desarrollo. Para revertir esta tendencia, es fundamental promover tecnología, innovación, conectividad y acceso a financiamiento que permitan hacer de la agricultura una actividad más atractiva y sostenible. No se trata únicamente de producir más. Se trata de asegurar que exista una nueva generación dispuesta a seguir produciendo.

En este Día del Campesino, reconocer a quienes alimentan al país implica mucho más que agradecer su esfuerzo. Significa generar las condiciones necesarias para que puedan producir con mayor seguridad, enfrentar los desafíos del cambio climático y desarrollar una actividad sostenible para las futuras generaciones.

Para lograrlo, será indispensable que los actores públicos y privados impulsen crédito accesible y especializado, seguros agrarios que estén al alcance de todos los pequeños productores, asistencia técnica permanente, innovación tecnológica, infraestructura rural y mecanismos de comercialización más justos. Apostar por nuestros agricultores no solo fortalece al sector agrario; también contribuye a la seguridad alimentaria y al desarrollo del país.

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