En el Día Nacional del Donante de Órganos y Tejidos, que se celebra cada 23 de mayo, compartimos una historia que visibiliza y fomenta una práctica altruista y voluntaria, ya sea en vida o al morir.

En enero pasado, Flavio (23) fue diagnosticado con muerte cerebral tras ser víctima de la delincuencia. Debido a la gravedad de sus heridas, los neurocirujanos no pudieron operarlo y comunicaron la noticia a sus padres, Willy y Rosa, quienes hasta el último momento albergaron la esperanza de volverlo a ver. 

Mientras Flavio se mantenía con vida mediante un respirador artificial, sus progenitores no sabían qué hacer o qué esperar. Su hijo mayor, el estudiante de Negocios Internacionales que los divertía con sus bailes de TikTok, no despertaría más. “Flavio tenía mucho entusiasmo por terminar la carrera, ser profesional, conocer otros países. Era una persona que se preocupaba por todos”, recuerda su padre. 

Cuando los médicos indicaron que ya no podían hacer nada por él, se reunieron con los padres y les confirmaron la noticia. También les mencionaron que la vida del joven podía trascender mediante un acto solidario. En ese momento, un procurador de la Dirección General de Donaciones, Trasplantes y Banco de Sangre (Digdot) del Ministerio de Salud (Minsa) informó a Willy y Rosa sobre la donación de órganos y tejidos. 

El Perú se encuentra dentro de los países con menores tasas de esta práctica altruista y voluntaria en Latinoamérica: hay solo dos donantes por cada millón de habitantes, una situación que se agudizó durante la pandemia. El año pasado únicamente se registraron 38 donantes que permitieron realizar 235 trasplantes en los hospitales del Seguro Social de Salud para salvar vidas.

“En cuatro oportunidades he donado sangre, tenía algo de conocimiento sobre la donación, pero jamás toqué el tema (de la donación de órganos) con mi hijo. Como era un joven de 23 años, no nos pasó por la mente que iba a suceder eso y que él iba a ser un donante”, cuenta Willy.

Junto a su esposa, recordó la noble personalidad de su hijo y los conmovió la idea de que él seguiría vivo a través de otras personas. Dar el consentimiento para la donación de órganos fue la decisión más difícil que les tocó tomar como padres de familia, pero así permitieron dar una segunda oportunidad de vida a nueve personas.

“Fue doloroso admitir que mi hijo ya había fallecido, no lo podía aceptar, pero me puse en el lugar de los padres de las personas que estaban esperando un órgano para salvar su vida y pensé que estaba en nosotros hacer ese acto (la donación) a través de Flavio. De esa manera sentí que mi hijo me estaba dando un mensaje, como diciéndome hazlo”, recuerda Willy.

De esta manera, nueve personas recibieron los órganos y ahora disfrutan una segunda oportunidad de vida que obtuvieron gracias a este acto solidario. “Flavio fue víctima de la sociedad, pero a la vez él favoreció a la sociedad a través de la donación de órganos, así lo pienso considerando la bonita personalidad que tenía mi hijo. Eso me ayuda a sobrellevar el dolor. Pensar que mi hijo aún fallecido pudo ayudar y que hay familias felices gracias a que encontraron un donante como Flavio”, dice Willy.

Debido a los difíciles momentos que le tocó enfrentar, el padre de Flavio ha pedido a las familias que reflexionen y conversen sobre la donación de órganos, porque nadie está libre de necesitar uno para salvar su vida. “Muchos tienen poca información sobre la donación de órganos, por eso desconfían, pero yo les diría que opten por salvar vidas y tengan la confianza de que los órganos llegarán a una persona que lo necesita”, remarcó. 







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