Finanzas Sostenibles

El capital que impulsa la transformación empresarial

El crecimiento de los instrumentos financieros sostenibles refleja un cambio en la manera de evaluar los riesgos y las inversiones. En el Perú, el reto pasa por desarrollar proyectos capaces de atraer capital y generar impacto.

Por Renzo Rojas

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Las finanzas sostenibles han dejado de ser un nicho para convertirse en un componente estratégico del sistema financiero global. Bonos verdes, bonos azules, préstamos vinculados a la sostenibilidad (Sustainability-Linked Loans) y otros instrumentos canalizan cada vez más recursos hacia proyectos con impactos ambientales y sociales medibles, en respuesta a una demanda creciente de inversionistas, empresas y reguladores por mayor transparencia y trazabilidad.

“La diversidad de mecanismos responde a una mayor trazabilidad de los recursos obtenidos con los financiamientos, así como una medición más precisa y adecuada de los indicadores que deben cumplir los proyectos”, sostiene Mercedes Fernández, associate partner de EY Law.

La expansión del mercado es evidente. Según la OECD, solo en 2024 las empresas emitieron US$ 522 000 millones en bonos sostenibles, mientras que el volumen total colocado entre 2020 y 2024 fue cuatro veces superior al registrado entre 2015 y 2019. Más que una tendencia financiera, este crecimiento refleja un cambio en la forma de evaluar los riesgos y las oportunidades de inversión.

El impulso no proviene únicamente del mercado financiero. Empresas y consumidores exigen modelos de negocio capaces de demostrar resultados ambientales y sociales concretos, una presión que ha trasladado la sostenibilidad desde las áreas de responsabilidad social hacia las decisiones de inversión y financiamiento.

“Los propietarios y gestores de capital ya no buscan únicamente preservar la rentabilidad, sino también gestionar riesgos climáticos, ambientales y sociales y generar resultados positivos y medibles”, indica Marisela Vega, consultora sénior en bioeconomía y financiamiento de impacto.

Marisela Vega – Consultora sénior en bioeconomía y
financiamiento de impacto

Durante décadas, las decisiones de inversión asumieron que el entorno natural permanecería estable. Para Armando Russi, fundador de Dark Sustainability, hoy esa premisa ha cambiado. El cambio climático, la pérdida de biodiversidad y la evolución de las regulaciones han convertido los factores ambientales en variables que inciden directamente sobre el desempeño financiero.

“Es decir, el riesgo financiero era más grande de lo que aparecía en los estados financieros”, puntualiza.

En ese contexto, las finanzas sostenibles han evolucionado desde un segmento especializado hacia una herramienta para fortalecer la competitividad y gestionar riesgos de largo plazo.

“Hoy observamos un mercado más sofisticado, donde las organizaciones buscan soluciones que combinen financiamiento, asesoría y acompañamiento para integrar criterios ambientales y sociales en sus modelos de negocio”, señala Jill Khoury, líder de Sostenibilidad de BBVA en Perú.

El mercado peruano

El interés por las finanzas sostenibles también gana terreno en el Perú. Empresas, bancos e inversionistas incorporan cada vez más criterios ambientales y sociales en sus decisiones, impulsados tanto por las exigencias del mercado como por las oportunidades que representan estos instrumentos para acceder a capital en mejores condiciones.

Para Mercedes Fernández, el sector privado peruano ya percibe un creciente interés de inversionistas, entidades financieras y organismos multilaterales por respaldar proyectos sostenibles y compañías que incorporan estos criterios en su gestión.

“De esta manera, el financiamiento sostenible y las iniciativas climáticas y ambientales se convierten en oportunidades con beneficios económicos medibles. Los requerimientos de estos actores están redefiniendo la forma en la que las empresas entienden su competitividad y crecimiento futuro”, remarca.

Mercedes Fernández – Associate partner de EY Law

No obstante, el avance del mercado todavía enfrenta desafíos estructurales. La Hoja de Ruta de Finanzas Verdes del Perú establece como meta movilizar aproximadamente US$5800 millones de recursos del sector financiero privado hacia proyectos ambientales al 2030, equivalentes a cerca del 3.1 % del PBI. La magnitud del objetivo evidencia la necesidad de contar con una cartera de iniciativas capaces de canalizar efectivamente ese capital.

Marisela Vega sostiene que el Perú aún necesita desarrollar un mayor pipeline de proyectos técnicamente sólidos, financieramente viables y preparados para recibir inversión. “Muchos proyectos generan beneficios ambientales relevantes, pero aún no tienen la escala, los flujos de ingresos, la estructura de riesgos ni la capacidad de gestión que exige el capital privado”, argumenta.

A ello se suma la necesidad de fortalecer los sistemas de monitoreo, reporte y verificación, con líneas de base, indicadores confiables y evidencia que permita demostrar los resultados en biodiversidad, reducción de emisiones o adaptación al cambio climático.

“El mercado peruano está parcialmente preparado para adoptar instrumentos más innovadores, pero todavía existen brechas importantes para que estos alcancen escala”, comenta Marisela Vega.

Sin embargo, el verdadero desafío no solo es el acceso a una mayor oferta de los productos financieros. La pregunta es si estos mecanismos están logrando modificar la forma en que las empresas toman decisiones estratégicas.

Armando Russi sostiene que el mercado ya no se conforma con saber si una organización cuenta con una estrategia ESG. Hoy la atención se centra en una interrogante más exigente: ¿qué cambió realmente en el negocio?

“Un bono verde puede financiar una planta solar sin modificar la exposición estratégica de una compañía. Del mismo modo, un Sustainability-Linked Loans puede reducir algunos puntos básicos de la tasa sin alterar ninguna decisión importante del directorio. El instrumento, por sí solo, no transforma nada. Lo que transforma es la conversación que obliga a tener”, enfatiza.

Armando Russi – Fundador de Dark Sustainability

Desde esa perspectiva, el crecimiento de las finanzas sostenibles no debería medirse únicamente por el volumen de recursos movilizados. Lo verdaderamente relevante es si esos instrumentos influyen en las decisiones de inversión y en la estrategia de largo plazo de las organizaciones.

“Si empiezan a cambiar CAPEX, prioridades de inversión, criterios de adquisición, valoración de activos o costo del capital, entonces estamos frente a una transformación empresarial. Mi impresión es que todavía medimos demasiado el cumplimiento y muy poco la transformación”, explica Russi.

Las oportunidades

Las finanzas sostenibles han ampliado el acceso al capital para actividades que combinan rentabilidad con impactos ambientales y sociales medibles. En el Perú, su mayor potencial se concentra en sectores que dependen del capital natural y que, al mismo tiempo, enfrentan los mayores desafíos para adaptarse al cambio climático.      

Para Marisela Vega, estos sectores abarcan la agroindustria, las actividades forestales, la pesca y la acuicultura.

“Además, el sector de energía renovable, el agua y saneamiento, la gestión de residuos y la economía circular, que cuentan con ventajas para estructurar indicadores verificables de ahorro de agua, reducción de emisiones o valorización de residuos”, menciona.

Pero el potencial ambiental no siempre se traduce en capacidad para acceder a financiamiento. Nuevamente, iniciativas o proyectos aún carecen de la escala, la estructura financiera o los sistemas de medición que demandan los inversionistas.

“Algunos proyectos de bioeconomía, agricultura familiar o conservación todavía son pequeños, tienen flujos financieros limitados o no cuentan con sistemas robustos de medición. Por ello, requieren mecanismos de agregación, garantías, asistencia técnica y financiamiento combinado que les permitan alcanzar la escala y el nivel de preparación exigidos por los inversionistas”, sostiene Vega.

Mientras esas brechas se reducen, la banca comienza a desarrollar soluciones para facilitar la transición de las empresas. Un ejemplo es Carbon Loan, de BBVA, diseñado para apoyar la gestión de la huella de carbono de organizaciones que enfrentan limitaciones técnicas y financieras.

“Desarrollamos una solución que combina financiamiento con incentivos para que las empresas inicien o fortalezcan este proceso, utilizando como referencia la información de la plataforma Huella de Carbono Perú del Ministerio del Ambiente”, manifiesta Jill Khoury.

Jill Khoury – Líder de Sostenibilidad de BBVA
en Perú

Expectativas a futuro

El crecimiento de las finanzas sostenibles está lejos de alcanzar su techo. La magnitud de los recursos que demandará la transición hacia una economía baja en carbono anticipa una expansión de estos instrumentos durante la próxima década. En las Reuniones de Primavera del Banco Mundial de 2024, expertos estimaron que las necesidades de financiamiento climático ya ascienden a US$ 8 billones anuales y podrían aumentar a US$ 10 billones por año después de 2030.

En el Perú, Marisela Vega considera que, en el corto plazo, los instrumentos con mayor potencial serán los préstamos vinculados a la sostenibilidad y las líneas de crédito verdes, debido a que pueden canalizarse a través del sistema bancario y adaptarse a empresas que aún no cuentan con el tamaño suficiente para emitir bonos.

“Para movilizar mayores volúmenes, seguirán creciendo los bonos verdes, sociales y sostenibles, especialmente entre entidades financieras, empresas de gran escala y el propio Estado”, detalla.

Desde la banca, Jill Khoury coincide en que el mercado peruano ofrece un amplio espacio para seguir desarrollando soluciones financieras que impulsen la reducción de emisiones, la eficiencia energética, la economía circular y la movilidad sostenible.

“En BBVA queremos seguir acompañando esa evolución con una oferta que facilite la transición de empresas de distintos tamaños, especialmente aquellas que requieren herramientas sencillas y adaptadas a su realidad para incorporar la sostenibilidad en su estrategia de crecimiento”, sostiene.

La evolución del mercado también estará acompañada por nuevas herramientas tecnológicas y mayores exigencias regulatorias. Mercedes Fernández destaca que la inteligencia artificial contribuirá a mejorar la disponibilidad, calidad y trazabilidad de la información ambiental, social y de gobernanza, facilitando la elaboración de reportes cada vez más precisos para inversionistas y entidades financieras.

“Otra tendencia serán los mayores estándares de información. Así en Perú en marzo del presente año, el Consejo Normativo de Contabilidad aprobó la NIIF S1 y la NIIF S2”, hace hincapié.

Armando Russi, finalmente, considera que más que respaldar proyectos ambientalmente responsables, el desafío será utilizar el capital para reducir riesgos económicos derivados del cambio climático.

“También necesitamos abrir la conversación más allá del crédito y de los bonos. No todos los riesgos climáticos se resuelven con CAPEX. Algunos deben financiarse, otros asegurarse y otros cubrirse. Ahí entran los derivados climáticos, los seguros paramétricos y las coberturas vinculadas a variables como temperatura, precipitación, caudales, viento o rendimiento agrícola”, concluye.

El verdadero reto de las finanzas sostenibles ya no consiste únicamente en movilizar más recursos, sino en lograr que ese capital transforme la forma en que las empresas invierten, gestionan riesgos y generan valor. En un panorama marcado por el cambio climático y mayores exigencias de los mercados, no solo se medirá el número de bonos emitidos o préstamos otorgados, sino también el cambio al interior de las compañías.




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