Saber si las empresas peruanas están preparadas para generar información ESG con el mismo grado de confianza, consistencia y verificabilidad que sus reportes financieros, puede tomarse como una duda muy válida, pero a la vez puede denotar cómo en la mayoría de los espacios – felizmente no en todos- se minimiza la complejidad de la gestión de los temas de sostenibilidad y se desconoce el gran esfuerzo requerido para capturar y procesas todos esos datos.
La buena noticia es que en nuestro país hay empresas que están más que listas para reportar su gestión ESG con alta calidad y completeness. La mala noticia es que estas empresas son principalmente las medianas y grandes empresas y a nadie extrañaría que se traten de grandes empresas o corporaciones multinacionales mayoritariamente. Según el INEI (2024) las empresas medianas y grandes representan aproximadamente el 0.6 % de la población empresarial. Entonces, los ángulos para responder esta pregunta se van descubriendo por capas como cuando se va pelando una cebolla.
La confianza que hoy depositamos en los estados financieros es el resultado de décadas de evolución regulatoria, estándares contables consolidados, sistemas de control interno robustos, auditorías independientes y una cultura organizacional enfocada en la calidad de los datos. La información ESG, en cambio, todavía se encuentra en distintas etapas de madurez según la organización, la industria y la jurisdicción en la que opera.
Disponibilidad y calidad de los datos
Existen empresas que han avanzado significativamente en esta materia. Generalmente se trata de organizaciones multinacionales o compañías con clientes importantes en Europa, Asia o Norteamérica. Estas empresas llevan años implementando su estrategia de sostenibilidad y ahora incluso han incorporado la gobernanza de datos ESG dentro de la gobernanza de datos críticos de las organizaciones y hubo las respectivas inversiones en tecnologías de captura y procesamiento de datos, plataformas de monitoreo, mecanismos de control y equipos especializados en sostenibilidad. Asimismo, han integrado indicadores ESG dentro de sus procesos de gestión y cuentan con aseguramiento independiente sobre parte de la información divulgada. En estos casos, la brecha entre la confiabilidad de los datos financieros y los datos ESG se ha reducido de manera importante.
Sin embargo, para muchas organizaciones los desafíos siguen siendo relevantes. El primero es la disponibilidad y calidad de los datos. Mientras la información financiera proviene normalmente de sistemas transaccionales estandarizados y altamente estructurados, gran parte de la información ESG se obtiene de múltiples fuentes distribuidas dentro y fuera de la organización. Datos relacionados con emisiones de gases de efecto invernadero, consumo de agua, diversidad e inclusión, derechos humanos o desempeño de proveedores suelen requerir procesos manuales, estimaciones o información proporcionada por terceros, elevando el riesgo de inconsistencias y limitando su trazabilidad.
La gobernanza también constituye un factor diferenciador. Las empresas que han asignado responsabilidades claras sobre la calidad de la información ESG, involucrando a la alta dirección, al directorio, a las áreas de riesgos, finanzas, auditoría interna y tecnología, suelen estar mejor posicionadas para producir reportes confiables. Por el contrario, cuando la sostenibilidad permanece aislada dentro de una función específica y desconectada de los procesos de gestión corporativa, la calidad y consistencia de la información pueden verse afectadas.
“El contexto internacional también ofrece señales interesantes sobre el estado de madurez de la información ESG”.
Asimismo, el grado de preparación depende significativamente del sector económico. Las industrias extractivas, de energía, minería, petróleo y gas, así como algunos segmentos de infraestructura, han estado expuestas durante años a una mayor presión regulatoria y social debido a la magnitud de sus impactos ambientales y sociales. Como consecuencia, muchas de estas organizaciones han incorporado criterios climáticos, ambientales y sociales dentro de sus procesos de gestión de riesgos operativos.
La necesidad de contar con información precisa y permanente para la toma de decisiones sobre activos, proyectos e inversiones ha impulsado importantes desembolsos en tecnologías de monitoreo, sensores, plataformas analíticas y sistemas especializados de captura y procesamiento de datos. En varios casos, estas capacidades permiten generar determinados indicadores ESG con un nivel de sofisticación y control superior al observado en sectores donde la sostenibilidad ha tenido históricamente un enfoque más orientado al cumplimiento o a la comunicación corporativa.
ESG como herramienta de gestión
El contexto internacional también ofrece señales interesantes sobre el estado de madurez de la información ESG. El KPMG ESG Risk Survey 2026, que recopiló información de 111 bancos en 23 países, concluye que los riesgos ESG son ampliamente reconocidos como críticos para la gestión empresarial, aunque persiste una brecha significativa entre las ambiciones estratégicas y las inversiones destinadas a fortalecer capacidades, procesos y datos. El estudio identifica que el 100 % de los bancos encuestados considera las capacidades de análisis de escenarios como importantes o muy importantes para gestionar los riesgos futuros, pero reconoce que la disponibilidad y calidad de los datos continúa siendo uno de los principales obstáculos para avanzar. Asimismo, destaca que los datos, la inteligencia artificial y la presión regulatoria se han convertido en los principales habilitadores para fortalecer la gestión de riesgos ESG, aunque los niveles de madurez siguen siendo heterogéneos entre entidades y regiones.
Otro hallazgo relevante es que las organizaciones continúan enfrentando dificultades para transformar la información ESG en herramientas efectivas de gestión. Según la encuesta, muchas instituciones han definido indicadores y métricas ESG, pero todavía existe una diferencia importante entre monitorear esos indicadores y utilizarlos activamente para la toma de decisiones y la gestión del riesgo. Esto refleja un desafío que trasciende al sector financiero: disponer de datos ESG es apenas el primer paso; generar confianza exige demostrar que esos datos son completos, consistentes, verificables y útiles para la gestión empresarial.
En definitiva, la pregunta no es únicamente si las empresas están preparadas hoy para reportar información ESG con el mismo nivel de confianza que sus estados financieros, sino qué tan avanzadas están en el desarrollo de capacidades de datos, gobierno corporativo, controles y gestión de riesgos que les permitan alcanzar ese objetivo. Algunas organizaciones ya han construido bases sólidas para lograrlo. Otras aún se encuentran en etapas iniciales de ese recorrido. La respuesta, por tanto, depende de la madurez de cada empresa, de las características de su sector, de las exigencias regulatorias a las que está expuesta y de las inversiones que haya realizado para convertir la sostenibilidad en una disciplina de gestión tan rigurosa, verificable y confiable como las finanzas.









