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Emprendimientos sociales en Perú: el desafío ya no es solo crear, sino escalar el impacto
Los emprendimientos sociales enfrentan un desafío que va más allá de crear soluciones para problemas sociales y ambientales. Kunan y los casos de Kawát y Sanima muestran que sostener y ampliar el impacto requiere capital, acompañamiento, articulación y capacidad para llevar los modelos a nuevos territorios.
En el Perú, los emprendimientos sociales y ambientales buscan ocupar un espacio cada vez más relevante frente a problemas que persisten en distintos territorios del país. Su propuesta combina actividad empresarial con la atención de brechas sociales y ambientales. En este escenario, Kunan, plataforma que impulsa este ecosistema desde 2014, define al emprendimiento social como aquel que combina innovación y sostenibilidad empresarial con un propósito social o ambiental. A lo largo de más de 12 años, la organización ha acompañado a más de 200 emprendimientos y actualmente cuenta con una red de más de 140 proyectos activos.
Pero crear una solución de impacto es apenas el primer paso. El verdadero desafío aparece cuando el emprendimiento necesita demostrar que su modelo puede sostenerse, medir los resultados que genera y llevar su propuesta a más personas y territorios. Para conocer qué implica enfrentarlos, Stakeholders conversó con Ursula Moscoso, CEO de Kunan; Uriel Torres, representante de Kawát, emprendimiento ganador del Desafío Kunan 2025; y Arturo Llaxacondor, representante de Sanima, emprendimiento ganador de la edición 2024. Desde sus distintas experiencias, los tres muestran que el crecimiento de un negocio de impacto requiere mucho más que capital. También necesita acompañamiento, visibilidad, articulación y capacidad para adaptar una solución a nuevos contextos.
El capital ayuda, pero no resuelve todo
Para Ursula Moscoso, directora ejecutiva de Kunan, un emprendimiento social parte de una problemática concreta y busca convertirla en una oportunidad para generar un negocio sostenible, pero también un impacto positivo en las personas o el ambiente. La diferencia frente a un emprendimiento tradicional está precisamente en que ese impacto forma parte de la razón de ser del negocio.
Actualmente, la Red Kunan reúne 140 ventures activas que reportan haber alcanzado a más de 400 mil personas y generar cerca de 1,000 empleos. Para Moscoso, estas cifras reflejan la existencia de un ecosistema que viene creciendo, aunque todavía enfrenta dificultades para consolidarse.
“Muchas veces, cuando uno se pregunta qué es lo que necesita un emprendimiento social, la respuesta que primero se viene a la mente es fondos”, señala Moscoso. Sin embargo, explica que el capital no resulta suficiente. Los emprendedores también necesitan acompañamiento y una comunidad que les permita afrontar una etapa especialmente compleja para cualquier negocio.
Ese periodo, al que Moscoso denomina el “valle de la muerte”, suele aparecer durante los primeros años, cuando una empresa ya dejó atrás la etapa inicial, pero todavía necesita fortalecer su modelo para sostenerse y crecer. En los emprendimientos de impacto, el reto puede ser mayor porque deben hacer viable el negocio mientras mantienen el propósito social o ambiental que originó la iniciativa.
“También se necesita una comunidad, porque es un trabajo muchas veces solitario. Uno está tratando de hacer negocio y generar un impacto al mismo tiempo”, sostiene.

Desde Kunan, ese acompañamiento busca conectar a los emprendimientos con empresas, sector público, academia, cooperación y otros actores. La visibilidad también cumple un papel importante, especialmente para iniciativas que todavía no cuentan con el reconocimiento suficiente para acceder a nuevas oportunidades comerciales o de financiamiento.
La expansión territorial representa otro reto. Según Moscoso, seis de cada diez emprendimientos de la Red Kunan mantienen su sede de impacto en Lima. Por ello, la organización ha desarrollado reconocimientos y convocatorias regionales para ampliar las oportunidades de emprendimientos fuera de la capital.
El objetivo no consiste solamente en aumentar el número de postulantes regionales. Kunan busca construir una ruta de crecimiento para estos emprendimientos mediante reconocimientos segmentados y conexiones con otros actores. En ese proceso, algunos proyectos que comenzaron en convocatorias regionales llegan posteriormente a competir en el Desafío Kunan.
La propia evolución del Desafío Kunan refleja esta lógica. La convocatoria 2026 busca emprendimientos con modelos de negocio sostenibles, impacto demostrable y capacidad de crecimiento. Entre sus criterios de evaluación figuran el impacto y la relevancia del problema, el modelo de negocio, así como el equipo y sus aliados. La apuesta apunta a identificar y visibilizar soluciones que puedan sostenerse y ampliar su impacto en el tiempo.
“La Red Kunan reúne 140 ventures activas que reportan haber alcanzado a más de 400 mil personas y generar cerca de 1000 empleos”.

Kawát: un negocio que nace de un problema
La historia de Kawát muestra cómo una problemática ambiental puede convertirse en una oportunidad empresarial. Su CEO, Uriel Torres, es biólogo y llegó al emprendimiento a partir de una preocupación por el destino que suele tener el conocimiento científico. “Tenía la preocupación que era que ese conocimiento científico solo se iba a quedar en un manuscrito, en una tesis o de repente en una comunidad científica sin una aplicación directa en la comunidad o en el ambiente”, explica.
Su trabajo en la Amazonía le permitió identificar dos necesidades: la gestión de residuos orgánicos y la falta de oportunidades para las comunidades. La investigación sobre la mosca soldado, conocida como Kawát en lengua awajún, terminó convirtiéndose en una solución para valorizar residuos agroindustriales, municipales y agrícolas y transformarlos en insumos.
Torres resume el modelo bajo una lógica que refleja el potencial del emprendimiento de impacto: “Transformar pasivos ambientales como residuos en activos económicos”. La propuesta no se limita al tratamiento de desechos; también busca generar oportunidades para productores y comunidades mediante la producción local de insumos.

Sin embargo, llevar una innovación al territorio implica superar barreras que no aparecen necesariamente en un laboratorio. Kawát tuvo que trabajar con municipalidades, empresas y cooperativas para asegurar el acceso a residuos orgánicos. En ese proceso, Torres encontró dificultades vinculadas con la burocracia y el desconocimiento de las autoridades sobre este tipo de soluciones.
“A veces cuando tocas las puertas al ente público, te chocas con mucha burocracia”, señala. Incluso, añade, algunos regidores no comprendían cómo un insecto podía contribuir con la gestión de residuos. La persistencia y la generación de convenios permitieron avanzar hacia proyectos con municipalidades, cooperativas y empresas.
El trabajo con las comunidades también modificó la forma de desarrollar la innovación. “A veces nos regimos de repente alguna evidencia científica o alguna tesis, pero en realidad la mejor información la tomas en campo con las comunidades”, sostiene Torres. Para él, la tecnología debe acompañarse de un lenguaje sencillo y práctico, además de considerar los conocimientos locales.
La apuesta de Kawát apunta ahora a que su biotecnología pueda beneficiar a productores y agricultores y replicarse en comunidades, municipalidades, cooperativas y empresas.
“Su trabajo en la Amazonía le permitió identificar dos necesidades: la gestión de residuos orgánicos y la falta de oportunidades para las comunidades”.
El planteamiento parte de una lógica de transferencia de conocimiento y tecnología, no únicamente de comercialización. Así, la expansión del emprendimiento no depende solo de vender más, sino de conseguir que la solución pueda ser aprovechada por distintos actores y en nuevos territorios.
La experiencia de Kawát también permite observar qué significa para un emprendimiento ganar reconocimiento dentro del ecosistema. El proyecto obtuvo el Gran Premio Kunan 2025 y otros reconocimientos. Para Torres, el valor de estos premios no se limita al capital recibido.
“Esta visibilidad es como nuestra carta de presentación”, afirma. El reconocimiento permite generar confianza frente a empresas, productores y comunidades; además, facilita que nuevos actores conozcan el trabajo de la organización. El capital recibido, agrega, funciona como “un apalancamiento” para continuar desarrollando la empresa.
Sanima: cuando escalar requiere trabajar con el territorio
El caso de Sanima muestra por qué el crecimiento de un emprendimiento social no puede medirse únicamente por el aumento de sus ventas o de sus operaciones. Su CEO, Arturo Llaxacondor, considera que uno de los principales aprendizajes de la organización ha sido comprender que los problemas complejos requieren respuestas colectivas.
“Un problema tan complejo no se puede solucionar desde una sola organización”, afirma. En el caso del saneamiento, explica que se necesita articulación y visibilidad pública para conectar las soluciones con el sector público y privado.
El reconocimiento obtenido por Sanima también ilustra esa lógica. El premio Kunan aportó recursos y acompañamiento técnico, pero Llaxacondor considera que el principal aporte estuvo en la visibilidad. Esa exposición facilitó la articulación necesaria para expandir el servicio fuera de su zona inicial.
La expansión hacia Pucallpa implicó trabajar con municipalidades, empresas privadas y el Ministerio de Vivienda, además de adaptar procesos internos para replicar el modelo. El emprendimiento, por tanto, no escala únicamente cuando cuenta con una solución validada; necesita construir las condiciones institucionales para implementarla en nuevos territorios.
Ese aprendizaje también modificó la estrategia de Sanima. Llaxacondor explica que, en lugar de convencer individualmente a cada hogar, comprendieron que debían trabajar con comunidades completas.
“Más que algunos decidan tener el servicio y otros no, lo importante era convencer a la comunidad de que esto era importante para ellos”, señala.

En problemas como el saneamiento, el impacto depende también de que una solución alcance a todo un territorio y se articule con otras políticas y servicios. Por eso, la expansión no consiste simplemente en trasladar un modelo de una ciudad a otra. Requiere comprender las condiciones de cada comunidad y establecer nuevas alianzas para que la solución pueda sostenerse.
“A veces nos regimos de repente alguna evidencia científica o alguna tesis, pero en realidad la mejor información la tomas en campo con las comunidades”.
Llaxacondor expresa esta visión al referirse al futuro de Sanima: “Lo que no queremos es que esto se quede en Sanima. Lo que quisiéramos y nuestro sueño es que haya muchos Sanima más”.
La experiencia de ambos emprendimientos permite observar que escalar el impacto supone superar los límites de la propia organización. Kawát busca que su tecnología pueda ser utilizada por productores, comunidades, cooperativas, municipios y empresas; Sanima busca que su modelo de saneamiento pueda llegar a nuevos territorios mediante la articulación con distintos actores.
En ambos casos, el crecimiento empresarial está ligado a una pregunta más amplia: cómo conseguir que una solución que funciona en un determinado contexto pueda adaptarse a otros sin perder su propósito ni su capacidad de generar impacto.
“El reto también implica generar las condiciones para que aquellos que ya demostraron el valor de sus soluciones puedan acceder a capital, ganar visibilidad, fortalecer sus modelos y establecer alianzas que permitan ampliar su alcance”.
El reto para el ecosistema peruano, entonces, no consiste únicamente en impulsar la creación de nuevos emprendimientos sociales. También implica generar las condiciones para que aquellos que ya demostraron el valor de sus soluciones puedan acceder a capital, ganar visibilidad, fortalecer sus modelos y establecer alianzas que permitan ampliar su alcance.
Para Kunan, esto supone que el impacto deje de ser entendido como un elemento adicional del negocio y pase a formar parte de la manera en que se conciben nuevas empresas. Para los emprendimientos, significa demostrar que una solución puede sostenerse económicamente y, al mismo tiempo, responder de manera efectiva al problema que motivó su creación.
El desafío, entonces, ya no consiste solamente en crear emprendimientos capaces de generar impacto. Consiste en construir las condiciones para que ese impacto pueda sobrevivir, crecer y multiplicarse.









