Ubicado en la selva alta de Huánuco, el Mariposario Monte Alto se posiciona como una propuesta de bioturismo que combina investigación científica, educación ambiental y turismo sostenible para promover la conservación de la biodiversidad amazónica.

El proyecto familiar, liderado por Eduardo Cáceres Leví en Tingo María, ofrece recorridos educativos, observación de mariposas y crianza especializada de especies como Morpho, impulsando la protección del bosque y el desarrollo sostenible local.

Por Stakeholders

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En la ciudad amazónica de Tingo María, rodeada por el paisaje de selva alta característico de la región Huánuco, el Mariposario Monte Alto se ha consolidado como una propuesta de bioturismo que integra conservación de la biodiversidad, investigación científica y desarrollo sostenible. El proyecto, impulsado por una familia local, busca demostrar que es posible promover el turismo mientras se protege el bosque y se fomenta la educación ambiental entre los visitantes.

La iniciativa es liderada por Eduardo Cáceres Leví, gerente general del mariposario, quien explica que el proyecto representa el sueño familiar de contribuir a la conservación del entorno natural. Según señala, el mariposario combina el interés científico por las mariposas con la creación de un bionegocio orientado a generar oportunidades económicas sostenibles para la comunidad.

Monte Alto: el proyecto que nació desde la investigación

El origen del Mariposario Monte Alto se remonta a los años 2010 y 2011, cuando la madre de Eduardo Cáceres inició la crianza de mariposas con fines de investigación. La idea surgió luego de realizar estudios de posgrado en Centroamérica, donde conoció el modelo de zoocría desarrollado en países como Costa Rica, reconocido por su enfoque en la conservación y el aprovechamiento sostenible de la biodiversidad.

Inspirada en esa experiencia, decidió implementar un sistema similar en Tingo María. Años más tarde, en 2019, Eduardo Cáceres y su hermana Diana asumieron la conducción del proyecto familiar y ampliaron su alcance para convertirlo también en un espacio turístico y educativo.

Actualmente, el mariposario ofrece diversas experiencias a los visitantes, entre ellas recorridos guiados, observación de mariposas, una cafetería y una tienda de artesanías. Todas estas actividades se desarrollan bajo un enfoque que combina divulgación científica, turismo responsable y protección de la biodiversidad.

Un recorrido entre ciencia y naturaleza

La experiencia turística comienza en una sala de recepción donde los visitantes reciben información sobre el proyecto y la importancia ecológica de las mariposas. Desde ese punto se inicia un circuito guiado que incluye un museo con especies nativas y endémicas obtenidas a partir de investigaciones y programas de crianza.

El recorrido continúa hacia el laboratorio, espacio donde los visitantes pueden observar el ciclo de vida de estos insectos, desde la etapa de huevo hasta su transformación en mariposa adulta.

Posteriormente, el circuito conduce a la sala de vuelo u observatorio, un ambiente donde las mariposas vuelan libremente y pueden ser apreciadas de cerca por los turistas. La experiencia concluye en un bosque lluvioso acondicionado con senderos naturales que permiten conocer la dinámica ecológica del entorno.

En esta zona es posible observar plantas nativas, aves, insectos y otros elementos característicos del ecosistema amazónico que rodea a Tingo María.

Conservación y crianza especializada

Además de su componente turístico, el Mariposario Monte Alto desarrolla actividades de crianza especializada con fines científicos y comerciales. Entre las especies más representativas se encuentran mariposas del género Morpho, conocidas por su intenso color azul y su gran tamaño.

Entre ellas destacan Morpho rhetenor helenor, Morpho didius, Morpho adonis y Morpho deidamia, especies altamente valoradas en mercados especializados y en colecciones científicas.

Más allá de su atractivo turístico, el proyecto también busca fortalecer la educación ambiental. Sus impulsores sostienen que cada visitante que aprende sobre la biodiversidad amazónica se convierte en un aliado para su conservación.

En un contexto donde los ecosistemas enfrentan amenazas como la pérdida de hábitat y la contaminación, iniciativas de bioturismo como el Mariposario Monte Alto muestran cómo la ciencia, el turismo y la conservación pueden integrarse para proteger la biodiversidad y promover el desarrollo sostenible en la Amazonía peruana.

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