Nuestro dinero versus el tiempo

Por: Hans Rothgiesser
Director Adjunto Grupo Stakeholders

Una estadística que se suele repetir para describir el milagro económico peruano es la reducción de la pobreza. A muchos se les olvida y otros no lo consideran en cuenta porque no recuerdan ese otro Perú, pero el porcentaje de la población que estaba en situación de pobreza en este país pasó de 58.7% en el 2004 a 22.7% en el 2014. O sea, en diez años se pasó a un país que tenía a más de la mitad de su población en estado de pobreza a otro país que tiene menos de un cuarto de su población en dicha situación. Éste es un logro que distintas organizaciones mundiales nos celebran. Aunque, obvio, como suele ser el caso, dentro del Perú tardó mucho en ser reconocido. Y es que hay críticos del modelo de economía de libre mercado que prefieren comer vidrio molido antes de aceptar de que este camino no solamente nos estaba llevando a producir más, sino que además estaba reportando grandes avances en materia social.

Con el tiempo esta mejora se ha ido volviendo indiscutible. Ha habido otras variables que le ha permitido ver al Perú entero que sí se estaba reduciendo la pobreza. Entre éstas se encuentra el incremento de las familias peruanas en entretenimiento. Después de todo una familia gasta dinero en entretenimiento solamente cuando lo urgente ya está cuberto. Esto no quita, por supuesto, que aún quede mucho trecho por andar. Aún tenemos una buena porción de la población viviendo en condiciones de pobreza. Ni qué decir de la baja calidad de la educación y de la salud. Nadie niega eso.

Como parte de este proceso en el cual las familias tienen cada vez más ingresos es que los consumidores nacionales, en general, han ido incorporando el entretenimiento entre sus gastos habituales. Algunos de los más beneficiados han sido los cines y los restaurantes. Esto también respalda en cierta medida el incremento del turismo interno. Según el Observatorio Turístico del Perú, el turismo interno ha pasado de 6,265,755 en 1992 a 15,479,500 en el 2015. O sea, ha tenido una tasa media anual sostenida de 4.02%. Solamente en el 2015, según la Cámara Nacional de Turismo, el turismo interno habría crecido en 9%.

A muchos les parece frívolo que los peruanos estemos gastando más dinero en experiencias efímeras que no dejan nada material detrás. Que los peruanos deberíamos estar invirtiendo nuestros excedentes en propiedades o en cursos para hacernos más productivos o prestarlo para levantar renta. No obstante, hoy en día sabemos que son las experiencias las que nos hacen más felices.

Elizabeth Dunn y Michael Norton -ambos PhD en sicología escribieron en el año 2014 el libro Happy Money: The Science of Happier Spending, en el que analizan la relación entre el gasto y la felicidad. En el libro, por ejemplo, argumentan que el dinero sí puede comprar la felicidad… si es que se usa estratégicamente. Una de las conclusiones a las que llegan es que usarlo para comprar experiencias es lo más eficiente en la búsqueda de la felicidad. Es más, para maximizar el efecto hay que compartirlo con otros.

Es decir, si estás detrás de la felicidad, te conviene usar tu plata en experiencias del momento que en objetos como carros, televisores o celulares cada vez más sofisticados.

Curiosamente, los peruanos sí tenemos una ventaja comparativa para brindar estas experiencias. Desde el turismo vivencial hasta los espectáculos de todo nivel que ofrecemos. Sumemos a esto el crecimiento reciente de una incipiente industria del entretenimiento (cine, teatro, etc) y podríamos convertirnos en un referente de este tipo de gasto.