POR HANS ROTHGIESSER – Miembro del Consejo Consultivo Stakeholders

Según Francis Fukuyama, la confianza es un elemento clave para el desarrollo de una sociedad. Esa confianza puede estar alojada en alguna institución en especial dependiendo de la sociedad. Así, según este autor, en Estados Unidos se confía en última instancia en el poder judicial. Si hay cualquier problema, se espera que este se termine resolviendo en su sistema legal. En América Latina, según Fukuyama, hay una fuerte confianza en la institución de la familia. Si todo falla, los latinoamericanos sabemos que por último podemos refugiarnos en la familia, ir a vivir un tiempo en la casa de los padres, etc.

Ahora bien, para que la economía peruana salga de la recesión, necesitamos un poco más de confianza que solo eso. Cualquier peruano con secundaria completa que llevó un curso escolar de economía debería saber que el desempleo y la pobreza continuarán avanzando mientras que no haya crecimiento económico. Y que no habrá crecimiento económico mientras que no haya inversión privada. Y que no habrá inversión privada mientras no haya confianza. Va a ser muy difícil que, por ejemplo, un grupo turístico invierta en el Perú, a pocos meses de que una horda de revoltosos tomara por asalto Aguas Calientes y secuestrara por varios días a turistas europeos. Tenemos que hacer un esfuerzo activo y consciente para recuperar la confianza en todas las direcciones. ¿Estamos haciendo ese esfuerzo?

Lo que más vemos en los medios es que necesitamos que los empresarios confíen en la economía peruana para que inviertan más. Ahí ya tenemos una tarea ardua. Esto es medido por el BCR todos los meses con una serie de encuestas e índices. En abril del 2002, el índice que medía la expectativa de los empresarios en la economía para los próximos tres meses estaba en 60.09. Todo valor por encima de 50 es considerado optimista. En diciembre del 2007 llegamos a estar en 75.34. Luego vino la crisis internacional financiera, pero para junio del 2010, no más, ya estábamos en 74.64. Eso es lo que arroja tener un ministro de economía que no solamente sabe de macroeconomía, sino que además sabe de política y tiene el total apoyo del presidente. Lamentablemente después de eso todo va cuesta abajo. El gobierno de Ollanta Humala dejó este índice en julio del 2016 en 60.98. Y PPK lo dejó en marzo del 2018 en 53.54. Vizcarra en noviembre del 2020 en 49.50, tramo negativo. Y Castillo en 42.36. Un claro desplome que viene desde Humala. No es algo atribuible al Gobierno actual de menos de un año, aunque pudo haber hecho mucho para detener esta tendencia y no ha hecho nada.

Ahora bien, según una encuesta de Proética del 2022, el 9 % de los peruanos considera que las empresas privadas son una de las instituciones más corruptas del país. Este porcentaje sube a 12 % en el sector D/E. En el norte del país llega a 13 %. Según una encuesta de Capitalismo Consciente, el 28% de la población no quiere que los empresarios tengan mayor responsabilidad en la solución de los problemas del país. El 47 % considera que el Estado debería ser el único encargado de los asuntos de interés público y social en el país, sin participación de los empresarios.

Entonces, qué fácil que es sentarse y criticar al Estado que no hace lo necesario para que el empresariado le tenga más confianza e invierta. Lo vemos todos los días en columnas y entrevistas. No obstante, ¿qué hace el empresariado para ganarse la confianza de la gente? ¿Tan pronto olvidó que hace apenas unos meses nos gobernaba un presidente mariateguista leninista con arengas que directamente atentaban contra el sector privado? ¿Ya vieron la luz o todavía? ¿Siguen apenas con sus tiernos proyectos de responsabilidad social y sus talleres con periodistas y estrategias que en los últimos 20 años no han dado resultados? ¿O ya se dieron cuenta de que necesitan meter un pie a la política? Sí, necesitamos más confianza para que inviertan. Pero también necesitamos más confianza en ustedes para que no le prendan fuego a esas inversiones luego.







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