2016: El no tan fatídico año que nos deja

Por: Hans Rothgiesser
Director Adjunto Grupo Stakeholders

Si uno revisa los medios nacionales e internacionales verá que para algunos el año que estamos dejando atrás estuvo maldito. Alguna especie de fuerza sobrenatural decidió desquitarse con nosotros y hacernos sufrir particularmente en el 2016. Lo que quedaría por definir, según estos opinólogos, es si este año fue parte de una tendencia (o sea, si el 2017 será aún peor) o si fue un pico (o sea, si en el 2017 regresaremos a nuestro nivel habitual de penas). En lo personal me parece que la percepción de que el 2016 haya sido el peor año en mucho tiempo no es otra cosa que el efecto que está teniendo la manera como nos enteramos de las cosas ahora, en comparación a cómo nos enterábamos de las cosas antes.

Comencemos por lamentar las figuras públicas que se nos fueron en el 2016. Desde Fidel Castro hasta David Bowie, este año hemos lamentado la partida de varias celebridades. ¿Cómo podremos seguir con nuestras vidas sin la voz maligna de Alan Rickman o sin la música de Prince? ¿Sin el activismo de Mohamed Ali o la inseguridad en pantalla de Anton Yelchin? Sí, hemos perdido a muchas caras conocidas este año. Pero aquí la parte dura: Es algo que sucede todos los años. Ahora lo sentimos más, porque leemos de estas pérdidas en las redes sociales. De esta manera, el fanático de Gene Wilder que se seguirá lamentando por meses de que ya no habrá más musicales nunca jamás con el talento de su artista favorito resuena mucho más que antes. De hecho, hagan el esfuerzo de revisar la lista de las figuras públicas que perdimos en el 2015 o en el 2014.

En el 2015 perdimos a Leonard Nimoy, que también generaba pasiones en las redes sociales. Otras figuras relevantes: B. B. King, Christopher Lee y Omar Sharif, entre otros. Lo que en realidad nos debería estar ocupando la atención es qué nuevas figuras aparecerán en el 2017 que llenarán los vacíos creados por estas pérdidas.

Por otro lado están la extraña escena electoral de este año. En el 2016 hemos tenido algunas elecciones con resultados bastante particulares. Desde Trump en los Estados Unidos hasta Brexit en el Reino Unido. Mucho se ha escrito sobre esto y sobre lo que significa. Yo no sé qué cambio social hay que explique estos resultados, pero lo que sí saco es que necesitamos invertir más tiempo y esfuerzo a una educación cívica más seria en nuestros colegios, de tal manera que la gente en general reconozca el poder que la democracia tiene. Cómo la suma individual de los votos tienen un efecto que podría ser devastador.

Además, está el hecho de que estos resultados son consecuencia de grupos fuertes de votantes olvidados o marginados por el sistema. Si queremos evitar estas elecciones de infarto, necesitamos abordar de manera más agresiva la inclusión de estos individuos al sistema. Finalmente, lo que a cada uno le queda es enfocarse en aprovechar el 2017. Como bien decía Steve Jobs, si de algo podemos estar seguros es que nadie va a vivir para siempre y que eso a su vez le da sentido a nuestras vidas. Muchas usan el cambio de año para evaluar si les gusta la situación en la que se encuentran. Si tienen un trabajo que les gusta, por ejemplo. En un contexto en el que todo hace suponer que la economía se va a reactivar y que varias de las industrias que se encontraban paralizadas se comenzarán a reavivar en el 2017, habrá más oportunidades para poder hacer una evaluación como ésa y traducir eso en acciones concretas. Es decir, hoy más que nunca se vale desear simplemente “próspero año nuevo”.