Sonia La Torre, vicepresidenta de la Sociedad Peruana de Gas Licuado (SPGL), advierte que el GLP es fundamental para una transición energética inclusiva en el Perú, pero subraya la urgencia de fortalecer el almacenamiento y ampliar programas sociales como el FISE para garantizar la seguridad energética y mitigar futuras crisis de abastecimiento.

Por Renzo Rojas

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¿Cuál es el papel estratégico del Gas Licuado de Petróleo (GLP) en una transición energética hacia una matriz renovable y segura en el Perú?

El GLP es clave para una transición energética inclusiva y sostenible. Para entender su importancia en el Perú, es necesario ponerlo en contexto. Actualmente, es utilizado por cerca de 7 millones de hogares en el país. Además, abastece a más de 70 000 programas sociales, como Qali Warma, ollas comunes y comedores populares. También lo emplean más de 200 000 pequeños negocios —hoteles, restaurantes, cafeterías y lavanderías—, así como alrededor de 650 000 vehículos, en su mayoría taxis.

Por ello, cuando hablamos de GLP, nos referimos a una fuente de energía fundamental y ampliamente utilizada por las familias peruanas.

¿Puede tener también un rol importante en una política energética sostenible a largo plazo?

En el Perú existe una política energética vigente desde 2010 con proyección al 2040, en la cual el GLP cumple un rol complementario en la transición energética. Esto se debe a que es una energía con menores niveles de contaminación en comparación con otras alternativas.

A pesar de ello, en pleno siglo XXI, millones de hogares aún utilizan combustibles altamente contaminantes, como leña, carbón o residuos. Esto responde a la necesidad básica de cocinar, muchas veces en ausencia de opciones más limpias.

¿En qué medida ha contribuido al bienestar de las personas?

El uso de combustibles contaminantes tiene un impacto severo tanto en la salud como en el medio ambiente, afectando especialmente a las poblaciones más vulnerables. En ese contexto, el GLP ha contribuido significativamente a mejorar estos indicadores.

En 2005, solo el 50 % de los hogares peruanos cocinaba con gas. Para 2023, esta cifra aumentó al 70 %. Una de sus principales ventajas es su accesibilidad: al ser envasado, puede distribuirse a todo el país sin necesidad de infraestructura compleja o costosa.

¿Ven un impacto positivo del GLP más allá de lo ambiental dentro del sector energético?

Sin duda. El GLP es una de las energías más importantes en la actualidad. Desde la SPGL promovemos su uso porque permite avanzar hacia una matriz energética más limpia, accesible y equitativa.

La transición energética no solo implica cambiar de combustibles, sino también mejorar la calidad de vida de las personas, especialmente de aquellas en situación de vulnerabilidad.

“Es fundamental ampliar el Fondo de Inclusión Social Energética (FISE), una herramienta clave para combatir la pobreza energética”. 

¿Qué acciones consideran necesarias para potenciar este impacto en beneficio de la población?

Es fundamental ampliar el Fondo de Inclusión Social Energética (FISE), una herramienta clave para combatir la pobreza energética. Este fondo, financiado por todos los usuarios a través del recibo de electricidad, busca llevar energía limpia a las poblaciones más vulnerables.

Dentro de este mecanismo destaca el programa Vale FISE, que otorga un subsidio mensual de 20 soles para la compra de balones de gas. Desde la SPGL proponemos no solo incrementar los recursos destinados a este programa, sino también mejorar su alcance y eficiencia.

Hace poco hubo una crisis energética debido a la escasez de gas. ¿Qué medidas deberían tomarse para evitar situaciones similares?

La principal área de mejora es el almacenamiento. Sin reservas, no hay seguridad energética. En el caso del Perú, es fundamental apostar por un sistema de almacenamiento descentralizado. No basta con ser un país productor; es necesario fortalecer la capacidad de almacenamiento para garantizar el abastecimiento ante contingencias como fenómenos naturales, bloqueos de carreteras o fallas en los ductos, como la ocurrida recientemente.

Este episodio ha evidenciado una debilidad estructural: el país opera con inventarios equivalentes a pocos días de consumo.

¿En qué medida el Perú debería mejorar su capacidad de almacenamiento?

El Perú necesita incrementar urgentemente su capacidad de almacenamiento. Mientras países como España o Japón cuentan con reservas de entre 40 y 60 días, en el Perú los inventarios son considerablemente menores.

La reciente falla en el ducto de Megantoni puso en evidencia esta limitación. Aunque la operación se restablezca, la reposición de inventarios no es inmediata, ya que implica procesos logísticos complejos.

¿Qué otros factores influyen en el mercado del GLP?

El mercado del GLP está influenciado tanto por factores internos como externos. Actualmente, los precios responden en gran medida al contexto geopolítico internacional, especialmente a las tensiones en el Medio Oriente, que impactan directamente en el precio del petróleo.

Esto no solo encarece el GLP, sino también toda la cadena logística, incluyendo el transporte. Por ello, aun cuando el suministro se normaliza, los precios no necesariamente regresan a sus niveles previos, debido a un entorno global más costoso.

¿Qué acciones podrían tomar las autoridades para mitigar la subida de precios?

Es fundamental que el Estado genere incentivos claros y condiciones adecuadas para promover la inversión privada en infraestructura energética. Este no es solo un tema operativo, sino una prioridad para garantizar la seguridad energética del país.







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