Por Susana Tejada Matos - Directora de Sostenibilidad y Desarrollo en EQUITY Risk & Sustainability

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Los recientes problemas de abastecimiento de gas natural en Lima han puesto en evidencia la necesidad urgente de diversificar la matriz energética del país, sin embargo, el Perú cuenta con un amplio potencial de recursos naturales que, en este contexto, se convierten en una oportunidad estratégica clave para iniciar un cambio profundo en su historia energética.

Tradicionalmente la matriz eléctrica nacional ha estado dominada por la generación hidroeléctrica y térmica, sin embargo, hoy se está avanzando con rapidez hacia fuentes más limpias y sostenibles. Este proceso responde no solo a las condiciones privilegiadas del país, como los elevados niveles de radiación solar en el sur, sino también a nuestro compromiso con los acuerdos internacionales para enfrentar el cambio climático. Este año 2026 se perfila como un punto de inflexión con cifras récord de inversión, la participación activa del sector privado y la implementación de mecanismos de financiamiento verde, que están impulsando la materialización de megaproyectos de energías renovables no convencionales, consolidando así una transición energética más diversificada, que aseguren un crecimiento más limpio y resiliente del país.

El desarrollo de las energías renovables en Perú está siendo liderada por empresas que apuestan por grandes inversiones, contratos de largo plazo y tecnologías de punta. Un ejemplo es el Complejo Solar La Joya, ubicado en Arequipa, que se está convirtiendo en el epicentro de la generación solar del país. La empresa global Zelestra, con 16 años de presencia en Perú, ha sido clave en este desarrollo. En febrero de 2026, la compañía inició la construcción de la planta solar Babilonia, de 242 MWdc, que requirió una inversión de US$ 176 millones.

Babilonia forma parte de un ambicioso plan maestro que se suma a la ya operativa planta San Martín de 300 MW, la más grande del país hasta la fecha y al proyecto San Joaquin de 125 MW, consolidando un complejo que rondará los 700 MW de capacidad total. Este tipo de proyectos son viables gracias a acuerdos con actores locales, como el PPA (Power Purchase Agreement) firmado con la empresa peruana Celepsa, lo que demuestra una sinergia entre el capital internacional y empresa privada nacional.

Además de la global Zelestra, también importantes fondos de inversión internacionales están confiando y apostando por el futuro energético de Perú. Un ejemplo muy claro ocurrió en febrero de este año (2026) dos grandes inversionistas globales, el fondo canadiense CPP Investments y la firma estadounidense I Squared Capital compraron el 50 % de la empresa peruana Inkia Energy. Esta operación valora a toda la compañía en US$ 3400 millones, lo que muestra el tamaño e importancia del acuerdo. Inkia Energy es una de las principales generadoras de electricidad en el país. A través de sus empresas Kallpa y Orazul, ya opera plantas que producen 2.6 gigavatios (GW) de energía total, suficiente para abastecer a 7.2 millones de hogares peruanos al año.

“Estos esfuerzos privados y públicos responden a una hoja de ruta climática clara por parte del Estado peruano”.

Pero lo más interesante es el futuro, Inkia tiene en desarrollo más de 4 GW adicionales en proyectos nuevos, que incluyen energía solar, energía eólica, sistemas de almacenamiento con baterías (para guardar energía y usarla cuando no hay sol o viento). Esta gran inversión de capital extranjero es una señal muy clara e indica que los inversionistas internacionales confían en el mercado peruano, ven que hay mucho potencial de crecimiento y están dispuestos a colocar millones de dólares para ayudar a desarrollar más energía limpia y confiable en el país.

A esto se suma la cartera promovida por el estado peruano, el Ministerio de Energía y Minas (MINEM) ha anunciado un paquete de nueve proyectos solares que se ejecutarán entre 2026 y 2028, representando una inversión superior a los US$ 1268 millones y que añadirán 1420 MW de energía limpia al Sistema Eléctrico Interconectado Nacional (SEIN). El proyecto más representativo de este plan es la Central Solar Illa, también en Arequipa, con una potencia de 396 MW y una inversión de US$ 341.9 millones. Todos estos proyectos serán desarrollados y operados por inversores privados, confirmando que el modelo de concesión y participación privada es el pilar fundamental del crecimiento del sector.

No obstante, el gran desafío que enfrenta Perú es la infraestructura de transmisión. La energía renovable no convencional (solar y eólica) es intermitente y, a menudo, se genera en zonas alejadas de los grandes centros de consumo. Para integrar de manera eficiente los miles de megavatios en desarrollo, es necesario expandir y reforzar la red nacional. PROINVERSION estima que la cartera total de transmisión supera los US$ 900 millones, una inversión necesaria para garantizar que la energía generada llegue a los hogares y la industria. Para financiar estos ambiciosos proyectos, el financiamiento verde se ha convertido en la herramienta clave. El caso de Zelestra es ilustrativo, el paquete de US$ 176 millones para Babilonia fue posible gracias a un acuerdo de project green financing con entidades como Natixis CIB (segundo grupo bancario más grande de Francia) y BBVA Perú. Estos mecanismos financieros, a menudo vinculados a criterios ambientales, sociales y de gobernanza (ASG), son cada vez más comunes y permiten atraer capital en condiciones preferentes para proyectos sostenibles.

Además, el país está construyendo la estructura legal y técnica para atraer más inversiones. El Ministerio del Ambiente (MINAM) ha consolidado el Registro Nacional de Medidas de Mitigación (RENAMI), que durante 2025 reconoció estándares de certificación y metodologías para brindar seguridad jurídica, transparencia y trazabilidad a los proyectos de mitigación. Este registro es fundamental para el despegue del mercado de carbono en el país, ofreciendo a los inversores la certeza que necesitan. 

Estos esfuerzos privados y públicos responden a una hoja de ruta climática clara por parte del Estado peruano, que ha reforzado sus compromisos internacionales. En el marco del Acuerdo de París, Perú ha actualizado sus metas climáticas en la denominada NDC 3.0, asumiendo un compromiso de no superar los 179 millones de toneladas de CO₂ equivalente al 2035. La actualización de la NDC incluye un portafolio oficial de 150 medidas climáticas (84 de adaptación y 66 de mitigación), que abarcan sectores clave como energía, transporte y bosques, bajo criterios comunes de trazabilidad. En el sector energético, la promoción de las renovables es la principal medida de mitigación. Proyectos como Babilonia o Illa contribuyen directamente a que Perú pueda cumplir con la trayectoria de emisiones trazada en su NDC.

Asimismo, iniciativas como el registro RENAMI permite que las reducciones de emisiones logradas por proyectos privados puedan ser validadas internacionalmente, evitando la doble contabilidad y atrayendo financiamiento por resultados. Esto crea un círculo virtuoso en el cual las empresas invierten en renovables, reducen emisiones, y pueden generar créditos de carbono que se transan en el mercado internacional, financiando parcialmente los proyectos y contribuyendo a las metas país.

El Perú vive un momento de ebullición en el sector de las energías renovables, la combinación de una política de estado clara alineada con el Acuerdo de París, un portafolio robusto de proyectos de generación y transmisión, y la llegada de financiamiento verde internacional, están sentando las bases para una transformación energética. Las empresas privadas, desde gigantes globales como Zelestra hasta fondos de inversión como CPP y conglomerados locales, son los verdaderos actores de este cambio, demostrando que la lucha contra el cambio climático es también una oportunidad para el desarrollo económico y la creación de un futuro energético más sostenible y seguro para el país. Los desafíos de infraestructura son significativos, pero las inversiones en marcha y el marco legal en consolidación sugieren que Perú está en el camino correcto para superarlos.







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