Para Marco Curi, investigador afiliado al Centro de Estudios sobre China y Asia-Pacífico (CECHAP) de la Universidad del Pacífico, el Perú enfrenta el reto de convertir sus objetivos de transición energética en decisiones concretas de inversión y planificación. Advierte que, sin reglas claras, coordinación institucional y una visión de largo plazo, el país podría perder competitividad frente al avance regional de las energías renovables.

Por Renzo Rojas

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Desde una perspectiva económica y regulatoria, ¿qué reformas urgentes necesita el Perú para acelerar la inversión en energías renovables y cerrar la brecha frente a otros países de la región?

El desafío para las renovables en Perú se encuentra en alinear las reglas del mercado eléctrico con los objetivos ya establecidos. Un primer paso es avanzar en los procesos regulatorios pendientes para dar mayor previsibilidad al sector, como la reglamentación de la Ley 32249. A partir de ello, el foco debería estar en fortalecer otras condiciones habilitantes para la inversión, asegurando reglas claras y estabilidad en el tiempo, junto con una mejor coordinación entre las entidades del sector para que las decisiones avancen en una misma dirección.

En conjunto, se debería apuntar a consolidar un entorno donde las señales de mercado y la política pública respondan a una misma lógica y permitan la incorporación más consistente de nuevas tecnologías. 


Considerando el crecimiento de proyectos solares y eólicos en el sur del país, ¿qué desafíos enfrenta hoy el sistema de transmisión eléctrica para integrar mayor generación renovable sin afectar la estabilidad del sistema?

El principal desafío está en los tiempos y en la capacidad del sistema para anticiparse al crecimiento de la generación. Hoy en día, los proyectos de transmisión no siempre avanzan al mismo ritmo que los de generación, lo que empieza a generar riesgos de congestión y uso ineficiente de la energía disponible.

En ese contexto, más que un problema técnico, el reto es de planificación y ejecución; asegurar que las inversiones en red se concreten a tiempo, con reglas claras y procesos más ágiles. A esto se suma la necesidad de fortalecer la flexibilidad del sistema, incluyendo servicios complementarios, para poder integrar de manera eficiente tecnologías como la solar y la eólica.

«Avanzar hacia una hoja de ruta más vinculante implica no solo alinear el crecimiento de las renovables con la expansión de transmisión y soluciones de almacenamiento».


Marco Curi – Investigador afiliado al Centro de Estudios sobre China y Asia-Pacífico (CECHAP) de la Universidad del Pacífico

En el actual escenario de transición energética global, ¿qué oportunidades estratégicas tiene el Perú para posicionarse en nuevas cadenas de valor, como el hidrógeno verde o la manufactura vinculada a tecnologías limpias?

El Perú tiene una ventana de oportunidad en la transición energética global, pero su aprovechamiento depende principalmente de la capacidad de planificación del Estado. Hoy en día, el país cuenta con ventajas claras como recursos minerales estratégicos y un extenso potencial renovable, pero su inserción sigue concentrada en las primeras etapas de las cadenas de valor, con una limitada generación de valor agregado local.

Por ello, el desafío no es solo identificar nuevas industrias, sino definir una estrategia clara de desarrollo que articule energía, industria y desarrollo productivo, ya que sin una mirada de largo plazo basada en información técnica y una mejor coordinación intersectorial, la transición corre el riesgo de replicar patrones existentes más que transformarlos. 


De cara a un nuevo plan energético nacional, ¿qué metas concretas debería trazarse el Perú en materia de renovables no convencionales, almacenamiento y descarbonización? ¿Se requiere una visión más vinculante y menos declarativa?

Antes de definir nuevas metas, el principal reto hacia un nuevo plan energético nacional es superar el carácter declarativo que ha tenido la política vigente. El Perú ya cuenta con objetivos en renovables y descarbonización, pero estos no siempre se reflejan en decisiones concretas de inversión y planificación del sistema.

En ese sentido, avanzar hacia una hoja de ruta más vinculante implica no solo alinear el crecimiento de las renovables con la expansión de transmisión y soluciones de almacenamiento, sino también mejorar la calidad de la información y garantizar la coordinación institucional sobre la que se toman estas decisiones indistintamente de los ciclos políticos. 







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