Pamela Ceballos, cofundadora de Sissai, analiza los desafíos de implementar una cadena de suministro trazable en la joyería peruana, el valor del oro de origen responsable y el papel de la conservación ambiental en el sector. Además, explica cómo la marca busca integrar la sostenibilidad y la transparencia en su propuesta de valor, en un mercado que exige cada vez más conocer la historia detrás de cada pieza.

Por Stakeholders

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Sissai ha apostado por el uso de oro certificado de origen responsable. Desde la práctica diaria, ¿cuán complejo ha sido implementar una cadena 100% trazable en el Perú y qué garantías concretas le ofrece esto al comprador actual? 

Implementar trazabilidad real en joyería es un proceso complejo porque requiere mirar mucho más allá del producto terminado. No basta con saber quién fabricó la pieza; hay que poder conocer de dónde proviene el metal, bajo qué condiciones fue extraído y cómo se mantiene esa información a lo largo de la cadena. 

En Sissai trabajamos con oro responsable desde hace varios años y hemos ido construyendo con el tiempo nuestros procesos de trazabilidad, manteniendo documentación sobre el origen del material y utilizando herramientas y tecnología que nos permitan seguir esa información hasta la pieza final. 

Para el comprador, la principal garantía es la transparencia. Puede saber que detrás de una joya existe una cadena que ha sido documentada y que el origen del oro no es simplemente una declaración de marca. Creemos que ese conocimiento empieza a formar parte del valor de una joya: no solamente qué material contiene, sino también de dónde viene y cómo llegó hasta nosotros. 

A nivel global, la regulación ambiental y la exigencia de los consumidores están empujando a las marcas a transparentar su impacto. ¿Sientes que el consumidor peruano ya valora la sostenibilidad al momento de comprar una joya, o sigue siendo un atributo que se aprecia principalmente en los mercados de exportación? 

Creo que estamos en un momento de transición. En el mercado peruano, factores como el diseño, la calidad, el material y la confianza en la marca siguen teniendo un peso muy importante en la decisión de compra. Sin embargo, cada vez encontramos más clientes que quieren saber qué hay detrás de la pieza: de dónde viene el oro, si las piedras son naturales, quién la hizo o qué prácticas existen detrás de la marca. 

En clientes internacionales esa conversación suele aparecer de una manera más explícita. Hay mercados donde conceptos como responsible sourcing, trazabilidad o certificaciones ya forman parte de las preguntas habituales antes de comprar. 

Pero también hemos aprendido algo importante: la sostenibilidad funciona mucho mejor cuando deja de ser un concepto abstracto. Decirle a un cliente que una marca es “sostenible” puede significar muchas cosas. En cambio, explicarle hechos concretos o cómo su elección puede contribuir a determinada iniciativa hace que ese compromiso sea mucho más comprensible.

Creo que el consumidor peruano sí está avanzando en esa dirección, pero el reto de las marcas es hacer visible y demostrable el impacto, no simplemente utilizar la sostenibilidad como un atributo de comunicación. 

Recientemente anunciaron una alianza con ARBIO para proteger 1,000 m² de bosque amazónico en Madre de Dios. ¿Cómo nace esta colaboración y de qué manera integran la conservación de la biodiversidad dentro de la narrativa y propuesta de valor de sus piezas? 

Hace algunos años junto con Conservation X-Labs iniciamos nuestra relación con Madre de Dios, con un proyecto de desarrollo para mineros artesanales de la zona y posteriormente con un proyecto de reforestación que hasta el día de hoy manejamos en nuestras tiendas. Fue en esta etapa en donde conocimos del gran trabajo que realizaba ARBIO en materia de investigación y conservación en el bosque Amazónico peruano. Desde ese entonces, quedó como un proyecto pendiente, realizar una alianza con la cual pudiéramos promover y apoyar esta gran labor. 

ARBIO conecta mucho con nuestra escencia y con uno de nuestros mensajes más importantes como marca: conocer el origen cambia la manera en la que valoramos las cosas. 

Durante años hemos trabajado en el origen responsable de nuestros materiales, la trazabilidad y la producción artesanal en Perú. Con ARBIO quisimos ampliar esa mirada hacia otro patrimonio natural del país: nuestra Amazonía. 

A través de Sissai x ARBIO, nuestros clientes tienen la oportunidad de poder contribuir a la protección de 1,000 m² de bosque amazónico en Madre de Dios durante un periodo de un año. Pueden hacerlo al adquirir determinadas piezas de nuestra colección Solitario Mini o sumando un certificado de conservación a la compra de alguna de las joyas de Sissai. 

Lo importante para nosotros es que la conservación no aparezca como algo ajeno al producto. Una joya ya habla de naturaleza a través del oro y de las piedras que utilizamos. Incorporar la conservación nos permite ampliar la conversación hacia la responsabilidad que tenemos frente a esos recursos. 

No queremos que una pieza sea valorada únicamente por cómo se ve. Queremos que también pueda hablar de procedencia, artesanía y de las decisiones que existen detrás de ella. 

Frente a la amenaza latente del greenwashing en la moda y el lujo, ¿cómo aseguran que iniciativas de conservación como la que tienen en Madre de Dios mantengan la transparencia y la medición real de su impacto? 

Para nosotros la primera regla es ser muy específicos sobre qué estamos haciendo y qué no estamos haciendo. 

Por ejemplo, en la iniciativa con ARBIO hablamos de contribuir a la protección de 1,000 m² de bosque amazónico durante un año. No lo presentamos como reforestación, porque se trata de conservar bosque que ya existe; tampoco hablamos de compensación de carbono o neutralidad si eso no forma parte del alcance de la iniciativa. 

Además, decidimos trabajar junto a una organización especializada como ARBIO, que desarrolla directamente las labores de conservación, monitoreo e investigación en Madre de Dios. ARBIO tiene una amplia trayectoria en este tema y la labor de conservación que realizan en Madre de Dios es un gran ejemplo para muchas organizaciones. 

Creemos que para evitar el greenwashing las marcas tenemos que pasar de afirmaciones amplias como “somos sostenibles” a datos precisos y alcances que puedan explicarse con claridad. También significa reconocer que ninguna iniciativa individual resuelve por sí sola un problema ambiental. La sostenibilidad es un proceso continuo y siempre existen aspectos que pueden mejorarse. 

Adicionalmente, como mencionamos anteriormente, los aliados son fundamentales en este proceso, ya que son ellos los que otorgarán credibilidad a cada proyecto, con una trayectoria sólida en temas de conservación y sostenibilidad. 

El Perú es un país con una riqueza minera enorme y una tradición joyera milenaria. Desde su experiencia, ¿qué le falta al ecosistema joyero nacional para dar un salto cuantitativo hacia modelos de negocio más limpios y responsables? 

Tenemos muchísimo potencial. Contamos con una tradición de orfebrería extraordinaria, artesanos altamente especializados, recursos minerales y una identidad cultural que puede diferenciarnos internacionalmente. 

El desafío está en conectar todo eso con cadenas de suministro cada vez más transparentes. 

Necesitamos mayor disponibilidad de materiales trazables, más formalización en las cadenas de extracción, acceso a certificaciones, capacitación técnica y mejores herramientas para documentar el origen de los materiales. También hace falta mayor colaboración entre mineros responsables, diseñadores, talleres, empresas, organizaciones y autoridades. 

Hay además un componente económico importante. Implementar procesos responsables muchas veces supone mayores costos y más trabajo operativo. Para que el cambio escale, esos esfuerzos tienen que poder convertirse también en valor para el negocio. 

Y finalmente necesitamos comunicar mejor. Perú no debería competir internacionalmente únicamente como productor de materias primas. Tenemos la posibilidad de construir una propuesta mucho más potente: joyería diseñada y hecha en Perú, con identidad propia, excelente artesanía y materiales cuyo origen podamos contar con transparencia. 

Para concluir, ¿Cómo imaginas la industria de la joyería peruana de aquí a cinco años y qué llamado harías a otros empresarios y diseñadores del sector que aún dudan en dar el paso hacia la sostenibilidad? 

Me gustaría ver una industria peruana en la que hablar del origen de los materiales sea tan natural como hablar de quilates, diseño o calidad.

Creo que veremos más trazabilidad, más tecnología aplicada a las cadenas de suministro, mayor uso responsable y circular de los materiales y consumidores que exigirán información cada vez más concreta sobre aquello que compran. 

También veo una oportunidad enorme para Perú. El lujo internacional está empezando a valorar cada vez más la procedencia, la artesanía y la autenticidad. Nosotros tenemos esas tres cosas. El reto es convertirlas en una propuesta contemporánea y responsable que pueda competir globalmente. 

La sostenibilidad no debería ser una campaña paralela al negocio. Cuando está bien integrada, puede convertirse en una manera más consciente de construir valor. 

Y creo que ahí existe una gran oportunidad para la joyería peruana: que una pieza pueda ser reconocida no solo por su belleza, sino también por su procedencia, las manos que la hicieron y la historia que puede demostrar detrás de ella.

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