En entrevista para Stakeholders, Su-Lin Garbett-Shiels, embajadora del Reino Unido en Perú, sostiene que la integridad ambiental, la transparencia y el beneficio directo para las comunidades son condiciones indispensables para convertir los créditos de carbono en una herramienta efectiva frente a la crisis climática. Además, analiza el potencial del Perú para posicionarse como una potencia global en créditos de carbono de alta integridad.

Por Stakeholders

Lectura de:

El concepto de “alta integridad” se ha vuelto central dentro de la discusión climática. ¿Qué elementos considera indispensables para que un crédito de carbono pueda ser considerado realmente confiable y de alto valor ambiental?

Creo que primero es importante entender el contexto del mercado de carbono. Un crédito de carbono es un certificado que representa una tonelada de CO₂ evitada o eliminada gracias a un proyecto ambiental, y esta se puede ser adquirida por una empresa, Gobierno o persona natural para compensar total o parcialmente actividades que genera emisiones de carbono, definiendo un precio en el mercado regulado o voluntario que contribuye a la conservación de los bosques.

En este contexto, un crédito de alta integridad debe tener un impacto real; es decir se debe verificar que la reducción de emisiones ocurrió efectivamente. También debe ser permanente en el tiempo, el carbono capturado o evitado debe mantenerse así a largo plazo. El proceso de Reporte, Monitoreo y Verificación debe ser transparente y sin doble conteo. Finalmente, es clave que los proyectos garanticen beneficios sociales y ambientales para las comunidades locales.

En síntesis: sin integridad no hay confianza, ni inversión, ni impacto climático real.

Perú posee una de las mayores reservas de biodiversidad y ecosistemas estratégicos de la región. Desde su perspectiva, ¿qué condiciones necesita el país para consolidarse realmente como una potencia global en créditos de carbono de alta integridad?

Perú tiene gran potencial porque alberga una de las mayores extensiones de la Amazonía, lo que permite generar reducciones de emisiones a gran escala a través de la protección de bosques. Pero consolidarse como líder requiere tres condiciones:

Primero, reglas claras para ambos mercados. El regulado bajo el Artículo 6 del Acuerdo de París, permite transacciones entre países; mientras que el voluntario conecta proyectos con empresas. Ambos pueden financiar las Contribuciones Nacionalmente Determinadas (NDC). Las NDC son el plan colectivo del mundo contra el cambio climático.

Segundo, liderazgo y coordinación. La participación de Perú en la Coalición para el Crecimiento de los Mercados de Carbono (Coalition to Grow Carbon Markets), no solo constituye un esfuerzo internacional para poner reglas claras, sino que permite atraer inversión. Otro ejemplo de liderazgo global es la Declaración Conjunta de Intención entre Noruega, Alemania y el Reino Unido porque facilita el acceso a mercados de carbono y busca asegurar pagos por resultados en reducción de deforestación, alineando a todos los actores del ecosistema.

Tercero, todo depende de contar con un sistema estatal sólido de Monitoreo, Reporte y Verificación. Programas como AIM4Forests (Accelerating Innovative Monitoring for Forests) apoyan su desarrollo; sin ello, no habrá mercados de carbono creíbles ni inversión a escala.

En los últimos años, el mercado voluntario de carbono ha enfrentado cuestionamientos sobre transparencia y efectividad climática. ¿Cómo garantizar que los créditos de carbono generados en Perú mantengan estándares sólidos de integridad ambiental y credibilidad internacional?

Es importante trabajar desde dos frentes. Por el lado de la oferta, es indispensable contar con estándares altos con impacto comunitario. Apostar por ART TREES (Architecture for REDD+ Transactions – Environmental Excellence Standard) permite acceder a mercados de alta calidad y escalar iniciativas comunitarias. Además, avances como el Registro Nacional de Medidas de Mitigación liderados por el Ministerio del Ambiente fortalecen la transparencia, la trazabilidad y la verificación independiente.

Por el lado de la demanda, El Reino Unido apoya a que Perú pueda comercializar en el marco de la Coalición LEAF (Lowering Emissions by Accelerating Forest Finance) para facilitar transacciones de créditos de carbono con ventajas reputacionales y comerciales. LEAF busca movilizar financiación pública y privada, pagar por resultados en reducción de deforestación y crear un mercado confiable de créditos forestales a partir de estándares rigurosos y con salvaguardas. En conjunto, esto permite que los créditos peruanos sean creíbles, atractivos para inversión y con impacto climático real.

«Los mercados de carbono son parte de la solución, pero solo si todos actúan de forma coordinada. Los gobiernos deben crear reglas claras e integrar los mercados de carbono dentro de su política económica».

Uno de los principales debates en torno a los mercados de carbono es el impacto real en las comunidades locales. ¿Cómo asegurar que los beneficios económicos de estos proyectos lleguen efectivamente a poblaciones indígenas y territorios que protegen ecosistemas clave?

Primero, se deben asegurar beneficios directos y la participación de las comunidades. Los proyectos deben incluir mecanismos claros para repartir ingresos, consultar a las comunidades y financiar medios de vida sostenibles.

El Reino Unido ha apoyado la movilización de inversión del Banco Mundial a través de SCALE (Scaling Climate Action by Lowering Emissions), que financiará el programa de Reducción de Emisiones por Deforestación y Degradación de Bosques (REDD+) Indígena, cubriendo el 11% de los bosques del Perú. Esta iniciativa puede demostrar el potencial del liderazgo indígena a gran escala. REDD+ implica pagar por proteger los bosques, ya que así se evitan emisiones de carbono.

Segundo, poner a las comunidades en el centro. Iniciativas lideradas por organizaciones indígenas están empezando a acceder directamente a financiación internacional para desarrollar sus propios proyectos sostenibles.

Por ejemplo, el Fondo Multidonante para la Bioeconomía Amazónica del Banco Interamericano de Desarrollo – al que contribuye el Reino Unido – financia proyectos de economía indígena que generan ingresos sostenibles y destina al menos el 25% de sus recursos a pueblos indígenas y comunidades locales.

En resumen, los mercados de carbono funcionan cuando las comunidades reciben beneficios claros, participan en las decisiones y lideran la protección de sus territorios.

Usted participará en el panel “Perú: Potencia global en créditos de carbono de alta integridad” del Peru Carbon Forum 2026. ¿Cuál considera que será el principal mensaje o reflexión que busca aportar en esta discusión?

Mi mensaje principal es que Perú tiene el potencial para convertirse en un líder global en créditos de carbono, pero ese liderazgo debe estar conectado con su modelo de crecimiento.

El cambio climático ya tiene un impacto económico real. Fenómenos como El Niño afectan la producción agrícola, la infraestructura y los precios, generando pérdidas significativas para la economía. Ignorar estos riesgos no es una opción: deben integrarse en la planificación económica.

Al mismo tiempo, Perú tiene una gran oportunidad de replantear su modelo de crecimiento a partir de la bioeconomía, la cual cuenta con alta demanda internacional y potencial de desarrollo. Muchos créditos de carbono se pueden generar a partir de iniciativas de bioeconomía, lo que a su vez permite diversificar ingresos a los usuarios del bosque y hacer que protección de éstos sea económicamente viable a gran escala.

Para consolidar este potencial, se necesitan crear incentivos económicos claros que premien la producción sostenible. Esquemas como bancos de hábitat, que el Reino Unido apoya a través del programa UK PACT (Partnering for Accelerated Climate Transitions) contribuye a proteger los bosques y atraer inversión privada. Hay que conectar mercados internacionales con proyectos en territorio.

Finalmente, en un contexto donde la crisis climática exige acciones más ambiciosas, ¿qué rol deberían asumir los gobiernos, empresas y organismos internacionales para fortalecer mercados de carbono que realmente contribuyan a reducir emisiones y proteger ecosistemas?

A pesar de todos los esfuerzos conjuntos por mantener el incremento de la temperatura del planeta por debajo de 1.5°C, la verdad es que vamos hacia unos 2.7 °C, lo que ya está provocando eventos climáticos extremos cada vez más frecuentes. En un escenario grave, esto se traduciría en un impacto negativo en el Producto Bruto Interno mundial de aproximadamente el 18 % para 2050.

Los mercados de carbono son parte de la solución, pero solo si todos actúan de forma coordinada. Los gobiernos deben crear reglas claras e integrar los mercados de carbono dentro de su política económica. Esto incluye mecanismos de compensación o impuestos al carbono, para enviar una señal de precio clara que incentive la reducción de emisiones. Las empresas deben invertir en créditos de alta integridad como complemento – no sustituto – de reducir sus propias emisiones, y apoyar el desarrollo de proyectos a gran escala. Y los organismos internacionales deben facilitar financiación, estándares y asistencia técnica, reduciendo riesgos para atraer inversión privada.

El Reino Unido está orgulloso de su liderazgo en temas de clima y tiene la meta de reducir al menos un 81 % de todas sus emisiones de gases de efecto invernadero para 2035, en comparación con los niveles de 1990. En este contexto, queremos convertir los mercados de carbono en una herramienta real para reducir emisiones y proteger la naturaleza.

Y tenemos que hacerlo a tiempo. Esto significa asegurar que no tengamos que explicar a las futuras generaciones por qué no actuamos con la ambición necesaria cuando aún estábamos a tiempo de mantenernos cerca de 1,5 °C.







Continúa con tu red social preferida

Al continuar serás un suscriptor gratuito

O continúa tu correo.

Escriba su correo electrónico con el que se suscribió para acceder

Suscríbete

Ya me suscribí.