En un contexto donde el 70% de los empleadores en Perú afirma tener dificultades para encontrar talento adecuado. Tatiana Tuesta sostiene que la clave está en flexibilizar la formación, integrar la inteligencia artificial y promover la empleabilidad desde el inicio, para que los jóvenes no tengan que elegir entre estudiar y trabajar, sino potenciar ambos frentes al mismo tiempo.

Con metodologías activas, herramientas digitales y empleabilidad temprana, la institución busca responder a un mercado laboral que exige perfiles flexibles y altamente competitivos.

Por Bryam Esquen Del Carmen

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La educación superior en Latinoamérica enfrenta un cambio estructural: una generación de jóvenes que estudia, trabaja y emprende de manera simultánea. Según el World Economic Forum, el 70% de los empleadores en Perú tiene dificultades para encontrar perfiles que se adapten a sus necesidades, mientras que en la región existen más de 600.000 puestos técnicos vacantes cada año por falta de talento calificado. Este escenario obliga a las instituciones educativas a replantear sus modelos, flexibilizar horarios y metodologías, e incorporar herramientas digitales e inteligencia artificial para responder a estudiantes que buscan aplicar lo aprendido de inmediato y compatibilizar su formación con la vida laboral y personal.

En este contexto, Tatiana Tuesta, gerente general del Instituto de Educación Superior CERTUS, explica cómo las instituciones deben adaptarse a esta nueva realidad. Desde su experiencia, plantea que el reto no es solo académico, sino también cultural: diseñar programas que integren metodologías activas, casos reales de empresas y empleabilidad temprana, de modo que los jóvenes no tengan que elegir entre estudiar y trabajar, sino que puedan potenciar ambos frentes al mismo tiempo.

¿Cómo está cambiando la educación superior frente a una generación que estudia, trabaja y emprende al mismo tiempo?

Nuestro fin siempre es y será adaptarnos a las necesidades de nuestros estudiantes. El mundo cambia y nosotros debemos cambiar con él; ese cambio, sin embargo, nunca debe perder su esencia: lograr que nuestros estudiantes y egresados sean muy atractivos para el mercado laboral.

Día a día, nuestro reto es entender el modo de pensar y operar de los jóvenes, y la nueva dinámica y las necesidades de las empresas. Nuestros estudiantes, por ejemplo, hoy buscan aplicar lo que aprenden de manera inmediata.

Para cumplir con estas premisas, las instituciones hoy nos vemos obligadas a dejar de diseñar la formación para un estudiante «de tiempo completo» que en la práctica ya no es el más común, y a pensar en rutas que se adapten a su realidad: horarios flexibles, contenidos aplicables desde el primer momento y una experiencia de aprendizaje que no le exija elegir entre formarse y sostenerse.

¿Qué ajustes curriculares o metodológicos considera necesarios para responder a esta nueva realidad?

Es fundamental que los planes de estudio incorporen metodologías activas que permitan aprender haciendo. En nuestro caso, incorporamos en nuestras mallas casos reales de empresas: desafíos que estas enfrentan y que nuestros estudiantes discuten y resuelven en clase, aplicando los recursos aprendidos. Esas soluciones luego se llevan y se exponen directamente a los equipos directivos de esas empresas, para su aplicación.

Los estudiantes están ávidos por aprender, sentirse útiles y por eso, resuelven retos reales, desarrollan proyectos, trabajan en equipo y enfrentan situaciones similares a las que encontrarán en una empresa o emprendimiento.

También es importante integrar herramientas digitales e inteligencia artificial de manera transversal en todos sus programas académicos, para así desarrollar su pensamiento crítico, toma de decisiones, capacidad de argumentación y fortalecer sus competencias de empleabilidad. En Certus ofrecemos formatos de aprendizaje flexibles que permitan compatibilizar el estudio con otras responsabilidades. La educación debe adaptarse a la vida de los estudiantes, sin renunciar a la calidad académica.

¿De qué manera la combinación de estudio y trabajo fortalece las competencias que buscan las empresas?

La combinación de estudio y trabajo genera un círculo virtuoso. Los estudiantes aplican de inmediato los conocimientos adquiridos en clase y, al mismo tiempo, llevan sus experiencias reales al proceso de aprendizaje.

Es fantástico escuchar una clase y saber que eso que hoy se discute, lo viviste hace un rato en tu trabajo; o que lo que aprendiste hoy en clase lo estás aplicando de inmediato en la vida real, ya sea en la empresa donde trabajas o en tu propio emprendimiento. No tienes que esperar a terminar la carrera para aplicarlo: lo haces en la «cancha», con los casos reales que se viven día a día en la misma dinámica de clase.

Esto acelera el aprendizaje de nuestros estudiantes de una forma increíble: ponen en práctica lo que aprenden casi de inmediato y regresan con preguntas mucho más precisas. De esta forma, conectan con lo que hoy buscan las empresas: capacidad de resolver problemas, liderazgo, empatía, gestión del tiempo y una curva de aprendizaje mucho más rápida dentro de cualquier organización. No es que la experiencia laboral complemente la formación; en la práctica, la potencia.

¿Qué habilidades blandas y técnicas considera que son hoy más valoradas en los jóvenes que combinan formación y empleo?

En el terreno de las habilidades blandas, destaco tres: la gestión del tiempo y las prioridades, que se vuelve indispensable cuando se combinan varios roles a la vez; la adaptabilidad, porque este perfil de estudiante enfrenta cambios constantes en su día a día; y la comunicación, clave para moverse con soltura entre distintos entornos: el aula, el trabajo y, muchas veces, su propio emprendimiento.
En lo técnico, considero importante especialmente el análisis de datos, pensamiento analítico y el manejo de herramientas digitales aplicadas a su campo, porque son las que le permiten a un joven aportar valor desde el primer día en cualquier equipo, sin necesitar una curva de adaptación larga.

¿Cuáles son los principales desafíos que enfrentan los jóvenes al equilibrar estudio, trabajo y proyectos propios?

El desafío más evidente es el tiempo: hay solo 24 horas y este perfil de estudiante las reparte entre tres frentes que exigen atención simultánea. Muchas veces tienen necesidades económicas demandantes, por lo que el dejar de trabajar no es una opción, necesitan una institución que entienda su ritmo de vida y que los ayude a potenciar su aprendizaje y sus oportunidades profesionales; para este fin, el acompañamiento es clave.

Trabajamos con metodologías de aprendizaje aplicado, desarrollamos proyectos vinculados a situaciones reales, incorporamos herramientas de inteligencia artificial en distintas carreras y promovemos la empleabilidad temprana. Nuestro objetivo es que los estudiantes no solo obtengan un título, sino que progresen profesionalmente incluso antes de egresar.

¿Cómo CERTUS está adaptando su propuesta educativa a esta nueva realidad?

En CERTUS partimos de una convicción: no formamos estudiantes, formamos talento que ya está activo en el mercado o muy próximo a estarlo. Por eso venimos fortaleciendo modalidades más flexibles, que permiten a cada estudiante avanzar según su disponibilidad real, sin sacrificar la calidad educativa ni nuestro nivel de exigencia.

Además, estamos reforzando la conexión entre lo que se aprende y lo que el mercado laboral demanda, trabajando de la mano con el sector productivo para que la empleabilidad se construya desde el inicio de la formación, no al final. Nuestro compromiso es que cada estudiante encuentre en CERTUS una experiencia que se adapte a su vida, y no al revés.

¿Cree que este modelo de combinar estudio, trabajo y emprendimiento se consolidará como tendencia en Latinoamérica?

Creo que ya dejó de ser una tendencia para convertirse en la nueva normalidad. En Latinoamérica este modelo responde además a una realidad estructural: una proporción muy alta de jóvenes necesita generar ingresos mientras estudia, y cada vez más ven en el emprendimiento una vía real para desarrollarse profesionalmente.

A esto se suma una paradoja que no podemos ignorar: solo en la región hay más de 600.000 puestos técnicos vacantes cada año por falta de talento calificado. Eso confirma que el reto no es de empleo, sino de formación pertinente, y ahí es donde instituciones como CERTUS tenemos un rol clave que cumplir. Además, según el World Economic Forum, el 70% de los empleadores en Perú tiene dificultades para encontrar perfiles que se adapten a las necesidades de su empresa.

En Certus ese perfil se construye con metodologías que trabajan de la mano con los empleadores y con la empleabilidad temprana: el estudiante vive de cerca su futuro entorno laboral mientras estudia, lleva a su trabajo lo aprendido en su formación, y trae de vuelta a su formación lo que vive en el trabajo.

¿Qué cambios estructurales deberían impulsar las instituciones y el Estado para potenciar esta dinámica?

Desde las instituciones, el cambio más urgente es flexibilizar los modelos educativos sin perder rigor, así mismo, promover incentivos claros para que las empresas apuesten por el talento joven en formación, y también por los jóvenes de educación técnica. El Perú necesita más profesionales técnicos y tenemos la responsabilidad de abrirles más oportunidades para desarrollarse y aportar al crecimiento del país.

Si logramos que academia, empresa y Estado avancen en la misma dirección, esta nueva realidad de los jóvenes deja de ser un desafío individual y se convierte en una
oportunidad colectiva. Porque cuando un joven puede estudiar, trabajar y construir su proyecto de vida al mismo tiempo, no solo transforma su futuro: contribuye también al progreso de su familia, de su comunidad y del país.

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