Las decisiones de consumo ya no se basan únicamente en el precio, la calidad o la funcionalidad de un producto. Cada vez más personas buscan conocer el impacto ambiental y social de aquello que compran, desde alimentos hasta cosméticos, impulsando una transformación en las estrategias de las empresas y en la forma de comunicar sus prácticas de producción.
Esta tendencia también se refleja en Perú. Según cifras citadas por el sector, el 64% de los hogares tiene una mascota, una realidad que ha fortalecido la sensibilidad de los consumidores hacia temas vinculados con el bienestar animal. En paralelo, un estudio de NielsenIQ revela que el 70% de los consumidores considera importante adquirir productos respetuosos con el medio ambiente y producidos de manera ética, incluyendo aspectos relacionados con la protección de los animales.
La sostenibilidad gana peso en las decisiones de compra
El creciente interés por el consumo responsable está llevando a las empresas a revisar sus procesos y fortalecer sus compromisos ambientales y sociales.
En la industria cosmética, esta evolución se refleja en una mayor exigencia por parte de los consumidores, quienes buscan comprender qué hay detrás de los productos que utilizan a diario y cómo estos son desarrollados.
“El cuidado del planeta y el respeto a los animales se ha consolidado como una prioridad en la industria. En ese sentido, las personas hoy buscan conocer cada vez más los procesos detrás de los productos que consumen a diario, y el sector tiene la responsabilidad de responder con transparencia”, señaló Elsa Grández Garay, gerente de Sostenibilidad y Comunicación Externa de Belcorp.
El avance tecnológico ha permitido que la evaluación de productos cosméticos evolucione hacia métodos más precisos y sostenibles.
Actualmente existen herramientas científicas como pruebas in vitro, cultivos celulares y modelos de piel en tres dimensiones que permiten analizar la seguridad y el comportamiento de ingredientes cosméticos sin recurrir al uso de animales.
Estas alternativas se han convertido en una de las principales respuestas de la industria frente a consumidores que demandan procesos más éticos y transparentes.
Certificaciones ayudan a identificar prácticas responsables
A medida que aumenta el interés por productos libres de crueldad animal, las certificaciones externas cumplen un rol cada vez más relevante en la decisión de compra.
Uno de los programas más reconocidos es el Cruelty Free International Approval Programme, iniciativa que evalúa a las marcas que han eliminado las pruebas en animales dentro de su cadena de suministro.
La certificación contempla revisiones periódicas de proveedores, auditorías independientes y mecanismos de control destinados a verificar el cumplimiento de estos compromisos.
Los consumidores también pueden consultar el directorio oficial de Cruelty Free International para comprobar si una marca mantiene vigente esta aprobación. Asimismo, los reportes de sostenibilidad permiten acceder a información sobre la gestión de proveedores, materias primas e ingredientes utilizados en la producción.
Las empresas buscan responder a nuevas expectativas
Adaptarse a estas exigencias implica un trabajo continuo que involucra a todos los actores de la cadena de valor.
Según Grández, la obtención de certificaciones internacionales representa una evidencia concreta de los compromisos asumidos por las empresas frente a los consumidores.
“En Belcorp, nuestras marcas L’BEL, ÉSIKA y Cyzone se encuentran aprobadas por el Cruelty Free International Approval Programme. Obtener este sello de aprobación, al cumplir con los rigurosos estándares del programa, demuestra el compromiso de una marca con el desarrollo de productos libres de crueldad animal. De esta forma, contribuimos a promover prácticas cada vez más responsables en la industria”, afirmó.
Un consumidor más informado y exigente
La tendencia hacia un consumo consciente está impulsando cambios que van más allá de una moda pasajera. Hoy, los consumidores demandan información clara sobre el origen de los productos, los procesos de producción y el impacto que generan en el entorno.
Para las empresas, responder a estas expectativas no solo implica adoptar prácticas más sostenibles, sino también fortalecer la transparencia y la confianza en un mercado donde la responsabilidad ambiental y social se ha convertido en un factor cada vez más valorado.









