Los eventos climáticos extremos pueden detener una empresa incluso si sus instalaciones no sufren daños directos. Una carretera bloqueada, un proveedor que deja de operar o una fuente de agua comprometida bastan para interrumpir operaciones y elevar costos. “El cambio climático dejó de ser una externalidad ambiental: hoy puede afectar directamente el flujo de caja, los activos y la continuidad de una empresa”, advierte Patricia Larios, profesora de la Universidad del Pacífico.
Sectores como agricultura, agroindustria, pesca, minería, energía, transporte y turismo figuran entre los más expuestos por su dependencia de recursos naturales e infraestructura. Sin embargo, la vulnerabilidad también depende de la capacidad financiera y operativa de cada organización para anticiparse, absorber impactos y recuperarse.
Cinco decisiones estratégicas
La especialista plantea cinco medidas concretas para reducir riesgos y fortalecer la continuidad del negocio:
- Identificar operaciones críticas; reconocer instalaciones, proveedores y recursos cuya interrupción comprometería la empresa.
- Evaluar la ubicación de riesgos; analizar plantas, almacenes y rutas logísticas frente a inundaciones, huaicos o sequías.
- Diversificar proveedores y fuentes de abastecimiento; depender de un único territorio o ruta incrementa la exposición.
- Proteger recursos esenciales como agua y energía; evaluar disponibilidad, mejorar eficiencia y contar con alternativas de abastecimiento.
- Preparar escenarios de continuidad; definir cómo responder ante interrupciones, qué operaciones priorizar y cuánto tiempo sostenerse bajo condiciones adversas.
Estas medidas pueden complementarse con inversiones en eficiencia energética, digitalización y procesos circulares. Incorporar el riesgo climático en la gestión empresarial no significa evitar todos los impactos, sino reducir la vulnerabilidad antes de que ocurran. Anticiparse puede marcar la diferencia entre enfrentar una contingencia temporal o comprometer la continuidad del negocio.









