Durante años, las familias que tienen terrenos para construir no contaban con los recursos para hacerlo. Sin embargo, las cifras recientes del programa Techo Propio muestran una resolución a esa necesidad por los programas Adquisición de Vivienda Nueva (AVN) y, principalmente, Construcción en Sitio Propio (CSP).
En 2025 se desembolsaron 32,671 bonos para CSP, frente a 12,429 para AVN. La primera modalidad creció 38.3% en apenas un año, mientras que AVN avanzó solo 2.9%. Entre estos datos, CSP pasó de representar 66% de los bonos de estas dos modalidades en 2024 a 72.5% en 2025.
En esa línea, la construcción sobre terrenos propios (CSP) movilizó más de S/1,132 millones, frente a los más de S/589 millones destinados a AVN. Inclusive, el programa sigue avanzando a pasos agigantados pese a la reducción de recursos destinados a él. En otras palabras, construir sobre un terreno que la familia ya posee se está convirtiendo en una de las principales vías de acceso a una vivienda formal en el país.
Para 2026, el Ministerio de Vivienda lanzó una primera convocatoria nacional de CSP por hasta 14,880 bonos, con una inversión superior a S/519 millones. La convocatoria está distribuida entre las 24 regiones del país. Esto quiere decir que el mercado de vivienda social está encontrando una oportunidad en un modelo que aprovecha un activo que muchas familias ya poseen y lo convierte en una vivienda formal.
En 2025, La Libertad, Piura, Ica, Lambayeque y San Martín concentraron más del 50% de los bonos otorgados por Techo Propio en CSP y AVN. La Libertad, por ejemplo, registró 2,197 hogares beneficiados por el primer programa. No obstante, esto evidencia, a excepción de San Martín, que la construcción formal de la vivienda social se concentra en la costa.
Los últimos datos del INEI muestran, además, que la realidad habitacional peruana sigue siendo profundamente heterogénea. En 2024, 2.1% de los hogares presentaba déficit cuantitativo de vivienda a nivel nacional y 2.6% en las zonas urbanas. Es decir, existe una brecha cualitativa vinculada con las condiciones y características de las viviendas existentes. La Construcción en Sitio Propio puede convertirse en una pieza importante de esa respuesta y la participación del sector privado puede ayudar a convertir ese programa en una oportunidad de desarrollo territorial.
Para las empresas vinculadas al financiamiento y al mercado inmobiliario, esto también representa una oportunidad de sostenibilidad. Financiar vivienda social no debería entenderse únicamente como una actividad con impacto financiero. También puede ser una estrategia para generar inclusión, promover la formalización de la construcción y dinamizar economías locales. Por eso, no se debe disminuir la capacidad del programa para atender a miles de familias y se le debería destinar más recursos.
El Perú necesita construir más, pero también necesita construir de manera más descentralizada. Ahora los programas de Techo Propio impulsados por el Fondo Mivivienda deben conseguir que ese crecimiento no se concentre únicamente donde ya existe una industria de construcción madura. La verdadera oportunidad está en lograr que el capital, la capacidad técnica y la innovación financiera acompañen al bono hasta las regiones donde todavía hay familias que tienen un terreno, pero no una vivienda adecuada.









