La herramienta Forest Foresight ya opera en municipios de la Chiquitanía boliviana y ha contribuido a reducir la pérdida de cobertura forestal en áreas vulnerables. La iniciativa apuesta por la prevención en un país que perdió 12,6 millones de hectáreas por incendios durante 2024.

Foto: Stakeholders.

Por Stakeholders

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Los incendios forestales se han convertido en una de las principales amenazas ambientales de Bolivia. Solo en 2024, el país registró alrededor de 12,6 millones de hectáreas afectadas por el fuego, una de las cifras más altas de su historia reciente. La magnitud de la crisis dejó en evidencia las limitaciones de los sistemas tradicionales de prevención y respuesta, especialmente en territorios extensos y de difícil acceso.

En ese contexto, la inteligencia artificial comienza a ganar protagonismo como una herramienta para anticipar riesgos y reducir la deforestación. La apuesta consiste en actuar antes de que aparezcan los incendios, identificando patrones de riesgo y focalizando los esfuerzos de vigilancia en las zonas más vulnerables.

Las perspectivas para los próximos años mantienen en alerta a especialistas y organizaciones ambientales.

Las proyecciones climáticas indican que el fenómeno de El Niño podría intensificar las condiciones de sequía y elevar las temperaturas en distintas regiones del país, especialmente entre octubre y diciembre, periodo considerado crítico para la ocurrencia de incendios forestales.

La combinación de vegetación seca, calor extremo y expansión de actividades humanas aumenta la probabilidad de nuevos megaincendios en territorios como la Amazonía boliviana y la Chiquitanía.

Según el Centro de Investigación y Promoción del Campesinado (CIPCA), Bolivia enfrenta además limitaciones estructurales para responder a estas emergencias, entre ellas la insuficiente capacidad aérea para combatir incendios, la escasez de brigadistas especializados y la expansión continua de la frontera productiva.

Forest Foresight: tecnología para anticipar amenazas

Frente a este escenario surgió Forest Foresight, una plataforma desarrollada por WWF Países Bajos e implementada en Bolivia a través de WWF Bolivia y la Sociedad Boliviana de Derecho Ambiental.

La herramienta combina monitoreo territorial, análisis ambiental e inteligencia artificial predictiva para detectar áreas con alta probabilidad de sufrir deforestación ilegal o incendios forestales.

Su propósito es identificar amenazas antes de que se conviertan en emergencias de gran escala y facilitar una respuesta temprana por parte de autoridades, comunidades y organizaciones encargadas de la conservación.

Durante los últimos dos años, el sistema ha sido aplicado en municipios estratégicos como Concepción y Charagua, ubicados en el Bosque Seco Chiquitano, uno de los ecosistemas más importantes y biodiversos de Sudamérica.

La Chiquitanía fortalece su vigilancia ambiental

La implementación de esta tecnología permitió crear el primer centro de monitoreo ambiental de la Chiquitanía Norte, fortaleciendo la capacidad de los gobiernos locales para vigilar la pérdida de cobertura forestal y responder oportunamente ante actividades ilegales.

Posteriormente, la experiencia se amplió a otros municipios especialmente afectados por la deforestación y los incendios, entre ellos San Ignacio de Velasco, Ascensión de Guarayos y Magdalena, en el departamento del Beni.

La información generada por Forest Foresight también ha contribuido a reforzar geovisores y sistemas de vigilancia ambiental utilizados para identificar áreas críticas y orientar acciones preventivas.

Uno de los resultados más destacados se registró en la región de Tucabaca.

De acuerdo con los datos reportados por la Dirección de Conservación Patrimonial (DICOPAN), el uso de herramientas de monitoreo y predicción permitió reducir significativamente la superficie afectada por la deforestación.

La pérdida de bosque descendió de aproximadamente 200 hectáreas a 62 hectáreas, un resultado que evidencia el potencial de estas tecnologías para mejorar la gestión territorial y prevenir actividades que ponen en riesgo los ecosistemas.

El Bosque Seco Chiquitano ocupa una posición estratégica entre la Amazonía, el Chaco y el Cerrado, lo que le permite albergar una gran diversidad de especies y ecosistemas.

Sin embargo, esa riqueza biológica convive con amenazas constantes asociadas a la expansión agrícola, la ganadería, la tala ilegal y los incendios forestales.

La región cuenta con una amplia red de conservación integrada por áreas protegidas nacionales, reservas municipales, unidades de conservación patrimonial, reservas privadas y territorios indígenas. A pesar de ello, las presiones sobre el bosque continúan creciendo.

Tecnología y comunidades para prevenir los incendios del futuro

La experiencia boliviana demuestra que la inteligencia artificial puede convertirse en una aliada estratégica para enfrentar la crisis climática y la pérdida de bosques.

Al identificar patrones de riesgo antes de que ocurran los incendios, herramientas como Forest Foresight permiten optimizar recursos, fortalecer los sistemas de vigilancia y mejorar la capacidad de respuesta de las autoridades y comunidades locales.

En un escenario marcado por sequías más frecuentes, temperaturas más elevadas y una creciente presión sobre los ecosistemas forestales, la combinación de innovación tecnológica, monitoreo permanente y participación comunitaria aparece como una de las alternativas más prometedoras para proteger los bosques antes de que el fuego avance.

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