Jorge Cajacuri, fundador de CAXACORI STUDIO, explica cómo desarrolla biomateriales a partir de recursos naturales de la Amazonía, articula a comunidades nativas y enfrenta los desafíos de financiamiento y producción para impulsar una industria de la moda más sostenible y regenerativa.

Por Stakeholders

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La industria de la moda enfrenta cuestionamientos por su impacto ambiental. ¿Qué problema identificaste en este sector y cómo evolucionó tu propuesta para desarrollar biomateriales a partir de recursos naturales de la Amazonía?

Actualmente la industria de la moda es una de las más contaminantes del planeta, por los pasivos ambientales que genera como la contaminación, la explotación y la deforestación. En CAXACORI STUDIO estamos convencidos de que la moda puede convertirse en una industria sostenible que ofrezca soluciones a las necesidades del planeta y de las personas, por eso diseñamos nuevas propuestas de biomateriales de economía circular, que ayudan a preservar bosques amazónicos y empoderan familias de la selva.

El biomaterial es solo una parte de nuestra propuesta, el reto es cambiar el sistema, la cadena completa: quién recolecta, cómo se le paga, cómo se diseña y quién compra. Por eso hoy no solo hablamos de nuevas alternativas de materiales sostenibles, sino de construir una cadena justa y regenerativa con lo natural como eje.

Después de doce años de trabajo, ¿qué avances han logrado y qué ha sido lo más difícil de resolver para llegar a una propuesta viable?

Si miro hacia atrás, desde el primer día que empezamos el proyecto, cuando solo teníamos una idea, y doce años después, ver lo que hemos logrado, ha sido un viaje de autodescubrimiento y resiliencia. Empezamos este proyecto por pasión y nos chocamos con la realidad: no había ingenieros idóneos, instituciones que no tenían interés, sin financiamiento, sin alianzas, y fuimos construyéndolo día a día. Hoy tenemos un sistema de trabajo e impacto validado, formulaciones, aliados, y un equipo de profesionales enfocados en mejorar cada vez nuestra propuesta de biomateriales y hacerlos más resistentes y competitivos.

Ustedes trabajan con la comunidad Awajún COPINDI para aprovechar el látex de shiringa sin talar árboles. ¿Cómo logran generar ingresos para las familias y conservar el bosque?

Se construye con transparencia y compromiso. Trabajamos la cadena de shiringa con la organización nativa Awajún COPINDI en la Reserva Comunal Tuntanain. Las familias nativas recolectan el látex silvestre sin talar los árboles y respetando sus ciclos. El principio es que el bosque en pie debe valer más que el bosque talado. La comunidad recibe un ingreso justo por un recurso que se aprovecha sin deforestar, la conservación deja de ser un sacrificio y pasa a ser su mejor opción económica.

¿Qué necesitan resolver para aumentar la producción sin perder calidad y cumplir con las exigencias de mercados como el europeo?

Para nosotros, escalar significa crecer en capacidad de producción y en impacto, y los desafíos principales son financiamiento y estandarización. Hemos crecido en parte con financiamiento de organizaciones como ProInnóvate, Profonanpe, entre otros, y también con las ventas generadas por nuestros diseños, pero pasar de volúmenes pequeños a pedidos mayores requiere capital para equipos y presencia comercial en ferias y eventos. En lo técnico, escalar significa mantener la calidad lote a lote y cumplir requisitos de mercados como el europeo, incluido el reglamento antideforestación de la UE (EUDR). Y en impacto es aumentar familias nativas y bosques preservados.

¿Qué indicadores utilizan para demostrar que su modelo genera resultados ambientales y sociales?

No medimos el impacto solos: lo hacemos en alianza con el SERNANP, guardabosques de la Reserva Comunal Tuntanain, y con las comunidades nativas organizadas que patrullan el territorio. Gracias al acuerdo de conservación que tenemos los árboles de shiringa están geolocalizados, lo que nos permite monitorear 100 hectáreas dentro de la reserva y 7 602 en su zona de amortiguamiento. En lo social, medimos el bienestar que genera el bosque en pie: compramos toda la producción de caucho silvestre a un precio superior al del mercado y fortalecemos las capacidades comerciales de las 59 familias beneficiarias, para que conservar sea su mejor opción. No solo se trata de dinero que ingresa en las comunidades nativas producto de su propio trabajo y esfuerzo, es calidad de vida y ganas de crecer, e invertirlo en mejor salud, alimentación entre otros.

Desde tu experiencia, ¿qué cambios necesita el ecosistema peruano de innovación para que proyectos basados en ciencia y biomateriales puedan pasar de la experimentación a la producción comercial?

En el Perú hay muchas ideas y talento. Los fondos de financiamiento son muy importantes para iniciar un proceso de innovación, pero hay innovaciones que requieren más tiempo para concretarse y, además, infraestructura técnica accesible: laboratorios, centros de innovación y plantas piloto donde un emprendimiento pueda probar, moldear y escalar sin comprar su propia maquinaria.
Considero que la educación es muy importante, y se puede lograr mucho alimentando la innovación desde la escuela: A solucionar problemas y mejorar la vida de la gente. Hay que incentivar la curiosidad y fortalecer el vínculo entre ciencia, soluciones y mercado, para que la investigación nazca de problemas reales y llegue a productos rentables y efectivos.

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