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La formalización de recicladores como ventaja competitiva y estándar ESG
La informalidad domina más del 85% del reciclaje en el Perú y apenas el 2,7% de los residuos sólidos se valorizan. En este escenario, la formalización de recicladores se convierte en un eje estratégico para garantizar trazabilidad, cumplir con estándares ESG y transformar la sostenibilidad en una ventaja competitiva para las empresas.
El Perú carece de una cultura del reciclaje arraigada entre la sociedad. Según cifras oficiales del Ministerio del Ambiente (MINAM), el país genera más de 24 600 toneladas de residuos sólidos al día. Tan solo en Lima y Callao, se concentran casi el 50 % de los residuos del país; sin embargo, la metrópoli peruana cuenta con bajos índices de segregación. Un panorama que se repite en las demás ciudades del país, revelando así que el problema del reciclaje aún no logra desempeñarse como una actividad sostenible en el Perú.
Ante esta situación, la mayoría de los materiales recuperables circulan en cadenas informales, con escasa trazabilidad y sin beneficios para quienes realizan el trabajo más duro. Para Joseph Espejo, CEO de Scrapcycle Perú, la cultura del reciclaje en el Perú no se encuentra instalada en la sociedad como debería ser. “Basta con salir a la calle y mirar que la basura se encuentra por todos lados”, señala a Stakeholders.
Esta realidad contrasta con la creciente presión internacional hacia las industrias para cumplir con estándares ESG (ambientales, sociales y de gobernanza), donde la inclusión de recicladores formalizados se convierte en un factor estratégico para acceder a mercados regulados y fortalecer la competitividad. A pesar del contraste nacional, existen distintas empresas privadas peruanas que han adoptado los estándares internacionales, las cuales cuentan con sectores de reciclaje instalados en distintas partes del país, no solo en Lima.
En este contexto, la formalización de recicladores aparece como un eje estratégico para transformar la gestión de residuos en un motor de competitividad. La incorporación de asociaciones formalizadas dentro de las cadenas de valor permite a las empresas cumplir con estándares ESG, garantizar trazabilidad y demostrar impacto social medible. Experiencias como las de Trupal, que procesa 7500 toneladas mensuales de cartón recuperado y trabaja con recicladores formalizados, muestran que la sostenibilidad no es solo un imperativo ético, sino una ventaja comercial en mercados internacionales donde la transparencia ambiental y social es condición de acceso.
La informalidad del reciclaje en el Perú y el reto de la economía circular
Para Joseph Espejo, director de Scrapcycle Perú, quien lleva más de dos décadas observando de cerca la evolución de la gestión de residuos en el país, el reciclaje en el Perú se sostiene sobre una base informal. Según el experto, aunque funciona en términos de recuperación de materiales, perpetúa la precariedad laboral y limita la construcción de una verdadera economía circular.
“La cultura del reciclaje en el Perú es informal. Y me atrevería a decir que más del 85% es informal. Y funciona bien de manera informal”, afirma.
Esto se entiende – en palabras de Espejo – en que la cadena de reciclaje peruana funciona con múltiples intermediarios que reducen el ingreso de los recicladores de base. Los recicladores reciben poco por el trabajo realizado y esto facilita la informalidad donde podría recibir más remuneraciones.
“Como son tantos intermediarios, entonces al final sigue siendo un rubro de subsistencia informal que en realidad no genera los impactos que realmente necesitamos”, sostiene Espejo.
El especialista advierte que incluso las empresas formales terminan fortaleciendo la informalidad. Al vender sus materiales al mejor postor, muchas compañías prefieren negociar con recicladores informales que pagan más porque no asumen costos de formalidad como impuestos, transporte o equipos de protección
“En el Perú, las empresas formales son las que más informalidad generan. Porque venden su material al mejor costo”, señala.
Este fenómeno genera competencia desleal y erosiona la posibilidad de construir flujos transparentes y trazables. Según cifras del Ministerio del Ambiente, en 2025 se reveló que, apenas 2.7 % de los
residuos sólidos se valorizan de los más de 9 millones de toneladas de residuos que se generan al año, mientras que el resto termina en rellenos sanitarios, botaderos informales o se pierde en cadenas
sin registro. La informalidad, lejos de ser un problema aislado, constituye el núcleo del sistema.
Ante la instalación de la informalidad en la cultura del reciclaje peruano, Espejo insiste en que las empresas deben asumir la responsabilidad de los residuos no valorizables. “El que contamina tiene que pagar. Eso es aquí y en China”, recuerda.
Este principio, recogido en normativas internacionales, se convierte en un eje para que las compañías comprendan que la sostenibilidad no es un accesorio, sino una obligación. En mercados europeos,
por ejemplo, la trazabilidad de los residuos es condición de acceso. En Perú, sin embargo, la falta de fiscalización y la informalidad hacen que muchas empresas se limiten a reportes superficiales de sostenibilidad sin revisar los flujos reales de sus materiales.
De acuerdo con el MINAM se han impulsado programas de formalización y campañas de educación ambiental. El ente estatal señaló que, a inicios de 2026, más de 450 recicladores han sido formalizados en 11 ciudades del país, y se han fortalecido 46 asociaciones. Asimismo, más de 82 000 ciudadanos fueron sensibilizados sobre la adecuada gestión de residuos a nivel nacional, esto con ayuda del cofinanciamiento de la Agencia Japonesa de Cooperación Internacional (JICA II). Sin embargo, para Espejo los resultados son limitados.
“Tenemos dos normativas de responsabilidad extendida del productor (…) Es un fracaso todo. No funciona. Porque la norma no va a generar el negocio. El que va a generar el negocio es el privado”, sentencia.
Como ejemplo, el experto cita el caso del hallazgo de las máquinas expendedoras de Coca-Cola en los Pantanos de Villa, un caso que tuvo un efecto mediático en agosto del 2025. Esto constituye una muestra de cómo la falta de seguimiento empresarial puede tener impactos reputacionales negativos.
“El impacto social que ha generado esas máquinas de Coca-Cola tiradas… ya generó una mala información y un impacto negativo a la marca”, advierte.
Dicho episodio tuvo un efecto negativo en la sociedad limeña, una situación que refleja la desconexión entre los discursos de sostenibilidad y la realidad de los flujos de residuos. Mientras las
empresas participan en foros y premiaciones, los materiales terminan en botaderos informales, afectando tanto al medio ambiente como a la reputación de las marcas.
Ante esta problemática, existen modelos implementados en Estados Unidos y Europa, donde la responsabilidad ambiental de las empresas es diferente a la situación peruana. Por ejemplo, en Estados Unidos, específicamente en California, existe el CRV (California Refund Value) el cual fueimplementado en 2024 en todo el estado y permite que los consumidores recuperen un monto por cada envase reciclado.
En Alemania y Austria, el CCDB (sistema de devolución y reembolso) ha logrado eliminar intermediarios y fortalecer la cadena.
“La economía circular en Latam no existe. No hay economía circular. Es un polígono de la economía en Latam”, concluye Espejo.
La diferencia radica en que en esos países la industria absorbe directamente los materiales, garantizando trazabilidad y reduciendo costos de mano de obra. En Perú, la falta de infraestructura y de contratos de largo plazo impide replicar estos modelos.
Trupal y Grupo AJE: dos modelos empresariales frente al reto del reciclaje en el Perú
El reciclaje en el Perú enfrenta un desafío estructural marcado por la informalidad, pero también abre oportunidades para que las empresas lideren la transición hacia una economía circular. En ese contexto, dos compañías: Trupal y Grupo AJE, han demostrado cómo la sostenibilidad puede convertirse en ventaja competitiva y de condición de acceso a mercados internacionales.
En el caso de Trupal, la empresa se ha consolidado como un actor industrial clave en la economía circular. Con un procesamiento de 7500 toneladas mensuales de cartón recuperado, la empresa asegura que su rol no es solo consumir materia prima reciclada, sino articular y financiar la cadena.
“No somos un mero consumidor de materia prima reciclada, somos el motor que impulsa, financia y organiza activamente la cadena”, señala la compañía en un comunicado a Stakeholders.
Su estrategia se fundamenta en dos motores: el pragmatismo económico de usar fibra reciclada y bagazo de caña, y la visión de responder a mercados globales que exigen trazabilidad ambiental rigurosa. Certificaciones como FSC y BRCGS validan sus prácticas y permiten que sus clientes agroexportadores compitan en mercados regulados.
“Hemos pasado de ser un proveedor de empaques a ser un socio estratégico que habilita el acceso y la permanencia de nuestros clientes en mercados internacionales exigentes”, explica Trupal.
La inclusión de recicladores formalizados es vista como palanca estratégica para garantizar resiliencia en la cadena de suministro y cumplir con estándares ESG.
“La formalidad se traduce en resiliencia para la cadena de suministro”, enfatiza la empresa.
Mientras Trupal se enfoca en la trazabilidad industrial, Grupo AJE entiende que el reciclaje va más allá de la gestión de residuos. Su estrategia busca impulsar modelos de economía circular que recuperen materiales y los reincorporen a los ciclos productivos, generando impacto ambiental positivo en comunidades.
“Buscamos impulsar modelos de economía circular que permitan recuperar materiales, reincorporarlos a los ciclos productivos y generar un impacto ambiental positivo”, afirma Jorge López-Dóriga, director global de Comunicaciones y Sostenibilidad.
En Perú, AJE ha desarrollado programas como “Reciclaje Visible”, que promueve el acopio de botellas PET y su reincorporación como RPET en nuevos envases. A nivel internacional, iniciativas como “Galápagos Guardians” en Ecuador o “Protectores de Tikal” en Guatemala muestran cómo la empresa articula reciclaje con educación ambiental y protección de ecosistemas. En Huaral, la instalación de una planta con capacidad para recuperar 900 toneladas de botellas plásticas al mes refleja su apuesta por infraestructura que consolide esquemas más eficientes y formales.
La trazabilidad del plástico reciclado es vista como ventaja competitiva frente a mercados cada vez más exigentes.
“Contar con sistemas robustos de seguimiento de materiales nos permite anticiparnos y responder de manera más efectiva a las expectativas de nuestros grupos de interés”, sostiene AJE.
Ambas empresas coinciden en que la inclusión de recicladores formalizados es clave para cumplir con estándares ESG y fortalecer la reputación en mercados internacionales. Trupal lo aborda desde la resiliencia y la trazabilidad de la fibra reciclada; AJE lo hace desde la articulación con comunidades y la reincorporación de PET en nuevos ciclos productivos.
La visión conjunta de Trupal y Grupo AJE confirma que la sostenibilidad no es un accesorio, sino una estrategia empresarial que define la competitividad futura. La formalización de recicladores, la trazabilidad de materiales y la articulación con comunidades son los pilares que permiten transformar la paradoja del reciclaje en el Perú en una oportunidad de liderazgo regional.
El reciclaje en el Perú enfrenta una paradoja que no puede seguir siendo ignorada: mientras la informalidad domina más del 85 % de la actividad, apenas 2.7 % de los residuos sólidos se valorizan, y miles de recicladores continúan trabajando sin beneficios ni trazabilidad.
El futuro de la economía circular en el Perú dependerá de la capacidad de las empresas para asumir este rol protagónico y de la articulación efectiva con el Estado y la sociedad civil. El desafío está planteado: pasar de discursos superficiales a compromisos reales, de cadenas informales a sistemas trazables, de la precariedad a la resiliencia.









