Perú se ubicó como el país con mayor bienestar financiero de la región, por encima de Colombia, Panamá y Chile, según el primer Índice de Bienestar Financiero (IBF) de Experian.
Con 59,8 puntos sobre 100, el país lidera el ranking en dimensiones clave como control financiero, resiliencia económica y tranquilidad financiera, evidenciando una mayor capacidad de los ciudadanos para administrar sus recursos, ahorrar y afrontar imprevistos. Sin embargo, detrás de este liderazgo emerge una realidad menos visible: los peruanos han aprendido a administrar mejor su dinero, pero todavía enfrentan dificultades para dar el siguiente paso hacia la construcción de patrimonio a través de la inversión.
El país con mejor desempeño financiero de la muestra
El estudio, elaborado a partir de encuestas realizadas a más de mil personas por país y complementado con información objetiva sobre comportamiento crediticio, buscó medir no solo cuánto dinero tienen las personas, sino cómo gestionan sus recursos, enfrentan imprevistos y perciben su futuro económico.
Los resultados muestran que Perú destaca especialmente en control financiero (65,6 puntos) y resiliencia financiera (62,6 puntos), indicadores que reflejan hábitos como la planificación de gastos, la comparación de opciones de crédito y la capacidad de ahorro.
De acuerdo con los hallazgos, casi ocho de cada diez peruanos planifican compras de alto valor antes de realizarlas y evalúan distintas alternativas antes de asumir una deuda. Además, el 82,7 % afirma ahorrar regularmente, una de las cifras más elevadas entre los países analizados.
“Lo que observamos es una población que ha desarrollado mecanismos para administrar mejor sus recursos y prepararse frente a imprevistos”, explicó Elio Peralta, Consultancy and Business Development Manager de Experian Perú, durante la presentación del estudio.
Los adultos mayores, el grupo más vulnerable
Aunque el estudio muestra resultados positivos en términos generales, también identifica focos de preocupación.
Uno de ellos es la situación de las personas mayores de 65 años. Si bien este grupo registra los mejores indicadores de control financiero —producto de la experiencia acumulada en la gestión de sus recursos—, obtiene las puntuaciones más bajas en resiliencia financiera.
A medida que aumentan los riesgos asociados a la salud y disminuyen las posibilidades de generar nuevos ingresos, la capacidad para enfrentar gastos inesperados se reduce.
Este hallazgo cobra especial relevancia en un país donde gran parte de la población adulta mayor depende de ingresos informales o carece de mecanismos suficientes de protección económica para enfrentar contingencias.
El bienestar financiero también pasa por la salud mental
Uno de los aspectos más novedosos del índice es que incorpora variables relacionadas con el bienestar emocional.
La dimensión denominada “tranquilidad financiera” evalúa factores como la ansiedad, la preocupación constante por el dinero y la percepción de estabilidad económica. En este indicador, Perú obtuvo 59,6 puntos, el mejor resultado entre los países evaluados.
El dato sugiere que, pese a las dificultades económicas que enfrentan muchos hogares, existe una percepción relativamente positiva sobre la capacidad de manejar las finanzas personales y alcanzar objetivos futuros.
Otra característica distintiva del Índice de Bienestar Financiero es la incorporación del score crediticio como una de sus dimensiones.
A diferencia de otros estudios basados únicamente en percepciones, esta medición considera datos reales sobre el comportamiento de pago de las personas, incluyendo información proveniente de entidades financieras, comercios y empresas de servicios.
La inclusión de este indicador permite observar una realidad interesante: una persona puede sentirse financieramente estable, pero tener dificultades en su historial crediticio; o, por el contrario, contar con un buen score y experimentar estrés económico.
Por ello, el estudio plantea una visión más amplia del bienestar financiero, entendiéndolo como la combinación entre hábitos, percepciones y comportamiento financiero real.









