El Colegio Sol y Luna forma parte de un modelo educativo que busca romper el círculo de la pobreza a través de la educación. ¿Qué distingue a su propuesta pedagógica de la educación tradicional y cómo se refleja en el desarrollo de sus estudiantes?
En Sol y Luna creemos que la educación es un derecho, no un privilegio. Somos una escuela para todos porque nuestra propuesta es inclusiva, respeta la interculturalidad y se enfoca en que los estudiantes desarrollen competencias. Queremos que sean protagonistas de su propio aprendizaje.
Las aulas tienen un máximo de 15 estudiantes, lo que facilita un acompañamiento cercano y una educación diferenciada. Al mismo tiempo, la convivencia entre estudiantes con distintas capacidades fortalece la empatía, el respeto y la comprensión de la diversidad.
Un punto muy importante es el aprendizaje del inglés. Los estudiantes reciben una formación intensiva: cinco horas semanales en Inicial y diez horas en Primaria y Secundaria. Además, contamos con un programa para preparar a estudiantes seleccionados para certificaciones Cambridge, para que fortalezcan sus habilidades y tengan más oportunidades académicas y profesionales.
La formación que reciben nuestros estudiantes integra también arte, quechua, cerámica, tecnología, deporte y proyectos de emprendimiento. Así buscamos que los estudiantes no solo aprendan contenidos, sino que desarrollen herramientas y confianza para enfrentar un mundo diverso y global.
Dentro de toda la propuesta del colegio, también se encuentra Paqari, nuestro centro de inclusión. Para nosotros la inclusión es un eje fundamental, por eso brindamos atención personalizada a estudiantes con discapacidad y otras necesidades específicas, adaptando las estrategias educativas a sus características y ritmos de aprendizaje. Además, algunos estudiantes con diagnóstico son parte de las clases regulares para fortalecer sus habilidades sociales.
La fundación complementa la formación académica con programas de salud mental, acompañamiento familiar y apoyo social. ¿Qué tan importante ha sido este enfoque integral para mejorar el aprendizaje y la permanencia escolar?
Es muy importante. Muchas veces los problemas para aprender no vienen solo de lo académico. Por eso, desde la fundación y el colegio, acompañamos al estudiante y a su familia en distintas áreas.
Tenemos el Centro Psicológico Kawsay, que hoy cuenta con dos psicólogos clínicos, dos psicólogos educativos y una terapeuta de lenguaje. Además, pronto lo vamos a fortalecer con dos psicólogos clínicos más. También trabajamos con Paqari como centro inclusivo y la Casa Hogar Sol y Luna, para estudiantes en situaciones más delicadas.
Nuestros aliados más importantes son los docentes y cuidadores, quienes cumplen un rol fundamental en la identificación de estos casos. Su cercanía con los niños les permite reconocer señales de alerta y monitorear la frecuencia de las crisis que puedan presentar.
Esta información es una herramienta clave para el equipo de Kawsay, ya que nos permite comprender mejor las necesidades de cada niño y brindar una atención personalizada, utilizando estrategias y herramientas adecuadas para cada caso.
La comunicación constante y el trabajo en equipo entre docentes, cuidadores y profesionales de Kawsay son fundamentales para lograr un acompañamiento psicológico oportuno, integral y de calidad.
Gracias a este apoyo, podemos detectar dificultades a tiempo, intervenir cuando hace falta y mejorar las condiciones para que los estudiantes puedan aprender, continuar en el colegio y mirar con esperanza su futuro.
Muchos estudiantes provienen de contextos de vulnerabilidad. ¿Cuáles son los principales retos que enfrentan dentro y fuera del aula y cómo responde el colegio a estas realidades?
Los retos que enfrentan nuestros estudiantes son diferentes: hay dificultades familiares, económicas y emocionales, también problemas sociales y brechas en el aprendizaje. No todos llegan a la escuela con el mismo nivel académico.
Actualmente el Valle Sagrado viene experimentando un crecimiento significativo a nivel población, principalmente por la construcción del aeropuerto en Chinchero y lo que significa a nivel turístico. Ello ha traído como efecto secundario que, problemáticas como el alcoholismo, la delincuencia, el trabajo informal y la pobreza se agudicen y crezcan las desigualdades. Todos estos temas también repercuten a nivel mental y salud, dificultando la convivencia en el hogar.
Dentro del salón, las dificultades de convivencia en el hogar, se ven reflejadas en la interacción entre estudiantes. Viendo situaciones de violencia, dificultad de manejo de emociones, y en muchos casos déficit de atención por sus diagnósticos pero también por falta de una correcta alimentación.
Nuestra respuesta es no quedarnos solo con la dificultad. Buscamos encontrar las mejores estrategias para cada estudiante. Por eso trabajamos con educación diferenciada, grupos pequeños, acompañamiento psicológico y educativo,y también acompañamos a las familias.
Además, queremos generar oportunidades concretas para que tengan experiencias que les ayuden a descubrir sus capacidades y ganar confianza. Por eso participan en actividades como el concurso Tinkuy de declamación poética en quechua, proyectos de emprendimiento en Educación para el Trabajo y exposiciones de arte y cerámica en museos y espacios culturales reales.
También desarrollamos el área de CAS (Creatividad, Actividad y Servicio) : los estudiantes realizan proyectos relacionados con necesidades reales de su comunidad, como cultivar y cuidar su propio biohuerto.
Respecto a la salud, brindamos alimentación dentro del colegio para que tengan los nutrientes necesarios. De esta manera, aseguramos que su proceso de aprendizaje sea más significativo.
En un mundo marcado por la transformación digital y la crisis climática, ¿qué competencias consideran esenciales para preparar a los estudiantes para los desafíos del futuro?
Nuestra propuesta educativa parte de la interculturalidad y la inclusión, buscando que los estudiantes aprendan a valorar las diferencias, convivir y aprender junto a otros. Desde esta perspectiva, apostamos por una educación integral que desarrolle competencias esenciales para enfrentar los desafíos del futuro, como el pensamiento crítico, la creatividad, la comunicación asertiva, la autonomía, el trabajo en equipo, la resolución de problemas, el manejo de emociones y la resolución de conflictos.
El desarrollo de competencias digitales también es fundamental. Los docentes incorporan en sus clases ejemplos del contexto actual para que los estudiantes comprendan tanto los beneficios como los riesgos de la tecnología. A través del aprendizaje basado en proyectos, utilizan herramientas digitales como computadoras, buscadores, celulares y cámaras, fortaleciendo su capacidad para desenvolverse de manera responsable y crítica en un entorno cada vez más digital.
Frente a la crisis climática, el enfoque ambiental se trabaja de manera transversal. Promovemos prácticas como el reciclaje, el cuidado de las plantas y la conservación de los saberes ancestrales agrícolas, especialmente relevantes para nuestros estudiantes provenientes de comunidades rurales.
Finalmente, el aprendizaje del inglés amplía sus posibilidades de comunicación con otras culturas y sus oportunidades académicas y profesionales, preparándolos para desenvolverse en un mundo cada vez más conectado.
¿Cómo se trabaja con las familias y la comunidad para que la educación trascienda las aulas y se convierta en un verdadero motor de desarrollo local?
Nuestra relación con las familias se basa en la reciprocidad: no solo acompañamos, también buscamos que ellas se involucren y participen de la vida escolar.
Además, algunas familias reciben acompañamiento integral a través de nuestro centro psicológico Kawsay, y también participan en talleres con familias para fortalecer la convivencia, la comunicación y el apoyo en casa.
Con todo eso, conectamos el aprendizaje con el entorno mediante proyectos de servicio, emprendimiento, actividades culturales y experiencias reales donde los estudiantes aplican lo aprendido.
Así, la educación no se queda en el aula y se convierte en un motor de desarrollo para la comunidad.
¿Podría compartir alguna historia de un estudiante o egresado que refleje el impacto del modelo educativo de Sol y Luna y cómo este ha transformado su proyecto de vida?
Tenemos varios casos que muestran este impacto de forma muy clara. Por ejemplo, Nery, Ruth, Carolina y Kusi: vienen de contextos de vulnerabilidad y, gracias al acompañamiento de la Fundación a través del Programa Roots and Wings, lograron ingresar a la Pontifica Universidad Católica del Perú en Lima con beca integral.
También está el caso de Nicole, que ingresó a la Universidad Continental de Cusco con el apoyo de la Fundación. Y el de Nayda, estudiante de la Casa Hogar, quien, a pesar de sus dificultades familiares y académicas, pudo iniciar sus prácticas en el Hotel Sol y Luna antes de terminar el colegio.
Para nosotros, el caso de Ronaldiño es especialmente importante, porque estaba pasando por una situación de salud muy delicada. Esto nos reafirma que no trabajamos solo con estudiantes que tienen alto rendimiento. Buscamos reconocer lo mejor de cada uno, acompañar su proceso y abrir oportunidades para que puedan construir su propio proyecto de vida.
Además, estas historias nos muestran que el acompañamiento no termina cuando el estudiante deja el colegio. Por eso, Roots and Wings incluye seguimiento y acompañamiento psicológico durante todo el proceso.
De esta manera, nuestros programas se complementan entre sí para que la educación y acompañamiento que reciben les permita insertarse en el mundo laboral y la sociedad en sí.









