La alianza entre Aranwa Hotels Resorts & Spa y Banco de Alimentos Perú inicia la segunda edición de su programa solidario con nuevos platos creados junto a chefs peruanos y el reto de ampliar su impacto en cuatro regiones del país.

Por Denisse Torrico

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La gastronomía puede ser mucho más que una experiencia culinaria. También puede convertirse en una herramienta para combatir el hambre y reducir el desperdicio de alimentos. Bajo esa premisa, Aranwa Hotels Resorts & Spa presentó la segunda edición de Sabores Aranwa: Platos que transforman, una iniciativa desarrollada junto al Banco de Alimentos Perú que busca transformar cada plato solidario en una contribución directa para miles de personas en situación de inseguridad alimentaria.

Tras superar las expectativas de su primera edición, el programa regresa con una meta más ambiciosa: alcanzar más de 43 mil raciones de alimentos al cierre de 2026, fortaleciendo un modelo que integra hospitalidad, gastronomía y sostenibilidad.

Durante el primer año de la alianza, entre agosto de 2025 y julio de 2026, el programa logró donar más de 30.700 raciones de alimentos, beneficiar a más de 3.000 personas en seis comunidades y evitar la emisión de 9,9 toneladas de CO₂ gracias al rescate y aprovechamiento de alimentos.

Para Jorge Arangüena Cerdán, jefe de Marketing de Aranwa Hotels, el éxito de la iniciativa responde a una visión que trasciende las acciones de responsabilidad social.

“No va por el lado de estrategia, va por el lado de identidad. Cuando haces de la sostenibilidad parte de tu ADN, todas las acciones de la organización apuntan naturalmente hacia ese propósito”, afirmó.

El programa mantiene el mismo mecanismo de la primera edición, el 5 % de la venta neta de cada plato solidario es destinado al Banco de Alimentos Perú para financiar el rescate, transporte y distribución de alimentos aptos para el consumo humano.

La novedad este año está en la propuesta gastronómica. Chefs invitados trabajaron junto a los chefs ejecutivos de Aranwa para reinterpretar los platos más emblemáticos de cada hotel, manteniendo la identidad regional de cada destino.

“Tomamos los platos más representativos de cada restaurante y los cocreamos con chefs reconocidos del país. La esencia es la misma, pero renovamos parte de la propuesta para seguir conectando la gastronomía con un propósito social”, explicó Arangüena.

Los once platos solidarios estarán disponibles en los cinco hoteles participantes de la cadena, ubicados en Cusco, Arequipa, Ica y Piura, incorporando preparaciones como ceviche clásico, lomo saltado, carapulcra con sopa seca y trucha a la parrilla, entre otras especialidades regionales.

Un país donde el desperdicio y el hambre conviven

La iniciativa cobra especial relevancia en un contexto donde el Perú enfrenta una profunda contradicción alimentaria. Según cifras compartidas por el Banco de Alimentos Perú, casi el 50 % de los alimentos que se producen en el país se desperdician, mientras millones de personas no logran acceder a una alimentación suficiente y nutritiva.

Daniela Osores, gerente general del Banco de Alimentos Perú, recordó que el desperdicio alimentario tiene un impacto directo sobre el hambre y también sobre el medio ambiente.

“Mientras haya más empresas gestionando adecuadamente sus alimentos, habrá menos necesidad de desecharlos. Destruir alimentos representa un costo económico y ambiental para las empresas, mientras que donarlos significa alimentar comunidades y evitar contaminación”, señaló.

Actualmente, el Banco de Alimentos opera en las 24 regiones del país y, en sus 12 años de trabajo, ha beneficiado a más de 1,2 millones de personas, rescatando más de 60 millones de kilos de alimentos y articulando una red de más de 1.770 organizaciones sociales.

Una alianza que busca replicarse en el sector hotelero

Más allá de la recaudación de fondos, Daniela Osores destacó que el valor del programa radica en demostrar que la industria hotelera puede convertirse en un actor clave dentro de la lucha contra la inseguridad alimentaria.

“Esta alianza debería replicarse en otros hoteles y restaurantes. Permite atender las necesidades de las comunidades cercanas a sus operaciones y demuestra que la gastronomía también puede generar un impacto social real”, sostuvo.

El programa también apuesta por fortalecer capacidades en las comunidades beneficiarias para que puedan gestionar de manera autónoma la recepción y distribución de alimentos, promoviendo un enfoque de sostenibilidad por encima del asistencialismo.

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