Mientras la presión global por reducir emisiones redefine el futuro de las industrias intensivas en carbono, UNACEM acelera su apuesta por una producción cementera más sostenible. Eduardo Sánchez, gerente general de la compañía, asegura que la descarbonización ya dejó de ser un desafío ambiental aislado para convertirse en una estrategia de competitividad, innovación y permanencia en el mercado.

Por Stakeholders

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La industria cementera es considerada una de las actividades con mayores emisiones de CO₂ a nivel global. ¿Cómo enfrenta UNACEM el desafío de reducir su huella de carbono sin afectar la competitividad y los costos de producción?

En UNACEM entendemos que la descarbonización no puede verse como un freno a la competitividad, sino como una condición para seguir siendo competitivos en el largo plazo. Somos parte de una industria esencial para el desarrollo del país. El cemento y el concreto están detrás de viviendas, hospitales, colegios, carreteras e infraestructura básica. Por eso, nuestro desafío es doble: seguir contribuyendo al crecimiento del Perú y, al mismo tiempo, hacerlo con una menor huella ambiental.

Para lograrlo, contamos con una Hoja de Ruta Cementera alineada a la meta de carbono neutralidad al 2050. Esta hoja de ruta nos permite ordenar las decisiones de inversión, innovación y operación bajo una lógica progresiva y realista. Al 2030, nos hemos trazado una meta concreta: alcanzar 500 kg de CO₂ por tonelada de producto cementicio.

El camino pasa por varias palancas: reducir el factor clínker, avanzar en combustibles alternativos, mejorar la eficiencia eléctrica y térmica, incorporar soluciones basadas en la naturaleza y fortalecer la innovación. La clave está en que estas acciones no solo reducen emisiones; también generan eficiencia operativa, mejor uso de recursos, mayor resiliencia y nuevas oportunidades de negocio. En esa medida, sostenibilidad y competitividad no son conceptos opuestos. Bien gestionadas, se refuerzan mutuamente.

¿Qué avances concretos viene implementando UNACEM en materia de descarbonización y qué tan viable es escalarlos en el corto plazo?

En UNACEM la descarbonización se gestiona a través de una estrategia estructurada, con metas concretas y avances medibles en distintos frentes de la operación. Hoy, por ejemplo, el 92% de la energía eléctrica que utilizamos en la producción de cemento proviene de fuentes renovables certificadas, y en UNICON esa cifra ya alcanza el 100%. Además, toda esta energía cuenta con certificaciones internacionales I-REC, lo que garantiza su origen renovable bajo estándares globales. Como grupo, contamos con una ventaja estructural importante: nuestra plataforma energética a través de Celepsa, que opera centrales hidroeléctricas como El Platanal y Marañón, con una capacidad instalada de 570 MW. A esto se suma un acuerdo de largo plazo para el suministro de energía solar, que entrará en operación en 2027. En paralelo, estamos avanzando en la transformación de nuestra matriz energética. Hoy el gas natural representa cerca de tres cuartas partes del consumo, lo que ya nos posiciona como una operación eficiente y con una de las matrices más limpias del sector. Sin embargo, nuestro objetivo es seguir desplazando combustibles fósiles e incorporar progresivamente combustibles alternativos.

“Veo a UNACEM como un actor que no solo construye infraestructura, sino que contribuye activamente al desarrollo sostenible del país, generando valor para las comunidades y el entorno”.

También hemos avanzado en economía circular, valorizando cerca del 80% de residuos que generamos, y promoviendo el uso de residuos como fuente energética, lo que permite reducir emisiones y evitar impactos como la generación de metano. Todo esto se articula en nuestra Hoja de Ruta que incluye metas concretas como reducir nuestra intensidad de emisiones desde aproximadamente 630 kg de CO₂ por tonelada a 500 kg al 2030. La escalabilidad es viable porque ya existe una base operativa sólida, con avances en energía, innovación y eficiencia que permiten proyectar este proceso de manera progresiva en el tiempo.

En un contexto donde las empresas enfrentan crecientes exigencias ambientales por parte de inversionistas y consumidores, ¿cree que la sostenibilidad se ha convertido en un factor de competencia dentro de la industria cementera?

Sí, definitivamente. La sostenibilidad ya no es un atributo reputacional; se ha convertido en una variable estratégica de competitividad. Hoy los inversionistas, los clientes, los consumidores y la sociedad esperan que las empresas demuestren cómo gestionan sus impactos. En una industria como la nuestra, eso implica medir, reducir, innovar y transparentar. Pero también implica entender que el cemento y el concreto seguirán siendo fundamentales para cerrar brechas sociales enormes en el país.

En el Perú todavía necesitamos más viviendas dignas, hospitales, colegios, carreteras e infraestructura segura. Entonces, la pregunta no es si debemos construir, sino cómo construimos mejor: con productos de menor huella, con procesos más eficientes, con economía circular y con una visión de largo plazo.

En UNACEM creemos que las empresas que logren integrar sostenibilidad, innovación y eficiencia serán las que lideren el futuro de la industria. Por eso nuestra Hoja de Ruta Cementera es una herramienta de competitividad. Nos permite anticiparnos a los cambios regulatorios, responder a nuevas exigencias del mercado y aportar a una construcción más sostenible. La sostenibilidad bien gestionada no encarece el futuro; lo hace posible.

UNACEM participó en el Peru Carbon Forum 2026. ¿Cuáles son los principales aportes o reflexiones que la empresa busca compartir en este espacio?

Nuestra participación en el Peru Carbon Forum busca aportar desde la experiencia concreta de una empresa que ha integrado la descarbonización como parte central de su estrategia de negocio. Creemos que la transición hacia una economía baja en carbono requiere algo muy claro: hojas de ruta definidas, metas medibles y acciones tangibles.

En nuestro caso, la carbono neutralidad al 2050 se traduce en compromisos al 2030 y en decisiones operativas concretas que ya están en marcha. En ese camino, queremos poner en valor el rol de las soluciones basadas en la naturaleza. El Santuario de Amancay de UNACEM es un ejemplo de cómo entendemos la sostenibilidad de manera integral. Se trata de un Área de Conservación Privada de cerca de 800 hectáreas que protege un ecosistema único de lomas costeras en Lima, donde habitan alrededor de 180 especies de flora y fauna.

Pero su impacto va más allá de la conservación: es un espacio que contribuye a la recuperación de la flor de Amancay, símbolo de nuestra ciudad; promueve la educación ambiental —con miles de escolares que lo visitan— y genera oportunidades para las comunidades a través de actividades como el turismo y el deporte. Es, en esencia, un modelo de cómo la conservación puede generar valor ambiental y social al mismo tiempo.

“En UNACEM la descarbonización se gestiona a través de una estrategia estructurada, con metas concretas y avances medibles en distintos frentes de la operación”.

La innovación tecnológica aparece como un elemento clave para reducir emisiones en industrias intensivas como la cementera. ¿Qué tipo de innovaciones considera UNACEM que marcarán la transformación del sector en los próximos años y qué papel juega actualmente la empresa en ese proceso?

Hoy la innovación en el sector cementero pasa, sobre todo, por cómo reducimos la huella de carbono sin sacrificar desempeño técnico, y ahí los cementos adicionados juegan un rol central. En nuestro caso, hemos venido desarrollando un portafolio de cementos adicionados que incorporan materiales suplementarios para reducir el contenido de clínker, que es la principal fuente de emisiones del proceso.

Esto no es menor: los cementos adicionados ya representan más de un tercio de nuestro volumen comercializado. Además, permiten reducir directamente las emisiones de CO₂ por tonelada de cemento sin afectar propiedades clave como resistencia, durabilidad o impermeabilidad.

Además, hay innovación técnica detrás: uso de materiales cementantes suplementarios y aditivos para optimizar el desempeño; desarrollo de cementos puzolánicos con insumos naturales, como cenizas volcánicas, que mantienen el comportamiento hidráulico del producto con menor huella de carbono; y avances en análisis de ciclo de vida y Declaraciones Ambientales de Producto, que permiten medir y transparentar el impacto real de cada solución constructiva.

Mirando hacia los próximos diez años, ¿cómo imagina UNACEM en términos de sostenibilidad y regulación ambiental?

La imagino como una empresa cada vez más integrada a una lógica de sostenibilidad. En los siguientes años esperamos consolidar nuestra Hoja de Ruta, avanzar en la reducción de emisiones, fortalecer la economía circular y seguir desarrollando soluciones constructivas más eficientes.

En biodiversidad, queremos seguir fortaleciendo iniciativas como el Santuario de Amancay, que hoy es un símbolo de nuestro compromiso con la conservación y un modelo de convivencia entre industria y naturaleza.

Finalmente, veo a UNACEM como un actor que no solo construye infraestructura, sino que contribuye activamente al desarrollo sostenible del país, generando valor para las comunidades y el entorno. Porque entendemos que el crecimiento debe ir de la mano con el bienestar colectivo y el cuidado del planeta. Ese compromiso refleja el propósito que compartimos como parte de Grupo UNACEM: “Unidos crecemos para construir un mundo sostenible”.







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