El actual modelo productivo todavía está orientado al supuesto de que los recursos son ilimitados. Sumado esto a los niveles de consumo en el mundo, el desafío se vuelve más complejo. En esa línea, refirió Ellen MacArthur Foundation (2014) que alrededor de 82.000 millones de toneladas de materia primera ingresarían al sistema económico global en el 2020, incrementando la necesidad de un cambio de modelo industrial que incluya uno bioeconómico y resiliente, con base en la circularidad. 

El tránsito de una economía lineal o extractiva hacia una circular constituye una posibilidad de carácter sostenible en el marco de la reinvención verde que necesita el mundo. Las restricciones impuestas en los países en los momentos más críticos de la pandemia pusieron de manifiesto el hecho de que, bajo el sistema lineal, lo que es bueno para la economía no siempre es bueno para el planeta y la sociedad, lo que nos hace ratificar las reflexiones de Plumer y Popovich (2020), cuando sostienen que, para la transición verde, el tradicional desarrollo lineal no es el camino. 

La producción de residuos sólidos ha aumentado significativamente junto con los gastos destinados a su manejo. Así, el informe What a waste 2.0: A global snapshot of solid waste management to 2050 señala que, si se adopta un papel pasivo frente a la gestión mundial de los residuos sólidos, resulta probable que las tasas de generación de desechos se incrementen en un 70 % para el 2050. 

Frente a esto, diversos instrumentos de alcance público impulsan los cambios que la economía circular, desde la gestión de residuos sólidos, puede desarrollar, por ejemplo, la Política Nacional del Ambiente al 2030, la cual tiene como finalidad mitigar diversas pérdidas de recursos a fin de contribuir a la gestión adecuada de los residuos sólidos. En ese sentido, el Pacto Peruano para una Economía Circular es una iniciativa de carácter multisectorial que establece compromisos importantes en materia de empleo de residuos, ecodiseño productivo, cadenas de valorización de materiales, consumo consciente, educación ambiental, entre otros aspectos. 

Sin embargo, existe un reto adicional: la circularidad solo será una realidad en tanto la gestión de su transición sea circular en sí misma; es decir, en tanto goce de eficiencia y eficacia a 360 grados. Para esto, es necesario que esté acompañada de criterios, reglas, estrategias y actividades sostenibles en el tiempo, construidas con base científica y con enfoque pragmático. No se generarán resultados para una real transición verde, libre de residuos, si, como lo indican Carvajal, Teijeiro y García (2022), la evaluación, corrección y prevención no se consideran los drivers de esa transición; finalmente, es neurálgico señalar que la cocreación con todos los interesados de la sociedad para el diseño de estrategias y tácticas sectoriales en innovación circular es el punto de partida.







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