Por Stakeholders

Lectura de:

Soledad Escalante
Jefa de la Oficina de Formación Humanista de la
Universidad Antonio Ruiz de Montoya (UARM)

Recientemente la ex premier Mirtha Vásquez dijo en una entrevista al diario ABC que “en este país es complejo ejercer un cargo de poder siendo mujer porque persiste el machismo […], es desgastante convencer de que puedes ejercerlo. Tuve que hacer un trabajo extra para ganar el respeto del presidente y del propio gabinete”. Concluimos tras lo dicho que sin equidad de género no puede existir sostenibilidad en las organizaciones, sean públicas o privadas. No solo se trata de generar leyes que la promuevan sino de prevenir todo tipo de situación desigual. La presencia de mujeres en cargos de poder contribuye a generar resultados organizacionales sostenibles. Solo potenciando la diversidad y equidad de talentos en ella se incrementará la calidad y efectividad de la gobernanza.

El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) indica que aunque se ha avanzado muchísimo en materia de reconocimiento de derechos y equidad para niñas y mujeres, el mundo laboral sigue presentando grandes barreras para su desarrollo. En Perú, 3 de cada 10 mujeres aún se encuentran fuera del mercado laboral, y por cada sol que ellas ganan, los hombres reciben en promedio 28.7% más – esta es una brecha salarial entre géneros dos veces más grande que el promedio latinoamericano.

¿Cuánto pierde el Perú al no canalizar de manera óptima el talento, liderazgo y creatividad de las peruanas? Ya podemos ver respuestas en la situación política actual del país. En cuanto a estadística, Morrison (2021) confirma que el Perú alcanzó el puesto 90 de 153 países en materia de participación y oportunidad económica para las mujeres en el ranking global. Nadie dudaría que nos encontramos en una posición desfavorable más se vienen realizando muchos cambios. Para ello, Duque Orozco (2013) menciona que hace falta más prácticas en pro de la equidad de género, dentro de las que existen la divulgación aún es limitada y heterogénea.

Para entender el fenómeno es importante mencionar que Figueroa y Bustillos (2020) exploraron cómo influyen factores como la condición social y la etnia en la ubicación de mujeres en cargos directivos dentro de las empresas y llegaron a la conclusión de que la condición social no es un factor relevante, pero la etnia con que las mujeres se identifican parece sí ser un condicionante.

Hoy en día las empresas presentan diferencias en sus accionar en pro de establecer las buenas prácticas de conciliación que repercuten en la percepción de equidad. Por eso, sigue siendo fundamental estimular el empoderamiento en las mujeres ya que contribuirá en el desarrollo de la igualdad de género y la disminución de la pobreza en el mundo, por lo cual la ONU promueve la implementación de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) especialmente, el objetivo 5 referente a la Igualdad de género, con el que se busca: Poner fin a todas las formas de discriminación contra las mujeres y niñas dado que no es solo un derecho humano básico, sino que además es crucial para el desarrollo sostenible. Se ha demostrado una y otra vez que empoderar a las mujeres y niñas tiene un efecto multiplicador y ayuda a promover el crecimiento económico y el desarrollo a nivel mundial. (PNUD, 2015).

Existe una progresión en el nivel de percepción de equidad de género en las diferentes organizaciones, tanto públicas como privadas, sin embargo, se necesita establecer mecanismos aún más sólidos con el propósito de evitar situaciones como la que describe la ex primera ministra. No dejemos de lado lo fundamental que resulta una educación con enfoque de género para la sostenibilidad de un país y de sus diferentes organizaciones.







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