Jimmy Jara
Docente de la carrera de Ingeniería Ambiental
de la UPC

La economía circular es un modelo económico en el que la producción y el consumo se inspiran en la naturaleza para la generación de bienes y servicios que satisfagan las necesidades humanas con el menor impacto ambiental posible. En contraste, actualmente aún impera el enfoque económico tradicional que básicamente comprende un modelo productivo lineal fundamentado en el consumo de los recursos, en el que los bienes terminan convirtiéndose en residuos generalmente no aprovechables. Una economía lineal en un planeta con recursos finitos es inviable en el presente y en el futuro. Actualmente la degradación ambiental y el agotamiento de recursos naturales es una realidad imperante aunado a un contexto de cambio climático cuyo origen, entre otros factores, se genera por este modelo económico. 

Como alternativa a este paradigma económico surge la economía circular que presenta una estrategia de desarrollo hacia un crecimiento sostenible que se basa en la reducción del consumo de recursos, el aumento de la vida útil de los productos y el uso responsable de los bienes y servicios frente al consumismo. 

En este contexto varios países vienen trabajando en políticas y legislación basados en la economía circular, con el fin de acelerar la transición a este nuevo modelo. Asimismo, distintas iniciativas desarrollan proyectos que pretenden promover el cambio a una economía eficiente en el uso de recursos y de baja emisión de carbono.

Paralelamente en este ámbito, la gestión ambiental juega un rol fundamental para la transición a una economía circular, dado que las organizaciones deben adquirir este enfoque de forma integral ya que el paradigma tradicional de la gestión ambiental se enfoca en la gestión de los aspectos ambientales como la generación de residuos, contaminación del aire, de los cuerpos de agua, etc. 

Para que el nuevo paradigma de la gestión ambiental esté en sintonía con el modelo económico circular no debe enfocarse únicamente en el manejo de los aspectos ambientales, sino a esto agregar la gestión ambiental desde la generación misma de los bienes y servicios. De esta manera, se maximizará la eficiencia del uso de recursos durante cadena productiva partiendo de un diseño que generará residuos que podrán ser reutilizados o reciclados ya sea en la misma cadena de producción o en otras actividades, utilizando energías renovables. Asimismo, los bienes existentes deben durar el mayor tiempo posible antes de convertirse en residuos aprovechables. 

Para dar un ejemplo regional, con respecto a la problemática de los residuos sólidos, podemos mencionar el caso de América Latina y el Caribe donde se generan en promedio aproximadamente 1 kilogramo diario de residuos por persona. La cobertura de la recolección de residuos en la región es mayor en comparación con la media mundial. 

A nivel urbano se recolectan cerca del 85% de los residuos; sin embargo, las cifras varían significativamente de un país a otro, más del 95% en ciudades de Uruguay y Colombia y solo el 12% en Puerto Príncipe (CEPAL, 2020). Menos del 75% de los residuos urbanos se depositan en rellenos sanitarios y más del 20% fue a botadores (PNUMA, 2020). A su vez, en la región se recicla solo el 4% de los residuos sólidos, lo que contrasta con lo que ocurre en países en que la cifra llega al 20%. Estos son rasgos característicos de un estilo de desarrollo insostenible, derivado de un modelo de economía lineal.

Por lo tanto, la gestión ambiental con un enfoque de economía circular es vital para el desarrollo sostenible, siendo capaz de abordar desafíos globales como el cambio climático, la pérdida de biodiversidad y la gestión integral de residuos sólidos.







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