Adrián Fernando Neyra
Docente de la carrera de Ingeniería
Ambiental de la UPC

La sostenibilidad empresarial ha llegado a un nivel en que no solo hay que “serlo”, sino también “parecerlo” en términos ambientales, siendo la medición de la huella de carbono, como certificación, una de las herramientas más recurrentes por parte de las empresas que cada vez más buscan evidenciar la reducción de emisiones de sus productos a lo largo de la cadena de producción o en sus prácticas de gestión. 

Y es que el tema ha escalado, pasando de ser una muy buena intensión a convertirse ahora en una exigencia para ingresar a otros mercados y acceder a consumidores cada vez más exigentes e informados, tras desvelarse casos de empresas que solo recurren a estas prácticas como una estrategia de marketing para sus ventas o en minimizar efectos de sus emisiones, practica conocida como greenwashing. 

Y es que una certificación de la huella de carbono supone que un producto o empresa se ha sometido a una comprobación y una evaluación por parte de una organización independiente respecto al cumplimiento de estándares específicos para la reducción de emisiones, ayudando a un consumidor a reconocer que productos cumplen con esta finalidad. 

Sin embargo, debemos preguntarnos si se trata de un proceso serio de certificación o si meramente se trata de la buena voluntad de una empresa o incluso de una política de marketing. El camino que tienen los consumidores para asegurar la credibilidad de esas certificaciones es investigar y conocer lo que en realidad hay detrás de estas etiquetas y estos sellos.

Lo ambiental puede ser asimilado por una empresa como verdadero compromiso y estrategia empresarial. Pero también se puede constatar que los valores sociales/ambientales se han convertido en una tendencia O incluso en una moda rentable para muchas empresas y negocios, lo que ha provocado a menudo la conversión de estos en conceptos que se usan de forma indiscriminada. 

Los consumidores debemos saber diferenciar entre un compromiso ambiental real o una mera acción de marketing. Por lo tanto, necesitamos tener un mayor y mejor conocimiento de todo este proceso para poder enfrentarnos a lo que no responde a una realidad y es sólo una nueva manera de hacer negocio. 

Para que un certificado de huella de carbono vaya más allá que solo cumplir unos requisitos, se debe ante todo involucrar a la dirección en cuanto al compromiso y liderazgo en el objetivo de entregar mejores productos y servicios además de ser un motivo para analizar y mejorar los procesos de una organización, la motivación puede ser: 

• Es el marco para cumplir con requisitos legales. 

• Permite competir con igualdad de oportunidades. 

• Permite diferenciarse de la competencia. 

• Mejora la calidad de productos y servicios. 

• Mejora la imagen de marca. 

• Mejora el desempeño de procesos. 

• Garantizar la continuidad de la empresa o negocio. 

Adoptar normas internacionales en una certificación de huella de carbono, genera para las empresas beneficios tales como:

 • Facilitar el acceso a un mercado de proveedores de todo el mundo.

 • Incrementa el ahorro al reducir residuos y hacer uso mucho más eficiente de las materias primas. 

• Ganar reputación ambiental como ventaja competitiva frente a otras interacciones comerciales.

• Al ser necesaria la colaboración de todos los trabajadores, se mejora la comunicación interna de la organización y la motivación de los empleados, ya que supone la unión del equipo para alcanzar un fin común. 

• Contribuir a mejorar la calidad de vida en general asegurando que el transporte, la maquinaria, los productos e instrumentos que usamos reducen su huella de emisiones y por ende estén sanos y seguros para el consumo humano.







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