Anita Arrascue Lino
Coordinadora Académica de la carrera de
Ingeniería Ambiental – UPC

El cambio climático es una de las principales amenazas a los que se enfrenta la humanidad en el presente siglo, no sólo porque está provocando una mayor frecuencia de fenómenos hidrometeorológicos extremos, como inundaciones o sequías prolongadas en diversas partes del mundo, sino porque está afectando las bases fundamentales de las redes de vida y la funcionalidad del planeta, ocasionando la pérdida de servicios ambientales fundamentales para el sostenimiento de las redes sociales, culturales y económicas actuales. 

El cambio climático ha intensificado el riesgo de extinción de determinadas especies de animales y plantas. La biodiversidad del planeta, que en los últimos años ha sido sometida a una serie de presiones como cambios de uso de suelo, la degradación de los ecosistemas, la emisión de contaminantes, entre otros, ahora se enfrenta a los efectos que provoca el calentamiento del planeta.

¿Y cuál es la situación en nuestro país? El Perú no es ajeno a las tendencias mundiales de aumento de emisiones de gases de efecto invernadero (GEI), de acuerdo con el INGEI (2016)1 las tendencias crecientes de emisiones están relacionadas con el incremento de las industrias y con la cantidad de aguas residuales industriales generadas. No obstante, nuestro principal desafío será el afrontar los peligros y riesgos asociados al cambio climático sobre las poblaciones, sus medios de vida y los ecosistemas; en general sobre el capital natural, social, económico y cultural del país. 

En relación con la biodiversidad, conocemos de sobra que el Perú es un país privilegiado por su ubicación, sus características geográficas y por la influencia que ejercen la corriente peruana de Humboldt y la cordillera de los Andes. Dichas condiciones generan características climáticas únicas y particulares, que hace que nuestro país sea considerado megadiverso, con una riqueza ambiental y cultural inigualable. Pero estas características también nos hacen especialmente vulnerables al cambio climático y a los riesgos y peligros asociados a los que estamos expuestos. 

Los cambios sin precedentes provocados por el calentamiento del planeta están poniendo en riesgo nuestro “capital natural” que son la base de los medios de vida de las comunidades, de las ciudades y de las diversas actividades económicas que se desarrollan en nuestro país; las cuales sostienen cadenas de valor, generando ingresos y puestos de trabajo. La pérdida de reservas de agua dulce en su estado sólido, la aparición de peligros asociados al derretimiento glaciar y los cambios en el patrón de las precipitaciones, suponen un peligro asociado a la disponibilidad y acceso al líquido elemento. Actividades económicas como la agricultura pueden verse fuertemente golpeados, considerando que las actividades agrícolas ocupan el segundo lugar dentro del sector económico aportando el 5,5% del PBI del país.

La lucha contra el cambio climático es una oportunidad para mejorar nuestra relación con el planeta, es necesario ser conscientes y comprender que como sociedad somos dependientes del buen funcionamiento de los ecosistemas y de la biodiversidad para el mantenimiento de nuestros medios de vida. Tenemos la enorme responsabilidad de cambiar paradigmas y tener presente como país y sociedad el “sentido de urgencia” para implementar acciones y políticas, no sólo para la reducción de emisiones de GEI, si no también estar preparados para afrontar los efectos del cambio climático. 

La conservación de la biodiversidad juega un rol fundamental y predominante para mantener la resiliencia no solo de los ecosistemas naturales y artificiales (ciudades), de las poblaciones y comunidades, sino también para el futuro del país.







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