Por Stakeholders

Lectura de:

Paul Neira Del Ben
Especialista en políticas y reforma educativa
Fundador de TLF y Director Corporativo de EstudiaPe

En nuestro país, si bien los últimos meses del año pasado y estos primeros del 2022 estuvieron marcados por el crecimiento acelerado de la necesidad imperiosa del regreso a clases, también es cierto que nos hemos quedado centrados en la urgencia del regreso y al 28 de marzo como un ícono de este. Sin embargo, queda la pregunta (que aún no tiene respuesta) y que ha sido eludida varias veces por las autoridades a cargo: ¿qué va a suceder luego del primer día de clases? 

¿Vamos a volver al colegio en el año 2019? Como si este fuera un parangón o ejemplo de calidad, ¿Qué, desde el punto de vista pedagógico, debemos esperar durante todo el año 2022? ¿Cuál es el derrotero que debemos establecer para los siguientes años en el sistema educativo peruano? Así las cosas, el 28 de marzo vamos a saltar de la inmediatez del regreso a la pregunta orgánica de sí este sistema que tenemos es el que queremos, o el que necesitamos. Ante ambas posibilidades he de responder con un dolorosísimo no. 

No cabe duda de que el golpe que el sistema educativo peruano ha recibido durante la pandemia alcanza niveles de tragedia griega. Esta situación ha logrado herir estructuras, y avances logrados con mucho esfuerzo en los últimos treinta años. Pero también ha mostrado las debilidades decimonónicas de nuestro sistema como son el trío mortal de desigualdad, segregación y baja calidad de aprendizajes, quienes, junto a la pésima asignación de recursos, el permanente problema de infraestructura educativa, la falta de estructuras robustas de gestión y gobernanza del sistema, la poca apuesta sistemática de construir capacidades en el territorio para gestionar el sistema, solo nos muestran un panorama complicado que se agrava aún más por dos años de pandemia, con una grosera y abrumadora mayoría de colegios cerrados, un ministerio de educación atravesado por una enorme crisis de liderazgo (allí van los 11 ministros de educación en un poco más de 5 años), el mismo que paradójicamente es el segundo sector con más recursos en el ejecutivo. Allí donde se parece estar viendo una derrota, podría estar la oportunidad de reimaginar y reconstruir una nueva educación para todos los peruanos. 

¿Cómo reimaginar y reconstruir un sistema educativo? Lo primero que necesitamos es tener la oportunidad para la transformación. Y esta se encuentra dada con la crisis del COVID 19 y el hecho que millones de peruanos, directa o indirectamente, están ansiosos por regresar a clases. Ello nos da el sentido de la oportunidad histórica. En segundo lugar, requerimos como país y sociedad no olvidar lo que han significado estos dos años de cierre de clases, para así lograr sostener el momentum y asegurar un continuo flujo de exigencia a nuestras autoridades para que no nos ofrezcan lo mismo en educación. Finalmente, debemos mantener un compromiso indesmayable con los aprendizajes de nuestros niños, niñas y adolescentes. El sistema educativo existe para ellos y para ellos, si ellos no son primeros entonces no vamos a poder construir ese nuevo sistema educativo que va a necesitar el Perú para enfrentar los años de recuperación que se nos vienen. 

Si en este momento no comprendemos, como sociedad y como colectivo, la ineludible responsabilidad de transformar el sistema educativo peruano vamos a comprometer el futuro de nuestra nación, su capacidad de desarrollo, y la vida futura de nuestra gente. Sin educación no hay futuro sostenible y humano. 







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