Por Stakeholders

Lectura de:

Otto Regalado
Profesor Principal de ESAN Graduate
School of Business

El pasado 22 de marzo se celebró el Día Mundial del Agua en medio de una preocupante poca autocrítica que existe en nuestro país con relación al manejo de este recurso vital para la sociedad y que podría ser en el futuro cercano más valioso que el oro, los diamantes o el petróleo. Recordemos que, desde diciembre del 2018, en la bolsa de valores de Nueva York, compradores y vendedores ya negocian el precio del agua dado que este recurso es finito y cada vez hay una mayor escasez en el mundo. 

Dentro de este contexto, el sector turismo y el de servicios juegan un rol fundamental debido a que, si bien son un motor económico para muchos países, son también grandes consumidores de agua. Por otro lado, ambos están amenazados por el cambio climático y requieren replantear su modelo de negocio hacia uno más sostenible, tanto para tener un impacto más positivo con el planeta y la sociedad, así como para no verse perjudicados financieramente por problemas de operatividad. 

De acuerdo con un informe elaborado por The Intergovernmental Panel on Climate Change de la ONU, se prevé que, en diversas zonas de la tierra, como lo son el Mediterráneo, Oriente Medio, Centroamérica, Sudamérica, casi la totalidad de África, sur de Indonesia y Oceanía (Australia y buena parte de la Polinesia), habrá una fuerte caída de lluvias en los próximos años, lo que originará sequías, una alteración de diversos ecosistemas, así como una menor disponibilidad de agua potable debido a que los grandes reservorios no podrán mantener los niveles actuales para satisfacer la demanda de la población. Si a esto le sumamos el cambio climático, que tiene como uno de sus más visibles efectos el aumento del nivel del mar, nos encontramos con zonas costeras que podrían volverse inhabitables y con un número importante de acuíferos contaminados, lo que afectaría aún más al suministro de agua potable. 

Ante este preocupante escenario, se necesita una mayor consciencia del enorme reto que se tiene para administrar mejor los recursos hídricos y planes de acción de corto, mediano y largo plazo. Aquí es importante señalar que no se requieren necesariamente grandes desembolsos de dinero. Así, los establecimientos turísticos y de servicios pueden implantar soluciones sencillas y económicas para mitigar el consumo, como son la reducción del caudal en grifos y duchas (esto a su vez puede traer consigo un ahorro entre el 40% y 50%); reutilización del agua para actividades como el regado de áreas verdes o limpieza de espacios comunes; mantenimiento de instalaciones para evitar fugas y claro está, la educación al personal y a los mismos clientes para no desperdiciar el agua. 

Otra herramienta importante es la huella hídrica empresarial, que es la medida del total del agua consumida para la producción de bienes y servicios. Cabe señalar que esto incluye tanto la parte operacional como lo que se consume en la cadena de suministro. La evaluación de la huella hídrica hace posible que un negocio pueda saber cómo optimizar más el uso de agua, tanto de forma directa, como indirecta (los proveedores y resto de socios que forman su cadena productiva) y es un indicador del nivel de sostenibilidad que tiene.

Como reflexión final, tanto el turismo como los servicios deben asumir un papel de liderazgo y garantizar que sus cadenas de valor optimicen el manejo del agua. A su vez, lejos de la creación de un Ministerio del Agua, que puede resultar otro elefante blanco, desde el Estado peruano se necesita establecer una política hídrica clara que incorpore los últimos avances tecnológicos para la optimización y cuidado de este recurso, como son la digitalización en el ciclo del agua, desalinización del agua de mar, control inteligente del ciclo del agua, riego tecnificado, dispositivos de Smart Home, entre otros.







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