José Luis Ruiz Pérez
Director de Maestrías y Programas de la Escuela
de Gestión Pública de la UP

La transición de nuestras prácticas de producción y consumo hacia la economía circular es vital para la agenda de desarrollo sostenible del Perú porque combina como pocos las dimensiones económica, social y ambiental. El Perú lo ha entendido así, al incluir en la Política Nacional de Competitividad y Productividad un lineamiento dirigido a generar las condiciones para el tránsito hacia una economía circular y ecoeficiente. 

Un estudio del 2021 de la CEPAL resalta las oportunidades derivadas de la economía circular. Estima que mejorando la gestión de residuos y el reciclaje y construyendo encadenamientos entre el sector productivo para el aprovechamiento de los materiales, se podría generar entre 0,19% y 0,35% de producción adicional en promedio en los países latinoamericanos. Asimismo, esta actividad genera un 55% más de empleos directos por dólar de producción que el promedio de la economía. 

En los últimos años, el Perú ha preparado su marco normativo para el desarrollo de la actividad. La Ley de Gestión Integral de Residuos Sólidos incorporó conceptos como la valorización de los residuos sólidos, la responsabilidad extendida del productor y la suscripción de Acuerdos de Producción Limpia que incorporen de manera voluntaria al sector privado. 

Asimismo, se ha desarrollado la Hoja de Ruta hacia una Economía Circular en el Sector Industria (aprobada por Decreto Supremo N°003-2020-Produce) y está en proceso de elaboración las hojas de ruta del sector agricultura y del sector pesca. Estos instrumentos contienen las acciones que desarrollará el Estado para impulsar y promover la transición de un modelo económico lineal a uno circular en estos sectores. La transición no será posible sin la participación de todos los sectores. 

Por ello, es especialmente valiosa la firma del Pacto Peruano por una Economía Circular en julio de 2021, iniciativa multisectorial que promueve la articulación entre el sector público, los gremios empresariales, la academia y la cooperación internacional. El pacto, complementado con la Plataforma Perú Circular, propician el diálogo, coordinación, colaboración multiactor y toma de decisiones para acelerar la transición hacia la economía circular en el país. 

Estos avances requieren ser complementados con medidas importantes para la generación de un círculo virtuoso que atraiga a más actores hacia este nuevo paradigma. Una de ellas es el impulso a la inversión en infraestructura para el tratamiento, valorización y disposición final de residuos que constituye el cimiento de la economía circular, además de constituir un elemento básico para dotar de condiciones de vida digna a la población y proveer solución a un problema de contaminación en diversas zonas de nuestro territorio. 

Asimismo, la transición requiere del desarrollo de instrumentos económicos y financieros que fomenten la innovación en tecnologías para modelos de producción y consumo circulares y que financien la adopción de esas innovaciones por las empresas, con particular énfasis en las mipymes. El Estado, a través de sus políticas sectoriales, compras públicas, instrumentos de fomento, fondos concursables o la acción de las instituciones financieras públicas puede incentivar esta transformación de nuestras empresas. 

En el sector privado, las instituciones financieras muestran una genuina preocupación por incorporar consideraciones de sostenibilidad y criterios ASG en su gestión. El financiamiento de la transición a la economía circular se presenta para ellas como un negocio que cumple el doble papel de reducir los riesgos ASG de su portafolio y capitalizar la oportunidad de incluir entre sus clientes a empresas con modelos circulares de negocio que capturan los beneficios de mercados que valoran la producción sostenible. 







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