El primer semestre de 2026 fue uno de los más exigentes para la industria avícola peruana. La creciente informalidad, el ingreso irregular de huevos desde Bolivia y Ecuador y los problemas sanitarios presionaron al mercado, afectando la disponibilidad del producto y los márgenes de la categoría.
En este contexto, La Calera, empresa líder en producción y comercialización de huevos, orientó su estrategia a sostener los niveles alcanzados el año anterior, priorizando la continuidad de la operación y el abastecimiento frente a un entorno cada vez más presionado. La compañía considera indispensable reforzar los controles sanitarios fronterizos, especialmente en un escenario de crisis global que exige mayor vigilancia de las autoridades.
La empresa destacó que continúa avanzando en la automatización de su planta, un factor clave para mantener competitividad en un mercado altamente sensible al precio.
Huevos para el Ande: un modelo con escala
La renovación más significativa del semestre fue la transformación de la línea clásica de huevos pardos en una línea social integrada al programa Huevos para el Ande. Antes, el aporte dependía de un único producto social con cobertura limitada. Ahora, al tratarse de una línea presente en todos los puntos de venta del país, la capacidad de recaudación se multiplica sin depender de un producto de nicho.
El programa entrega gallinas ponedoras a familias altoandinas de Cusco, junto con capacitación en crianza, seguimiento técnico y reposición al término del ciclo de postura. Hasta la fecha, ha beneficiado a 2,249 familias en 14 comunidades, con la entrega de 22,930 gallinas.
Con esta integración, la empresa proyecta multiplicar los ingresos destinados al programa mediante la venta de su línea clásica de huevos pardos Ande en presentaciones de 15 y 30 unidades. Actualmente, el programa cuenta con 17 empresas donantes de sectores de salud animal e insumos agrícolas y espera sumar al menos cinco alianzas adicionales antes de fin de año. Para 2026, la prioridad es consolidar la reposición de gallinas en las comunidades actuales, priorizando criterios de vulnerabilidad y viabilidad técnica.
“Nuestra línea clásica es el producto de mayor volumen de nuestro portafolio, y eso es justamente lo que le da escala al programa. No se trata de un producto nicho para quienes quieran hacer una compra especial: es la compra habitual del consumidor la que ahora sostiene a más familias en Cusco”, explicó Pedro José de Zavala, gerente general de La Calera.
La compañía reafirma su compromiso de sostener la operación en un mercado presionado por la informalidad y de fortalecer su impacto social en comunidades vulnerables, integrando competitividad empresarial con responsabilidad social en un momento crítico para la industria avícola peruana.









