Ética y lucha anticorrupción en rojo en América Latina

El 80 % de Latinoamérica está en la cola del Índice de Percepción de la Corrupción en el sector público de TI. Por otro lado, el 82 % de la población latinoamericana cree que la corrupción está extendida en cada institución pública y el 52 % indica estar dispuesto a evadir el pago de un tributo. En tanto, la percepción del riesgo de corrupción en el sector privado es del 74 %.

Por Rudy Chávez
rchavez@stakeholders.com.pe

La ética y la lucha anticorrupción son casi una ficción en América Latina. Según Transparencia Internacional (TI, 2017), el 80 % de Latinoamérica está en la cola de su Índice de Percepción de la Corrupción en el sector público. Por su parte, de acuerdo a la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE, 2017), el 82 % de la población latinoamericana cree que la corrupción está extendida en cada institución pública y el 52 % indica estar dispuesto a evadir el pago de un tributo. Por otro lado, conforme a Ernst & Young (EY, 2017), la percepción del riesgo de corrupción en el sector privado es del 74 %.

El presidente de la Unión de Responsabilidad Social Universitaria Latinoamericana (Ursula) y profesor investigador de la Pacífico Business School (PBS), François Vallaeys, dijo que este escenario está ligado a una cultura de la transgresión y a una tolerancia con la corrupción. «La poca estima y confianza ciudadana hacia el sector público han originado que la gente no espere nada de su institucionalidad. En su lugar, lo que ha terminado primando en la población es una ética del compadrazgo, es decir, la lealtad a un grupo cerrado de confianza», afirmó.

Para Vallaeys, la base de la sociedad latinoamericana se sostiene en la confianza en la amistad, en el recelo hacia el desconocido y en el irrespeto por el bien común. «Por una parte está el tristemente célebre “¡Para mi enemigo, la ley, y para mi amigo, todo!”, y por otra parte está el “Hecha la ley, hecha la trampa”. Esto genera desconfianza e ilegitimidad social, lo cual socava la institucionalidad y, por lo tanto, el funcionamiento del Estado como organización política, administrativa y territorial», indicó.

Asimismo, consideró que el sector privado tampoco se salva de esta percepción negativa debido a esta cultura transgresora y a la permisividad con la corrupción. «Este problema no solamente está ligado al sector público, sino también a la sociedad en general, lo cual desde luego termina concerniendo por igual al sector privado», señaló.

Por su parte, el secretario del Grupo de Institutos, Fundaciones y Empresas (GIFE) de Brasil, José Marcelo Zacchi, cree que este contexto representa una oportunidad para lograr la afirmación de una institucionalidad fuerte y la construcción de una confianza colectiva en el Gobierno. «Este escenario trae consigo una tarea histórica para la edificación de un sector público transparente y eficaz en un momento en que está ganando terreno la erosión de la confianza en el poder público», vaticinó.

Zacchi explicó que este escenario también conlleva un desafío para la promoción de la ética y la lucha anticorrupción. «Este reto implica sacar adelante un proyecto para rehacer la institucionalidad con un fuerte componente ético y de compromiso público, con la finalidad de escapar del espiral de descrédito y cinismo que ha conspirado contra la consolidación de la democracia latinoamericana durante la última década», precisó.

De igual modo, argumentó que esta problemática no solo involucra al sector público, sino también a la sociedad en su totalidad. «Por esta razón, no sorprende para nada que la percepción de déficit de ética e integridad también alcance al sector privado. Generalmente, la gran corrupción regional se ha caracterizado por la dinámica de interacción entre el sector público, el sector privado y un falso cabildero. Por esta razón, reitero que para avanzar genuinamente en la lucha contra la corrupción se necesita construir una cultura y una institucionalidad ética, transparente e íntegra», recomendó.

Francois Vallaeys, presidente de la Ursula y profesor investigador de la PBS.

Latinoamérica, Norteamérica y Europa en ética y lucha anticorrupción

La ética y la lucha contra la corrupción en Norteamérica y Europa difieren radicalmente de su situación en Latinoamérica. Según TI, Nueva Zelanda, Dinamarca y EE.UU. ocupan el primer, segundo y decimosexto lugar, respectivamente, en su Índice de Percepción de la Corrupción. Por su parte, conforme a EY, Finlandia, Suecia y Dinamarca tienen el mayor nivel de ética en su Encuesta Global sobre Fraude en el sector privado. TI y EY coinciden en que la región con menor índice de percepción de la corrupción en el sector público y el sector privado es Europa Occidental.

Vallaeys cree que esto confirma la asimetría existente entre la percepción de la corrupción en el sector público y el sector privado en América Latina, EE.UU. y Europa. «Esta situación corresponde a la fragilidad de la presencia y la autoridad del Estado en el continente, situación opuesta a la que se vive en Norteamérica, Escandinavia y, sobre todo, Europa occidental», afirmó.

Igualmente, arguyó que la elevada percepción de la corrupción y el alto nivel de desconfianza ciudadana existente en la región elevan drásticamente el costo de transacción e interacción en la sociedad. «Cualquier transacción con un compadre se pagará con un favor en el futuro, pero una transacción con un desconocido estará basada desde el principio en la desconfianza y el pleitismo jurídico, lo cual terminará elevando su costo», lamentó.

Además, aseveró que debido a que la población latinoamericana tiene poco capital de confianza para desarrollar una actividad económica, esta prefiere quedarse con su pequeña empresa familiar informal en lugar de tomar el riesgo de crecer, contratar a un desconocido y jugar en la cancha de la vía pública formal. «Esto también repercute directamente en la recaudación tributaria y, por lo tanto, en el presupuesto público», sentenció.

En tanto, Zacchi consideró que este estudio también demuestra que Latinoamérica todavía tiene un largo camino por recorrer para construir una sociedad y un entorno público plenamente democrático como en Norteamérica y Europa. «A pesar de que este contexto demuestra que aún hay mucho por hacer en ética y lucha contra la corrupción, esto igualmente puede verse como una oportunidad para analizar, corregir y avanzar en la construcción de una cultura e institucionalidad consistente con la ética, la transparencia, la integridad y la observación efectiva del interés público», indicó.

También manifestó que la calidad y la confianza ciudadana en la institucionalidad influyen mucho sobre el crecimiento y el desarrollo socioeconómico de cualquier sociedad. «Por ello, la constatación del déficit en la primera y la consiguiente erosión de la segunda tienen el efecto de minar profundamente el potencial de un avance socioeconómico, generando inseguridad jurídica e inhibiendo la inversión», expresó.

De igual manera, explicó que la confirmación del deterioro de la confianza ciudadana en la región ha reforzado la idea de promover el republicanismo. «Actualmente,  la desconfianza ciudadana ha obligado a impulsar el avance del republicanismo en la institucionalidad regional, teoría política que requiere del apoyo de la ciudadanía para cristalizarse», declaró.

José Marcelo Zacchi, secretario general del GIFE.

Ética y lucha anticorrupción en la UP y el GIFE

La Universidad del Pacífico (UP) se ubica en el puesto 16 de 100 en Responsabilidad Social y Gobierno Corporativo a nivel nacional, según el ranking anual del Monitor Empresarial de Reputación Corporativa (Merco, 2017). De otro lado, desde 1995 el GIFE de Brasil viene trabajando en la gestión de la inversión social privada, llegando a gestionar durante este tiempo un monto acumulado de alrededor de USD 500 000 000.

En el marco de la labor por la promoción de la ética y la lucha anticorrupción en la UP, Vallaeys destacó que esta ha implementado una cultura de excelencia y respeto encarnada en su Código de Ética y en el papel que interpreta el Defensor Universitario en su cumplimiento. «El Defensor Universitario debe velar por el respeto de la normativa de convivencia de la UP, la cual está expresada en su Código de Ética», afirmó.

Asimismo, indicó que cada maestría que se dicta en la PBS tiene en su malla curricular un curso sobre Ética y Responsabilidad Social. «Personalmente, siempre trabajo el tema de la cultura de la transgresión con mi alumnado, con el fin de buscar una solución para lograr un clima laboral sano y ético dentro de una organización», precisó.

Para lograr este clima laboral, dijo que primero debe crearse un entorno cultural idóneo para el desarrollo de una ética universalista. «El cambio cultural es un trabajo de largo aliento. Por ello, está prohibido caer en la desesperación y tirar la toalla», advirtió.

A su turno, Zacchi subrayó que el GIFE tiene una dilatada experiencia en la promoción de la gobernanza y la integridad en el universo de la filantropía y la inversión social privada brasileña. «La periódica medición de la gobernanza y la promoción cotidiana de la transparencia que realiza el GIFE así lo demuestran», aseguró.

Además, recalcó que, con el apoyo y la estimulación de cualquier iniciativa relacionada con la promoción de la ética y la lucha contra la corrupción, el GIFE profundiza la democracia y el compromiso republicano. «Justamente, con el propósito de continuar por este camino, desde julio de este año el GIFE se ha unido al Movimiento Empresarial por la Integridad y la Transparencia», reveló.

Finalmente, remarcó que el rol central del GIFE es el perfeccionamiento del ambiente político institucional para la inversión social. «Esto, junto a la ampliación de la calidad, la legitimidad y la relevancia de la actuación de un inversor social privado, facilita la reducción de la brecha de desigualdad social, haciendo sostenible el desarrollo de un Estado», concluyó.

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