Lo que la economía hizo por la equidad de género

Por: Hans Rothgiesser
Director Adjunto de la Revista Stakeholders

Hasta hace unos años vivíamos tiempos emocionantes en lo que a equidad de género se refería. El crecimiento de la economía había llevado a un fuerte incremento en la demanda laboral con perfiles bastante específicos. Esto llevó a que empresas grandes accedieran a hacer los cambios necesarios en sus políticas de contratación, lo que redujo ligeramente la inequidad de género. Esto se hacía en la medida en la que empresas con necesidades específicas y que habían encontrado profesionales adecuados para cubrir esos puestos estaban dispuestos a asumir costos adicionales para fidelizarlas y retenerlas. Esto quería decir, por ejemplo, institucionalizar internamente la reducción en la brecha de salarios entre hombres y mujeres, así como facilidades para madres con niños recién nacidos.

Según Ana María Yañez del Movimiento Manuela Ramos, lo que hemos tenido en realidad son casos específicos de mujeres extraordinarias que han sorteado obstáculos para salir adelante. Pero que no se trata de algo generalizable. Lamentablemente, ésta era la realidad que se estaba buscando explicar en el 2011, cuando teníamos crecimiento económico anual de 6.92% y no el 3.9% del 2016, pasando por el eminentemente desastroso 2.35% del 2014. La presión en el mercado laboral no es hoy lo que era antes, lo que ha hecho que el tema se transforme. De hecho, pareciera que estamos retrocediendo a darle un enfoque legalista.

Y si bien aún quedan muchos temas pendientes, lo cierto es que por lo menos hoy en día existe una aceptación a nivel de líderes de opinión de que es algo que hay que tratar. La inequidad de género está sobre el tapete, lo cual ya es un avance inmenso. Otra evidencia es que ya está públicamente mal visto que solamente haya hombres en una convocatoria.

Esto fue lo que pasó, por ejemplo, con el evento organizado por Crisol para el 23 de abril como celebración por el día del libro. En su tienda del óvalo Gutiérrez convocó a un conversatorio sobre “La literatura y su contexto actual”, en el que hablarían cinco individuos. Más allá de la base que podrían tener estos señores para comentar este tema, estaba el hecho de que eran cinco hombres. Esto fue pésimamente mal recibido por las redes sociales, lo que llevó a Crisol a convenientemente cancelar el evento. Sería sabio apostar a que la próxima vez tendrá por lo menos un par de mujeres en la mesa, de preferencia con una trayectoria en el mundo de la literatura.

¿Fue la reacción de las redes sociales un exceso? ¿Fue la respuesta de Crisol una exageración? Quizás, pero aquí lo positivo es que ya se trata de un tema de discusión aceptado. No está mal visto hacer esta exigencia y eso ya es un gran avance. Hace poco la columnista Mariana Alegre comentó que sería bueno que el Hospital del Niño se llame “Hospital del Niño y de la Niña” o alguna variación que incluyese la idea de que niñas también eran aceptadas. Esto también dio lugar a una discusión en redes sociales. La idea no fue recibida de manera positiva por todos, pero por lo menos se dio, lo cual ya es bueno.

En todo caso, las tendencias en el mundo hacen indicar que tenemos razones para estar optimistas. Un estudio de Ipsos mostraba hace poco que tres de cada cuatro personas en 24 países incluidos en su análisis reconoce que hay inequidades de género en su país. Y 88% opinaba que las mujeres y los hombres debían ser tratados igual. Nueve de diez personas creen en la igualdad de oportunidades. Sin embargo, curiosamente una de cada cinco personas opinaba que las mujeres son inferiores a los hombres. Triste, pero cierto. De hecho, el porcentaje subía a casi la mitad en India y Rusia.

Según este estudio, cuatro de cada diez mujeres en el mundo consideran que no cuentan con la libertad suficiente como para poder alcanzar sus sueños y aspiraciones. Éste es quizás el peor efecto de esta situación. Lo primero que necesitamos para afrontar este reto es tener esperanza y abordarlo con optimismo. Si damos razones para que no lo haya, todo estará perdido. Por lo menos en el Perú parece que éste no es el caso y debemos mantenerlo así.

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