Por Stakeholders

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Por: Jorge Melo Vega
Presidente de Responde

Resulta edificante observar la evolución, tan positiva, que ha generado la reivindicación de los derechos de la mujer, siempre legítimos, y que han tomado distancia del antiguo movimiento feminista que durante décadas lideró estos principios; grupos que practicaban una línea más confrontacional y muy ideologizada. Es probable que la causa requiriese esa beligerancia en su momento, por las resistencias culturales que generaba, pero hoy el escenario es muy diferente y los temas de equidad de género obtienen consenso con mayor facilidad.

Hemos migrado de las resistencias, incluso de las propias mujeres, a aceptar el discurso feminista por considerarlo excluyente para su propio desarrollo: “quiero ser exitosa por mis propios méritos y no en razón de una discriminación positiva”; como de las propias organizaciones feministas, que reivindicaban el derecho de la mujer, pero realmente no de todas, sino únicamente de aquellas que cumplían el patrón de mujer al que ellas aspiraban: “el de las comprometidas, no el de las tontas o superficiales”.

Desde las sufragistas en Inglaterra a inicios del siglo pasado, que reivindicaban el derecho al voto empleando bombas y sembrando el terror, hasta la reciente plataforma “ni una menos” originada en Argentina el 2015, replicada en Perú el año pasado, y que movilizó de forma masiva y solidaria a toda la sociedad. Han transcurrido 100 años y en el mundo occidental y en los espacios urbanos de nuestra región, resultaría casi delictivo establecer hoy algún tipo de diferencia en las actividades cotidianas. Pero el reto sigue siendo mayúsculo debido a que se trata de fundamentos culturales.

Los recientes balances sobre equidad de género nos señalan que la principal barrera para avanzar se presenta en las propias mujeres, no por debilidad, sino por los estereotipos culturales a los que estamos todos acostumbrados, en los que se espera el cumplimiento de determinados roles y que, terminan elevando en ellas, los estándares a su propio raciocinio. La dimensión de la responsabilidad, para el caso de las mujeres, es distinta que la de los hombres en nuestra región. Hacerse cargo del cumplimiento de las tareas de la casa y de los hijos, en un papel de madre intensa es un patrón que no se discute: así es, no es negociable. A partir de allí, cualquier tipo de desarrollo personal o profesional pasa a ser una actividad secundaria. No importa que su situación particular no lo demande, la barrera mental ya está creada.

La Mujer Maravilla, los comics el cine y la televisión

Si hay un escenario en el consumismo cultura que replicamos, ese es el del entretenimiento, nos atreveríamos a postular que incluso por encima de la escuela. Lo es porque es presente y en él convergen niños, jóvenes y adultos, a diferencia de la escuela que siempre se proyecta con educación para el futuro. Por ello resultan muy positivos los cambios que vienen ocurriendo en las industrias culturales, sobre todo en las de consumo masivo como el cine y la televisión, en las que se preocupan en abordar la problemática de equidad de género en una dimensión entretenida e inteligente.

La bella y la bestia de Disney, la Mujer Maravilla de DC Comics, Shrek de Universal, son películas que revisan los estereotipos sobre la belleza, la inteligencia, la fuerza o el liderazgo en la mujer, con una carga de profundidad cultural muy fuerte. Ocurre lo mismo con series recientes de televisión programadas por Netflix. Las chicas del cable, “Orange is the new black” o “GLOW”, ofrecen contenidos que están expresamente dirigidos a la reivindicación del género, apelando a lo cotidiano y sin imponer ideologías, logrando altísima aceptación y rating.

Estos espacios de entretenimiento tienen mucha más incidencia que las anteriores experiencias de conflicto y nos obligan a replantearnos sobre el uso de mecanismos innovadores para modificar patrones culturales e incrementar mejoras en las prácticas ciudadanas. De allí que en nuestro país tenemos serias señales de alerta que debemos observar y no dejar pasar, se trata de evaluar la oferta televisiva local que no colabora en mejorar nuestros estándares, con toda seguridad debido a que se requiere de mucha inteligencia para producir contenidos de calidad y que obtengan rating.







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