En un contexto donde la sostenibilidad dejó de ser un discurso accesorio para convertirse en estrategia de competitividad, la ingeniería peruana atraviesa una transformación profunda. El país se consolidó en los Premios Verdes 2026 entre los cinco ecosistemas más activos de Latinoamérica, con más de 200 proyectos inscritos, demostrando que la sostenibilidad es parte del ecosistema empresarial y académico.
En ese escenario, Nery Herrera, docente de la carrera de Ingeniería Industrial de la Universidad Antonio Ruiz de Montoya (UARM), conversó con Stakeholders para señalar cómo el perfil del ingeniero peruano se transforma frente a los retos de sostenibilidad y competitividad.
¿Cómo ha evolucionado el perfil del ingeniero peruano frente a los retos de sostenibilidad y competitividad?
El perfil del ingeniero peruano ha evolucionado de manera radical en los últimos años. Anteriormente, nuestra formación estaba enfocada principalmente en reducir costos, aumentar la productividad y maximizar la producción en el corto plazo. Sin embargo, el contexto actual exige una visión mucho más integral y estratégica.
Hoy, un ingeniero industrial no puede ser competitivo si no incorpora criterios de sostenibilidad en la toma de decisiones. La ingeniería ya no se limita únicamente a optimizar procesos; ahora implica diseñar sistemas eficientes que también consideren el impacto ambiental y social. Conceptos como economía circular, reducción de la huella de carbono y gestión responsable de recursos se han convertido en elementos fundamentales dentro de cualquier proyecto o proceso industrial.
Además, hemos comprendido que la eficiencia operativa y la sostenibilidad no son objetivos opuestos, sino complementarios. Un proceso que genera desperdicios excesivos, consume recursos de manera irresponsable o afecta negativamente al entorno deja de ser verdaderamente eficiente y rentable en el largo plazo. En ese sentido, el ingeniero moderno ya no es solo un ejecutor técnico, sino un profesional capaz de liderar estrategias sostenibles que generen valor económico, ambiental y social de manera simultánea.
¿Qué factores explican que la sostenibilidad haya pasado de ser un compromiso ambientala una estrategia de negocio?
Existen principalmente tres factores que han impulsado a las empresas a adoptar la sostenibilidad como parte central de su estrategia: la exigencia del mercado global, la optimización de recursos y el acceso al financiamiento.
En primer lugar, la sostenibilidad ha dejado de ser vista como un simple “gasto de marketing” para convertirse en una necesidad de competitividad y permanencia en el mercado. Actualmente, los consumidores y clientes corporativos evalúan cada vez más el comportamiento ambiental y social de las empresas, premiando a aquellas marcas responsables y cuestionando a las que no lo son.
En segundo lugar, desde una perspectiva operativa, las organizaciones han comprendido que gestionar eficientemente recursos como el agua, la energía y las materias primas genera un impacto directo y positivo en la estructura de costos. Reducir desperdicios y optimizar consumos no solo beneficia al medio ambiente, sino que también mejora la rentabilidad y la eficiencia de los procesos.
Finalmente, el acceso al capital y a nuevas oportunidades de financiamiento también está cada vez más ligado a criterios de sostenibilidad. Hoy, tanto los fondos de inversión como las entidades financieras priorizan empresas y proyectos que incorporen prácticas responsables y criterios ESG (ambientales, sociales y de gobernanza). En el caso peruano, esto también se refleja en programas y fondos concursables como ProCiencia y ProInnóvate, que financian proyectos y emprendimientos, los cuales priorizan y cofinancian iniciativas que demuestran un claro componente de sostenibilidad, innovación e impacto social.
¿Qué significa para usted «construir mejor» en el contexto de la ingeniería sostenible en Perú?
Para mí, “construir mejor” en el Perú significa desarrollar soluciones de ingeniería que respondan de manera responsable a nuestra realidad: una geografía diversa, grandes brechas sociales y una enorme riqueza ambiental que debemos proteger. No se trata únicamente de construir infraestructura o utilizar materiales sostenibles, sino de diseñar sistemas, procesos y cadenas de suministro que sean eficientes, resilientes y sostenibles a largo plazo.
Como ingeniera egresada de la Universidad Antonio Ruiz de Montoya, una universidad con formación jesuita, considero que la ingeniería debe tener siempre un enfoque humano y ético. Construir mejor implica aplicar una ética profesional rigurosa, donde el desarrollo tecnológico e industrial camine de la mano con la dignidad humana, el respeto por nuestro entorno y el compromiso con el bien común.
Asimismo, cada proyecto debe buscar no solo el crecimiento económico, sino también generar un impacto positivo en las comunidades, promoviendo oportunidades, reduciendo desigualdades y trabajando de manera responsable con las personas y el ambiente.
Además, construir mejor significa tener una visión preventiva y no reactiva: anticipar riesgos ambientales y sociales desde la etapa de planificación, en lugar de intentar corregirlos cuando el daño ya está hecho. En un país como el Perú, construir mejor es hacer ingeniería con compromiso, innovación, sostenibilidad y visión de futuro, pensando siempre en el bienestar de las generaciones presentes y futuras.
¿Qué ejemplos concretos de proyectos sostenibles en Perú muestran que la ingenieriapuede ser motor de competitividad?
Existen diversos ejemplos en el Perú que demuestran cómo la ingeniería puede contribuir al desarrollo sostenible, integrando innovación, eficiencia y responsabilidad social y ambiental.
Uno de los casos más representativos es el proyecto minero Quellaveco, en Moquegua, considerado la primera mina 100% digital del país. Este proyecto incorpora camiones autónomos, sistemas de monitoreo inteligente y tecnología de relaves espesados que permiten optimizar el uso del agua. Además, opera con energía eléctrica proveniente de fuentes renovables, mostrando cómo la minería puede avanzar hacia procesos más eficientes y con menor impacto socioambiental.
En Lima, la Planta de Tratamiento de Aguas Residuales (PTAR) La Chira constituye un importante referente de ingeniería sanitaria. Gracias a tecnología de tratamiento avanzado, esta infraestructura procesa las aguas residuales de millones de habitantes y reduce significativamente la contaminación del litoral limeño. Su impacto no solo mejora la salud pública y la calidad ambiental, sino que también fortalece sectores como el turismo y la sostenibilidad urbana.
Otro ejemplo importante es el Edificio Arona, ubicado en San Isidro, que representa la innovación en construcción sostenible en el país. Este edificio cuenta con certificación LEED (Liderazgo en Energía y Diseño Ambiental), gracias a su diseño bioclimático, uso eficiente de energía, paneles solares y sistemas de reutilización de aguas grises. Este tipo de infraestructura demuestra que la sostenibilidad también puede generar eficiencia operativa y beneficios económicos a largo plazo.
En el sector energético, destaca el Parque Eólico Punta Lomitas, en Ica, el cual aprovecha la energía del viento para generar electricidad limpia e incorporarla al Sistema Eléctrico Interconectado Nacional. Proyectos como este contribuyen a reducir la huella de carbono del país y promueven una transición hacia matrices energéticas más sostenibles y competitivas.
Finalmente, las iniciativas de “siembra y cosecha de agua” desarrolladas en los Andes peruanos evidencian cómo la ingeniería puede integrarse con los conocimientos ancestrales y las necesidades de las comunidades. A través de microreservorios, zanjas de infiltración y qochas, estas obras permiten almacenar y gestionar el recurso hídrico, fortaleciendo la agricultura y reduciendo la vulnerabilidad frente al cambio climático.
Todos estos ejemplos reflejan que construir mejor en el Perú no significa únicamente incorporar tecnología, sino desarrollar proyectos con visión integral, donde la innovación, la sostenibilidad y el bienestar de las personas avancen de manera conjunta.
Según McKinsey, las empresas con criterios ESG pueden incrementar sus márgenes entre5% y 10%. ¿Cómo se traduce esto en la práctica para la ingeniería nacional?
El margen adicional que mencionan diversos estudios sobre sostenibilidad y criterios ESG puede observarse también en el contexto peruano a través de proyectos de ingeniería que integran eficiencia, innovación y responsabilidad ambiental.
En la práctica, las empresas que incorporan estándares sostenibles en sus operaciones suelen acceder a mejores oportunidades de financiamiento, fortalecer su reputación corporativa y optimizar sus procesos productivos. De esta manera, la sostenibilidad deja de ser vista únicamente como un compromiso ambiental y se convierte también en una estrategia de competitividad y crecimiento empresarial.
Asimismo, la ingeniería aplicada a procesos de descarbonización, eficiencia energética y uso de energías renovables permite generar ventajas en mercados cada vez más exigentes. Las organizaciones que adoptan este enfoque no solo reducen impactos ambientales y costos operativos, sino que también logran posicionarse de manera más favorable frente a clientes, inversionistas y cadenas de suministro globales.
En ese sentido, el enfoque ESG no debe entenderse como una tendencia teórica, sino como una herramienta concreta que, a través de la ingeniería, impulsa el desarrollo sostenible y la creación de valor a largo plazo.
¿Cómo la gestión de riesgos regulatorios y reputacionales está redefiniendo la manera enque se diseñan y ejecutan proyectos de ingenieria?
Actualmente, el diseño de un proyecto de ingeniería ya no inicia únicamente en los planos o especificaciones técnicas, sino en la evaluación integral de los riesgos ambientales, sociales y reputacionales asociados a su ejecución. En el contexto peruano, las regulaciones impulsadas por entidades como el MINAM y la OEFA son cada vez más rigurosas, mientras que la exposición pública y el impacto de las redes sociales han incrementado el nivel de exigencia hacia las empresas y sus operaciones.
Por ello, la ingeniería moderna trabaja bajo un enfoque preventivo y sostenible, donde las decisiones técnicas se toman considerando desde el inicio los posibles impactos sobre las comunidades, el medio ambiente y la viabilidad social del proyecto. Si un proceso productivo presenta riesgos de generar conflictos socioambientales, sanciones regulatorias o afectar la reputación corporativa, el diseño debe replantearse antes de iniciar la ejecución. En ese sentido, la gestión del riesgo ya no es un elemento complementario, sino un factor estratégico que condiciona la viabilidad técnica, económica y social de los proyectos de ingeniería.
¿Qué rol juegan las universidades y centros de formación en preparar a los futurosingenieros para este nuevo enfoque?
Las universidades peruanas están dejando de ser únicamente espacios de transmisión de conocimientos para convertirse en actores clave en la búsqueda de soluciones a problemas sociales, ambientales y económicos. Frente a los desafíos del desarrollo sostenible, su rol ya no se limita a la formación técnica, sino también a la construcción de profesionales con pensamiento crítico, visión ética y capacidad de generar impacto positivo en la sociedad.
Como egresada de la Universidad Antonio Ruiz de Montoya, considero que la formación en ingeniería debe integrar no solo competencias técnicas, como matemáticas, termodinámica o gestión de operaciones, sino también las humanidades, la ética y una comprensión integral de la realidad. Hoy, la ingeniería requiere profesionales capaces de analizar la eficiencia de un proyecto sin perder de vista sus implicancias sociales y ambientales.
Por ello, las universidades deben fortalecer sus planes de estudio incorporando de manera transversal temas como ingeniería sostenible, análisis de ciclo de vida (ACV), economía circular y finanzas sostenibles. El objetivo es formar ingenieros capaces de evaluar simultáneamente la rentabilidad económica, el impacto ambiental y el bienestar social de sus decisiones. En un contexto donde la sostenibilidad se ha convertido en un factor estratégico para el desarrollo y la competitividad, la universidad tiene la responsabilidad de formar profesionales comprometidos tanto con la excelencia técnica como con el bien común.
¿Cuáles son las principales barreras que enfrentan los ingenieros peruanos para incorporarcriterios de sostenibilidad en sus proyectos?
Una de las principales barreras para la implementación de tecnologías sostenibles en el Perú sigue siendo la visión financiera de corto plazo presente en muchas organizaciones. Con frecuencia, las gerencias priorizan reducir la inversión inicial (Capex) sin considerar adecuadamente los beneficios operativos y estratégicos de largo plazo (Opex). En ese contexto, muchas soluciones sostenibles, aunque requieren una inversión inicial mayor, terminan generando ahorros significativos, mayor eficiencia y reducción de riesgos en el tiempo. Sin embargo, demostrar ese retorno y lograr que los directorios adopten una visión más estratégica continúa siendo uno de los principales desafíos para la ingeniería y la gestión empresarial.
A ello se suma la informalidad que aún caracteriza a parte del entorno empresarial peruano, así como la limitada existencia de incentivos fiscales y políticas públicas que promuevan la inversión en tecnología verde e innovación sostenible. La ausencia de mecanismos claros de apoyo reduce la capacidad de muchas empresas para apostar por procesos más eficientes y ambientalmente responsables. Por ello, avanzar hacia un modelo de desarrollo más sostenible requiere no solo compromiso del sector privado, sino también un marco estatal que incentive la innovación, facilite la transición tecnológica y fortalezca la competitividad sostenible del país.
¿Cómo deberian las políticas públicas acompañar la transición hacia una ingenieria más sostenible y competitiva?
El Estado debe asumir un rol más estratégico en la promoción del desarrollo sostenible, dejando de actuar únicamente desde una lógica sancionadora para convertirse también en un agente impulsor de la innovación y la transformación productiva. Las políticas públicas deberían orientarse a crear mecanismos de incentivo que fomenten la inversión en tecnologías limpias, energías renovables, eficiencia energética y sistemas de tratamiento de agua. Medidas como beneficios tributarios, depreciación acelerada o facilidades de financiamiento podrían motivar a más empresas a incorporar soluciones sostenibles en sus operaciones.
Asimismo, resulta fundamental fortalecer las políticas de compras públicas sostenibles, estableciendo criterios ambientales, sociales y de gobernanza (ESG) para los proveedores del Estado. De esta manera, el sector público no solo promovería mejores prácticas empresariales, sino que también generaría un efecto multiplicador en el mercado, incentivando a las organizaciones a elevar sus estándares de competitividad, transparencia y sostenibilidad. En un contexto global donde estos criterios son cada vez más relevantes, el Estado tiene la oportunidad de convertirse en un actor clave para acelerar la transición hacia un modelo de desarrollo más responsable y sostenible.
¿Qué mensaje daría a los ingenieros jóvenes en el Día del Ingeniero sobre la importanciade integrar sostenibilidad en su carrera profesional?
Mi mensaje para los jóvenes ingenieros es que la sostenibilidad ya no debe entenderse como un valor agregado o un elemento diferenciador dentro del perfil profesional; hoy representa un estándar fundamental para el ejercicio responsable de la ingeniería.
El futuro de nuestra profesión exige profesionales capaces de integrar innovación, eficiencia y compromiso ambiental en cada decisión técnica. En un contexto marcado por el cambio climático, la escasez de recursos y las crecientes demandas sociales, la ingeniería tiene el desafío de proponer soluciones que generen desarrollo sin comprometer el bienestar de las futuras generaciones.
Actualmente, la pregunta en la ingeniería ya no debería ser únicamente “¿cómo hago esto funcionar?” o “¿cómo reduzco costos?”, sino “¿cómo hago esto más rentable siendo sostenible?”. Esa nueva perspectiva transforma la manera en que diseñamos procesos, utilizamos recursos y tomamos decisiones.
La sostenibilidad ya no debe verse como un gasto adicional, sino como una estrategia capaz de generar eficiencia, innovación, ahorro operativo y valor a largo plazo. Por ello, debe incorporarse desde el inicio de cada proyecto, considerando no solo la rentabilidad económica inmediata, sino también el impacto ambiental y social que tendrá en el futuro.
No vean la sostenibilidad como una limitación para la innovación, sino como el mayor impulso para la creatividad y el pensamiento estratégico. Diseñar procesos más eficientes, optimizar recursos, reducir impactos ambientales y desarrollar tecnologías responsables son algunos de los retos más importantes que enfrenta la ingeniería actual. Ahí es donde realmente se demuestra la capacidad de un ingeniero: en encontrar soluciones viables, sostenibles y humanas frente a problemas complejos.
Como egresada de una universidad con formación humanista, considero que el conocimiento técnico debe ir siempre acompañado de conciencia ética y compromiso social. El Perú necesita ingenieros capaces de liderar proyectos que impulsen el crecimiento económico, pero también de comprender el impacto de sus decisiones en las personas, las comunidades y el entorno. Tienen en sus manos no solo la oportunidad, sino también la responsabilidad de demostrar que el desarrollo del país puede construirse de manera sostenible, inclusiva y respetuosa con el medio ambiente.
Sean profesionales técnicamente sólidos, pero también conscientes de la realidad del país y del papel transformador que puede tener la ingeniería en la sociedad. La verdadera innovación no solo se mide por la tecnología que desarrollamos, sino por la capacidad de generar soluciones que mejoren la calidad de vida de las personas y contribuyan a un futuro más justo y sostenible.









