Según especialistas de la ONU, es clave implementar planes de transición. Solo así, las empresas podrían especificar objetivos que se alineen con la meta general de alcanzar cero emisiones netas y limitar el calentamiento global a 1,5 °C.

Por Stakeholders

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Al menos 5 470 millones de dólares (unos 5 010 millones de euros) es lo que han destinado los 60 bancos con mayores inversiones en combustibles fósiles entre 2016 y 2022. Estas instituciones financieras han llevado a cabo actividades como exploración de petróleo y gas, arenas bituminosas, fracturamiento hidráulico, minería de carbón o centrales eléctricas de carbón.

Estas exorbitantes cifras contradicen la credibilidad de estas organizaciones, ya que, en 2021 las compañías financieras más influyentes a nivel global acordaron transformar el sector bancario para convertirlo en un motor clave para la acción climática, donde se comprometieron en ser empresas cero emisiones netas para 2050, sin embargo, las inversiones que han realizado en combustibles fósiles demuestran que sus declaraciones no van con sus acciones.

Dos tercios de los 25 principales bancos europeos todavía no han puesto límites a las empresas que invierten en la extracción de carbón o la generación de energía mediante el carbón.

Cabe resaltar que, el carbón es responsable del 40 % de todas las emisiones de combustibles fósiles a nivel mundial.

Una reducción optimista. Las tendencias recientes explican que la industria bancaria está reduciendo el uso de los combustibles fósiles: las inversiones de los mismos 60 bancos disminuyeron desde la creación de la GFANZ. En 2022, alcanzaron su punto más bajo, 22 puntos porcentuales por debajo de las inversiones en combustibles fósiles de 2019, antes de la pandemia.

.En esa línea, un cambio progresivo, es la estrategia apoyada por la Alianza Bancaria de Cero Emisiones Netas, que señala que la transición debe implementarse de manera ordenada.

Debe haber un balance entre la sostenibilidad, la asequibilidad y la seguridad energética que requiere una desinversión progresiva. Las políticas de desinversión más estrictas podrían provocar disrupciones en los mercados que afecten a las comunidades más vulnerables, lo que podría impedir una transición justa.

Además, es clave que los bancos apoyen a las empresas con altas emisiones para que las reduzcan. Esas inversiones también podrían llevar a aumentos de eficiencia y, por lo tanto, una extracción o uso más limpios de los combustibles fósiles.

Los bancos y otros actores financieros se están enfrentando al reto de una profunda transformación para la transición energética.

A la actualidad, los rendimientos más bajos de la inversión en proyectos verdes han limitado la expansión de la financiación sostenible. La mejora de la rentabilidad a nivel de proyecto es un desafío clave para que los bancos logren cambiar sus modelos comerciales e incrementar la inversión en la transición a una economía de bajas emisiones de carbono.

Los planes de transición climática pueden llevar a  una transición más acelerada en el sector bancario. Los reguladores y los emisores de estándares han reconocido la importancia de alinear planes de acción a corto y largo plazo para una transición exitosa.

En tanto, el grupo de expertos de alto nivel de la ONU sobre los compromisos de cero emisiones netas de entidades no estatales mencionaron que de implementarse planes de transición las empresas podrían especificar objetivos que se alineen con la meta general de alcanzar cero emisiones netas y limitar el calentamiento global a 1,5 °C.







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