Reducir hasta la mínima expresión las emisiones de gases que están cambiando el clima es el gran reto de la humanidad. Hacerlo sin que se derrumben los cimientos del sistema y del desarrollo alcanzado en las últimas décadas es acaso la tarea más difícil a la que nos hemos enfrentado como especie. 

Hace dos décadas se firmó el primer acuerdo internacional para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, conocido como protocolo de Kioto. Sin embargo, las emisiones han seguido creciendo. 

Según los datos del último informe del panel intergubernamental de expertos en cambio climático (IPCC), en 2019 el mundo emitió un 54 % más de CO2 equivalente que en 1990. De hecho, el 42 % del CO2 de origen humano que hoy está presente en la atmósfera ha sido generado desde 1990.

El documento también señala que el aumento de las emisiones se ha ido ralentizando. Si en la primera década del siglo XXI las emisiones crecieron a un 2,1 % interanual, en la última década lo hicieron al 1,3 %. De acuerdo con el panel de expertos, existen indicios sólidos de que las políticas climáticas y las estrategias de descarbonización y de transición energética están empezando a funcionar.

El exceso de gases de efecto invernadero hace que la atmósfera acumule más energía, las temperaturas medias suban y se produzcan más episodios climáticos extremos. Es decir, desajusta el equilibrio energético del planeta y el resto de los equilibrios medioambientales que dependen de él. Para simplificarlo, los científicos suelen hacer referencia al calentamiento de la Tierra. La temperatura media global es hoy 1,1 °C que en el siglo XIX. El objetivo es no superar la barrera de los 1,5 °C a final de siglo.

Para lograrlo, los expertos coinciden en que se debe la descarbonización de la economía y desacoplarla de los combustibles fósiles. De acuerdo con el Net Zero Economy Index elaborado por la consultora PwC, la tasa mundial de descarbonización en 2020 fue del 2,5 %. 

Esta tasa mide la reducción de emisiones por unidad de PIB. Para limitar la subida de la temperatura a 1,5 °C a final de siglo, la tasa de descarbonización anual debería ser del 12,9 %, según la consultora. Ninguno de los países del G20 ha logrado alcanzar esa cifra individualmente.

“En los últimos 20 años hemos reducido la intensidad de las emisiones. Esto demuestra que ha habido un desacoplamiento entre crecimiento económico y generación de emisiones de CO2, pero se queda corto”, dijo Pablo Bascones, socio responsable de Sostenibilidad y Cambio Climático de PwC.

Para el experto, existen cinco grandes palancas para lograr la descarbonización a nivel mundial:

-Reorientar los flujos de capital. Si la banca y el sector financiero son incentivados para que financien la transición, la economía avanzará en ese sentido.

-Aumentar la innovación y el desarrollo. La tecnología renovable ha avanzado mucho, pero todavía necesitamos resolver temas como el almacenamiento (la eólica y la fotovoltaica no producen electricidad de forma estable) o la captura y el secuestro de carbono, entre otros aspectos.

-Trabajar en un marco regulatorio y fiscal estable, clave para atraer y dirigir las inversiones.

-Apostar por la ciencia, impulsando la elaboración de más estudios tanto sobre las proyecciones del clima como sobre la vulnerabilidad de 

-Apostar por la ciencia, impulsando la elaboración de más estudios tanto sobre las proyecciones del clima como sobre la vulnerabilidad de los ecosistemas y la sociedad.

-Afrontar el debate de que parte de la solución puede enfrentarse a través de los cambios de comportamiento y hábitos de consumo.







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