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El Rin, un río identificado con la prosperidad alemana, sufre los efectos de una sequía que diezma el transporte de mercancías y agrava la crisis energética, mientras en el otro extremo del país se lucha contra una catástrofe plasmada en toneladas de peces muertos flotando sobre el río Oder.

Las imágenes que dejan estos dos grandes ríos a su paso por Alemania, al oeste y al este, son de desolación. El Rin, clave para el transporte de carbón y materias primas, está bajo mínimos y solo navegable con carga reducida -y, por tanto, ruinosa para el sector-.

En el Oder, fronterizo con Polonia, se busca el origen de la muerte masiva de peces que se extendió ya hasta el Báltico. Las hipótesis apuntan a vertidos tóxicos, lo que unido al bajo caudal habría precipitado la catástrofe.

La consecuencia es un encarecimiento del precio del transporte fluvial, lo que en un contexto de inflación y de precios disparados de los carburantes convierte en ruinoso el sector.

Todo ello, en un momento crucial para el transporte de carbón a través del Rin. Se está recurriendo a esta energía fósil -de la que Alemania quería apearse en 2038- para sustituir al gas.

Los suministros a través del gasoducto Nord Stream bajaron al 40 % de su capacidad con el inicio de la guerra de Ucrania y luego descendieron hasta el 20 %-. El propósito del Gobierno de Olaf Scholz es almacenar el gas ruso de cara al invierno.

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Los depósitos están ya al 75 % de su capacidad, que era el objetivo marcado para el 1 de septiembre. El siguiente paso es llegar al 5 % en octubre y del 95 % en diciembre. Hasta entonces, y ante una eventual reducción drástica de los suministros de gas ruso, se recurre al carbón.

La sequía alcanza también prácticamente a toda España. Ocurre lo mismo en países del norte de Europa, donde Reino Unido, Francia o Alemania, recuerda el experto, también están sufriendo déficit de agua, con restricciones, porque sus sistemas no están preparados para soportar tiempos prolongados sin precipitaciones.

Alerta por falta de agua y riesgo en el agro en España

La reserva hídrica española se sitúa en el 39,2 % de la capacidad total de los pantanos, tras doce semanas consecutivas de descensos, aunque es aún del 50 % en la zona septentrional. El agua embalsada era del 47,5 % en el conjunto del país en las mismas fechas de agosto de 2021, y se acercaba al 53 % de media en los últimos cinco años.

Varios de esos pantanos dejan ver ahora «tesoros escondidos», antiguos pueblos, incluso restos arqueológicos de valor que antes quedaban ocultos por el agua.

Algunas localidades han tenido que cortar el suministro intermitentemente o recurren al abastecimiento con cisternas en plena temporada turística, cuando los habitantes se duplican o triplican y el gasto de agua se dispara.

Es el caso de Cumbres Mayores (casi 1.800 vecinos), en la provincia de Huelva (suroeste), que afronta este sábado un corte de 22 horas seguidas.

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En el campo español, la pérdida en cultivos como el arroz, la vid, el olivo o el cereal por efecto de la sequía ha puesto en guardia a los agricultores, que se ven obligados a acometer cambios en la producción ante un futuro incierto debido al cambio climático.

El calor intenso de este verano, con temperaturas de récord superiores a los 40 grados durante muchos días de julio y agosto, y la falta de lluvia han repercutido gravemente en la producción, también por las restricciones para regar.

Temperaturas muy altas, pastos y ambiente superseco, rayos y vientos fuertes han favorecido una ola de incendios catastróficos en España, que han quemado 222.000 hectáreas forestales entre enero y julio.

Es el 38,5 % del total ardido en Europa, según datos del organismo europeo EFFIS, basados en imágenes de satélite. Esto confirma que España se enfrenta a la peor temporada de incendios de la serie histórica del Sistema Europeo de Información sobre Incendios Forestales, iniciada en 2006.







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