Los incendios forestales que afectan a distintas regiones del Perú han dejado víctimas mortales, miles de hectáreas de vegetación destruidas y comunidades expuestas al avance de las llamas. La emergencia también ha puesto en evidencia las limitaciones del Estado para prevenir estos eventos y responder de manera coordinada, así como la ausencia de una política integral que regule el uso del fuego y reduzca sus impactos sobre los ecosistemas y la población.
Según el reporte del Centro de Operaciones de Emergencia Nacional (COEN), con información hasta el 17 de octubre de 2026, el país registraba 34 incendios forestales en diez regiones. De ese total, 19 permanecían activos y 15 figuraban como controlados. Además, el fuego había destruido alrededor de 11.700 hectáreas de cobertura natural. El jefe del Instituto Nacional de Defensa Civil (Indeci), Luis Vásquez Guerrero, informó a Mongabay Latam que la emergencia había causado 12 muertes y dejado a 832 personas con quemaduras.
Incendios forestales arrasan bosques y comunidades
La selva central figura entre las zonas más afectadas. En el distrito de Río Tambo, provincia de Satipo, en Junín, los incendios avanzaron durante más de dos semanas y destruyeron bosques, cultivos y viviendas. Julio Acosta, director de datos forestales de la organización Cool Earth Perú, advirtió que el fuego había arrasado más de 1.300 hectáreas en los primeros días de la emergencia.
Según un informe del citado medio , la superficie de bosque perdida en Río Tambo había aumentado a 2.500 hectáreas. Varias comunidades nativas sufrieron las consecuencias, especialmente Cutivireni, donde bomberos y brigadistas comunitarios intentaron contener las llamas.
La respuesta también evidenció la falta de recursos y de personal para sostener las labores de emergencia. Acosta describió las dificultades que enfrentaron quienes combatían el fuego en la zona.
“Los bomberos se han tenido que retirar por agotamiento. No se les dio el relevo que ellos habían requerido”, señaló el especialista. Según explicó, después de más de una semana de incendios, los pobladores solicitaron apoyo al gobierno regional, mientras la municipalidad distrital asumía gran parte de la atención.
Los daños también alcanzaron ecosistemas de alto valor ambiental. Acosta advirtió que las llamas consumían bosques amazónicos ubicados en la zona de amortiguamiento de la Reserva Comunal Asháninka y dentro de la Reserva de Biósfera Avira-Vraem, reconocida por la Unesco.
En Cusco, Marlene Mamani, especialista en Restauración Andina y Relaciones Comunitarias de Conservación Amazónica (ACCA), identificó las provincias de Espinar, Calca y La Convención entre las más afectadas. En Calca, algunos incendios se prolongaron durante una semana.
Áreas naturales protegidas también están en riesgo
Los incendios no se limitan a los territorios agrícolas o las zonas habitadas. También han alcanzado áreas naturales protegidas, donde amenazan hábitats y especies de flora y fauna silvestre.
De acuerdo con información del Servicio Nacional de Áreas Naturales Protegidas por el Estado (Sernanp), hasta la primera semana de octubre de 2026, 56 incendios forestales habían afectado 20 áreas naturales protegidas. De ellos, 43 ocurrieron dentro de las zonas núcleo y otros 13 en zonas de amortiguamiento. La superficie dañada alcanzaba aproximadamente 2.000 hectáreas.
Entre los espacios afectados figuran el Parque Nacional Huascarán, la Reserva Comunal Asháninka, el Santuario Histórico de Machupicchu, el Parque Nacional del Manu y la Reserva Nacional Tambopata. También se reportaron daños en la Reserva Nacional del Titicaca, donde un incendio ocurrido el 20 de octubre arrasó totorales cercanos a las islas flotantes de los uros.
Los ecosistemas afectados incluyen pajonales y matorrales altoandinos, bosques montanos de yunga, bofedales y bosques amazónicos. La pérdida de vegetación no solo reduce el hábitat disponible para distintas especies, sino que también puede alterar procesos naturales esenciales, como la retención de humedad y la infiltración del agua en el suelo.
Mamani advirtió que la presencia del llamado pasto gordura, una especie africana introducida en La Convención, dificulta el control de algunos incendios. Esta planta contiene sustancias grasas que favorecen la propagación del fuego y, según la especialista, ni siquiera resulta atractiva para el ganado.
La pérdida de cobertura vegetal también incrementa la erosión del suelo en los Andes. Cuando desaparece la vegetación, disminuye la capacidad del terreno para favorecer la infiltración del agua procedente de las lluvias, la nieve y el deshielo. “Esto también afecta la parte baja de la selva porque estamos interconectados”, explicó Mamani.
La fauna silvestre, una de las grandes olvidadas
Los incendios forestales también provocan daños que no siempre aparecen en los balances de emergencia: la muerte de animales, la destrucción de sus refugios y la pérdida de fuentes de alimento y agua.
Luis Zari, especialista en derecho ambiental, cuestionó la falta de protocolos específicos para atender a la fauna silvestre durante estas emergencias.
“Cuando hablamos de respuestas en incendios forestales, o en general en desastres, no mencionamos a la fauna silvestre. No tenemos centros de rescate, no tenemos protocolos de atención para fauna silvestre, ni protocolos de manipulación vinculados al bienestar animal cuando hay incendios”, advirtió.
El especialista recordó que los incendios de 2024 afectaron a aves, primates e insectos, incluidos ejemplares que todavía no habían sido descritos por la ciencia. Para Zari, el impacto sobre los ecosistemas puede ser muy elevado, especialmente cuando los animales sobreviven a las llamas, pero quedan heridos.
José Luis Capella, director del Programa Bosques y Servicios Ecosistémicos de la Sociedad Peruana de Derecho Ambiental (SPDA), coincidió en que el país necesita fortalecer las medidas de protección de la fauna durante las emergencias. Entre las propuestas figuran establecer centros de rescate administrados por el Estado, incorporar guardafaunas y mejorar las herramientas administrativas para sancionar los actos de crueldad contra animales silvestres.
Acosta añadió que los ejemplares que sobreviven al fuego también sufren las consecuencias de perder sus espacios naturales. “Pierden su hábitat, su fuente de agua, su refugio y sus nidos, si pensamos en aves”, explicó.
¿Por qué se producen los incendios forestales en Perú?
La mayoría de los incendios forestales tiene origen humano, según Acosta. Entre las causas figuran las quemas agrícolas que se salen de control y los fuegos provocados intencionalmente para transformar terrenos, instalar cultivos ilícitos o facilitar el tráfico de tierras.
A estos factores se suman las condiciones ambientales. El aumento de las temperaturas, los cambios en los patrones de lluvia y las sequías dejan la vegetación más vulnerable a la propagación de las llamas. Acosta señaló que la falta de precipitaciones en los Andes y la Amazonía, asociada al escenario climático de este año, agrava el riesgo.
Sin embargo, los especialistas advierten que no todas las quemas tienen la misma finalidad ni deben abordarse de idéntica manera. Capella sostuvo que es necesario distinguir entre una quema agrícola planificada y un incendio que se descontrola, así como diferenciar las prácticas tradicionales que ocasionan daños de las acciones deliberadas para destruir vegetación o ampliar ilegalmente la frontera agrícola.
“No se trata de permitir las quemas sin restricciones, sino de contar con reglas y mecanismos operativos que permitan prevenir los riesgos, establecer cuándo y bajo qué condiciones puede manejarse el fuego, brindar asistencia técnica a los agricultores y sancionar las conductas que correspondan”, afirmó el especialista.
Perú necesita una política integral de manejo del fuego
Aunque el país cuenta con un Plan Multisectorial ante Incendios Forestales para el periodo 2025 a 2027, los especialistas consideran que este instrumento no resuelve el problema de fondo. El plan busca coordinar acciones de prevención, respuesta y fortalecimiento de capacidades, pero todavía no establece una política integral sobre el uso del fuego.
El presupuesto asignado, según Mongabay Latam, para 2025 ascendió a S/ 7.464.545, aproximadamente US$ 2,2 millones, distribuidos entre ocho entidades públicas. Zari señaló que el plan intenta ordenar las competencias de los distintos sectores, pero no aborda de manera integral las dimensiones ecológicas, sociales, culturales y productivas del fuego.
“Por el nivel de incendios que se ve actualmente, pareciera que no ha habido ninguna prevención”, cuestionó el especialista.
Para Capella, el manejo integral del fuego implica mucho más que apagar las llamas cuando comienza una emergencia. “El manejo integral del fuego es un enfoque que busca comprender y gestionar el fuego en todas sus dimensiones: ecológicas, sociales, culturales y productivas. No se limita a apagar incendios, sino que busca evitar que se produzcan, reducir su propagación y sus impactos, y recuperar los territorios afectados”, explicó.
Este enfoque requiere combinar monitoreo satelital, información científica, conocimientos de las comunidades, capacitación, asistencia técnica para agricultores, brigadas especializadas y protocolos de respuesta. También demanda una mejor coordinación entre las entidades públicas responsables de la prevención y el combate de incendios.
El Sernanp informó que cuenta con 850 combatientes especializados en incendios forestales a nivel nacional, además de equipos de protección y herramientas para atender emergencias dentro de las áreas naturales protegidas. La institución también señaló que trabaja con comunidades locales, gobiernos regionales y otras entidades para organizar brigadas de apoyo.
En paralelo, las organizaciones locales impulsan iniciativas de prevención y respuesta. En Cusco funciona una mesa técnica con participación de instituciones públicas, sociedad civil y comunidades campesinas. En la selva central, la Central Asháninka del Río Ene promueve el proyecto Paamari, que busca prevenir y combatir incendios forestales con participación comunitaria.
La emergencia, sin embargo, continúa planteando un desafío nacional. Mientras el fuego destruye bosques, áreas agrícolas y hábitats naturales, los especialistas insisten en que la respuesta no puede limitarse a atender cada incendio por separado. El país necesita una estrategia que permita prevenir las quemas fuera de control, regular el uso del fuego y proteger a las comunidades y los ecosistemas antes de que ocurra una nueva emergencia.









